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Una de las tallas que se exponen en la Agrupación de Cofradías, obra de José Cano. R. Rodríguez Una exposición recrea cómo pudo ser la destrucción de imágenes en los años 30 del siglo pasadoLa sala temporal de la Agrupación de Cofradías acoge una muestra del escultor José Cano con obras que dialogan entre sí para construir un relato visual en torno a la pérdida del patrimonio imaginero en 1931
Málaga
Viernes, 27 de febrero 2026, 11:22
... conventos, que afectó, sobremanera, a edificios religiosos, documentos y piezas patrimoniales, entre ellas, muchas de las imágenes procesionales y de culto interno de la ciudad. No cabe duda de que aquellos sucesos supusieron una herida profunda en el legado artístico y devocional de la Semana Santa malagueña. Precisamente desde esa evocación, aunque con un trasfondo más profundo, se ha presentado 'Entre la brisa y el llanto', la nueva exposición organizada por la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga a través de su Área de Cultura, que podrá visitarse esta Cuaresma, del 26 de febrero al 27 de marzo, en la sala de exposiciones temporales de la sede agrupacionista, situada en Muro de San Julián.La muestra reúne un total de nueve piezas escultóricas, realizadas en terracota policromada, principalmente, además de otras alegóricas, y se presenta como un proyecto multidisciplinar que trasciende la mera exhibición de imágenes procesionales. Así, junto a esculturas de bulto redondo, el visitante encuentra instalaciones y obras de menor formato que dialogan entre sí para construir un relato visual en torno a la pérdida, la reconstrucción y la identidad artística de la escuela malagueña de imaginería.
Nada más entrar en la sala, el espectador se topa con fotografías antiguas de imágenes ya destruidas, como las primitivas de Jesús El Rico, el Señor de los Pasos en el Monte Calvario o la Virgen de las Lágrimas de los Mártires, además de la Dolorosa de la Esperanza, que sí fue salvada de las llamas del templo de Santo Domingo. Esa primera impresión sitúa al visitante ante el alcance real de la tragedia patrimonial antes de adentrarse en la reinterpretación escultórica.
Precisamente una recreación del busto de la Virgen de las Lágrimas, del genial Pedro de Mena, salvajemente dañada, es la primera escultura que se encuentra el visitante, que, a veces, llega a confundir con la Esperanza, como reconoce su autor, José Cano, quien comenta que esta efigie supuso su trabajo fin de ciclo formativo y deja claro que en ningún momento ha intentado copiar una pieza, sino que, en algunos caso, hace una libre interpretación y en otras, son creaciones propias basadas en la estatuaria barroca malagueña.
Una recreación del busto de la Virgen de las Lágrimas, del genial Pedro de Mena, salvajemente dañada, es la primera escultura que se encuentra el visitante
El rostro de esta Dolorosa aparece cuarteado, con profundas grietas, sin nariz y con un ojo menos, como si la violencia hubiese detenido el tiempo en un gesto de dolor incompleto. El artista insiste en que no se trata de una copia de la talla de Mena, una de las Dolorosas más valiosas de las que se veneraron en Málaga y de extraordinaria belleza, sino de una evocación figurada de lo que pudo quedar tras los asaltos y los incendios.
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El escultor, José Cano, junto a una de sus Dolorosas imaginada tras los sucesos de 1931. R. RodríguezEn el recorrido por la exposición, tampoco falta una recreación del antiguo sayón Berruguita del grupo escultórico del Señor de la Puente, del escultor decimonónico Salvador Gutiérrez de León, pero calcinado, dispuesto junto a una talla que podría remitir a la Virgen de Belén, de Pedro de Mena, de la iglesia de Santo Domingo, destruida aquel 11 de mayo de 1931, pero que en esta ocasión se muestra sin daños. Ambas piezas dialogan con la memoria de los templos devastados y con la pérdida irreparable de parte del patrimonio imaginero malagueño. Sin embargo, una de las obras que más impacta es la representación de la Virgen de Consolación y Lágrimas, titular de la Archicofradía de la Sangre, tirada en el suelo y sin mascarilla. La imagen, que intuye tener los ojos llorosos, bien podía ser la Dolorosa de Consolación y Lágrimas cuando fue arrastrada y duramente golpeada desde su altar de la desaparecida iglesia de la Merced, su antigua sede, hasta la plaza del Teatro Cervantes. La ausencia de la mascarilla deja al descubierto un una cabeza sin rostro, pero del que brotan lágrimas.
«Esta pieza, que podría ser la Virgen de Consolación y Lágrimas cuando la destruyeron, desarrolla todo el tema sobre las relaciones entre las personas y las imágenes», explica a SUR José Cano. «Al fin y al cabo es identidad en la Semana Santa y cómo se comporta este evento durante todo el año y con la ciudad, porque Málaga, por ejemplo, se entiende con el Cautivo y el Cautivo no se entendería sin Málaga», comenta el artista del barrio de Arroyo de los Ángeles.
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Obra de una Dolorosa destruida que recrea a la Virgen de Consolación y Lágrimas tras el asalto. R. RodríguezEn esta misma pieza, José Cano profundiza en esa dimensión íntima al aludir a la figura de Antonio Baena, el primer presidente de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa y gran devoto y propietario de esta Dolorosa hasta que la entregó a su hermandad, la Sangre. «Hablo un poco sobre la relación de Antonio Baena con la Virgen de Consolación y Lágrimas, porque él fue el enamorado de esa Virgen», señala, al tiempo que advierte que Baena está representado en esta obra en un pequeño pájaro que también llora. «Tienes que acercarte para ver la lagrimita, pero este pajarito es él simbólicamente, porque fue fusilado en la guerra civil», recuerda.
Antonio Baena, primer presidente de la Agrupación y fusilado en la guerra civil, está representado en un pequeño pájaro que también llora, como la Virgen de Consolación y Lágrimas
Para Cano, la escena no se limita al hecho histórico, sino que aborda vínculos emocionales profundos. Y es que, como advierte el escultor, «como estamos hablando de relaciones tan íntimas y que no es algo meramente superficial, desde el rostro –sin mascarilla y advirtiéndose la madera– brotan lágrimas aunque no siga la configuración de la cara», afirma.
Otra piezas
La exposición 'Entre la brisa y el llanto. Mayo de 1931, 95 años después', incorpora además otras piezas escultóricas de menor tamaño mezcladas con cardos, en alusión al patrimonio desaparecido que fue guardado en casas particulares y nunca más regresó a sus templos, así como un relicario que dignifica las piezas perdidas. Son obras conceptuales que amplían el discurso hacia la memoria de la Málaga de hace casi un siglo y la identidad fracturada tras la ola de violencia anticlerical que avivó la destrucción de grandes obras sacras.
«También hablo tanto de la pérdida de identidad con la Semana Santa como de la pérdida en todos los sentidos durante la quema de conventos y la guerra civil española», declara el artista, que, pese a su juventud, reconoce que la inquietud le nació de una profunda curiosidad histórica. «Esto empecé a madurarlo desde el Covid, porque siempre me han interesado las fotos antiguas de Málaga. La ciudad ha cambiado mucho desde la década de los años 20 y siempre me ha parecido muy interesante esa información fotográfica y escrita y cómo puede transformar tanto una ciudad algo como la guerra o la destrucción de los bienes de la Iglesia», apostilla.
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Recreación del antiguo Berruguita y la Virgen de Belén de Santo Domingo. R. RodríguezA sus 22 años y con apenas uno dedicado al oficio de escultor, José Cano evidencia una notable madurez técnica y conceptual muy a tener en cuenta. Formado en Reproducciones Artísticas en Madera en la Escuela de Arte San Telmo, donde también estudió dorado, plateado y policromía, asegura que su vocación responde a una necesidad interior. «Me dedico a la escultura porque me llena», subraya el joven artista, quien reconoce la influencia decisiva de su entorno académico, en especial a su profesora Capilla López, «a la que le debo muchísimo, porque ella ha sido todo un apoyo y un referente para mí», resalta con orgullo, al tiempo que invita a los cofrades a visitar esta muestra como un ejercicio de memoria y reflexión, y como acercamiento a una Semana Santa que ya no existe, pero cuya esencia se deja sentir en esta exposición a través del arte contemporáneo y del diálogo entre pasado y presente.
'Entre la brisa y el llanto', la propuesta expositiva cuaresmal de la Agrupación de Cofradías, podrá visitarse, con entrada libre, de lunes a viernes, de 17.30 a 20.30 horas, y los sábados, de 11 a 14 horas y de 17.30 a 20.30 horas, incluido este 28 de febrero festivo por el Día de Andalucía, mientras que para el Viernes de Dolores habrá un horario especial de 11 a 14 horas y de 17.30 a 20.30 horas.
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