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Una final de Copa abierta

Una final de Copa abierta
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Sin favoritos y con el recuerdo de 1987, Real Sociedad y Atlético afrontan un duelo que puede decidirse en cualquier detalle

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Diego Pablo Smeone y Pellegrino Matarazzo. Efe Final Una final de Copa abierta

Sin favoritos y con el recuerdo de 1987, Real Sociedad y Atlético afrontan un duelo que puede decidirse en cualquier detalle

Javier Varela

Enviado especial a Sevilla

Viernes, 17 de abril 2026, 11:01 | Actualizado 11:20h.

... Atlético de Madrid vuelven a mirarse en ese espejo frágil que es una final casi cuatro décadas después, con el reflejo inevitable de la Copa del Rey de 1987. Roberto López Ufarte y Juanjo Rubio, goleadores en aquella cita en La Romareda, reconstruyen ese partido como si aún quedaran restos de césped en las botas. Y desde ese recuerdo, proyectan la final de este sábado en Sevilla, en La Cartuja: otra cita sin favoritos, otro pulso en el alambre.

Para Juanjo Rubio, autor del empate en la segunda parte de aquella final -tras los goles de Da Silva y Begiristain, el relato es menos lírico y más físico: «Fue un toma y daca constante». En la primera parte asistió a Da Silva y en la segunda «marqué un gol», pero mantiene muy presente una queja que el tiempo no ha borrado: «Un penalti a Julio Prieto que no nos pitaron antes de acabar». Luego, la prórroga, el calor, el desgaste. Y los penaltis, claro. «Ya sabes lo que son», dice, como si en esa frase cupiera toda la incertidumbre del fútbol.

«En una final no hay favoritos»

Ambos coinciden en el diagnóstico: aquella final fue un equilibrio inestable, y la de este sábado amenaza con serlo también. «En una final no hay favoritos», insiste López Ufarte, aunque concede una ligera ventaja al Atlético por su momento competitivo. Rubio lo formula de otro modo: «Va a estar en un hilo». La diferencia, quizá, está en el contexto: la Real ha tenido una semana limpia para prepararla, mientras el Atlético llega con la carga física -y la inercia emocional- de la Champions. «que lleve desde el sábado preparando la final le da cierta ventaja a la Real», pero eso tampoco «asegura que vayas a ganar», advierte López Ufarte. «Físicamente es un plus el que tiene la Real», coincide Rubio, pero le añade el componente emocional «tras el subidón de meterse en semifinales de la Champions».

De la portería al gol

En la portería, el dilema es doble. En San Sebastián, la duda entre continuidad y jerarquía; en Madrid, entre presente y confianza. López Ufarte no lo reduce a nombres a la hora de hablar de quién debe ocupar la portería en el equipo 'txuriurdin': Remiro o Marrero: «En una final no se trata de premiar, se trata de ganarla». Rubio, en cambio, señala el estado de forma para decidir quién debe ser titular en los rojiblancos. «Musso se ha ganado la titularidad», aunque recuerda que la competencia interna también es una fortaleza. Dos porterías fiables para un partido que, si se alarga, puede volver a decidirse desde los once metros, como en 1987, cuando Luis Arconada inclinó la balanza.

La defensa aparece como una de las grietas potenciales del partido. La Real llega con dudas físicas y rotaciones forzadas. «Han tenido problemas atrás y tienen que cuidar los detalles», advierte López Ufarte, que, sin embargo, subraya la virtud colectiva: jugadores que antes no contaban «ahora rinden como titulares». En el Atlético, la lectura es opuesta: «una defensa fuerte, intensa, difícil de superar». Rubio añade matices desde la enfermería: la posible vuelta de piezas clave puede equilibrar un sector castigado por el calendario como Pubill y Hancko, que anda entre algodones.

Arriba, la Real se reconoce en una figura, Mikel Oyarzabal: «Si no mete goles, trabaja», resume López Ufarte, mientras que Rubio describe un abanico con Julián, Sorloth, Lookman: «Lo importante es tener gente válida para rotar»

En el centro del campo se abre el terreno de la interpretación. López Ufarte apuesta por la estructura: tres o cuatro hombres, riesgo o control. «Dependerá de cómo quiera jugar», dice sobre el técnico realista, convencido de que el equilibrio pasa por dominar esa zona. Rubio, en cambio, baja al detalle los nombres y las funciones. Koke como faro, pero con el desgaste acumulado; la exigencia del «paso al frente» de Cardoso; la irrupción de Antoine Griezmann como organizador total, capaz de ser delantero y centrocampista en la misma jugada; y la versatilidad de Marcos Llorente, ese futbolista que «convierte cualquier posición en una extensión de su energía».

Arriba, la Real se reconoce en una figura: Mikel Oyarzabal. «Si no mete goles, trabaja», resume López Ufarte, como si definiera una ética más que un rol. El ataque, sin embargo, no es solo suyo: depende de los extremos «con Kubo, Barrene o Guedes», del uno contra uno, de la capacidad de generar superioridades desde fuera hacia dentro. En el Atlético, Rubio describe un abanico: Julián, Sorloth, Lookman. «Lo importante es tener gente válida para rotar», explica, en una defensa implícita de las plantillas largas como condición necesaria para competir por títulos.

Duelo de los banquillos

En los banquillos habrá un duelo de dos formas de entender el oficio. López Ufarte habla de su técnico - Rino Materazzo- con una mezcla de ironía y reconocimiento: resultados inesperados al principio, pero también una gestión del grupo que ha devuelto protagonismo a los olvidados. «El jugador, aunque esté en el banquillo, se siente titular», un sentimiento que se ha convertido en una fortaleza. Sobre Diego Simeone, en cambio, no hay necesidad de explicación: «Su Atlético es reconocible, competitivo, moldeado a imagen de su entrenador».

Aunque cada final es diferente y no entiende de lógica, la clave, como siempre, se escapa de las pizarras. López Ufarte la sitúa en las bandas y en el control del centro del campo; también en la amenaza silenciosa de Griezmann, «un jugador que siempre hace cosas impresionantes». Rubio la reduce a un estado mental: «Tranquilidad, sosiego, no precipitarse». Tres palabras fundamentales para afrontar una final y las diferentes circunstancias que vayan sucediendo con el paso de los minutos. Dos maneras de decir lo mismo: que las finales se juegan tanto en la cabeza como en los pies.

Quizá por eso la final de 1987 sigue presente. Más allá del resultado, dejó una certeza compartida: que en estos partidos el margen es mínimo. La Cartuja busca nuevo rey de copas en una final abierta. Para el Atlético sería su undécimo título y para la Real su cuarto.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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