El 'Neustrashimy' realizó disparos durante 30 minutos a 75 kilómetros de la costa británica mientras el nuevo primer ministro tomaba posesión de su cargo en Londres
Regala esta noticia Añádenos en Google Un destructor de la Armada Real británica llega a Londres. (EFE)Miguel Pérez
21/07/2026 a las 15:04h.La fragata 'Neustrashimy', perteneciente a la Armada rusa, realizó un ejercicio de artillería a unos 75 kilómetros al sur de Plymouth mientras era escoltada por ... un navío de guerra británico. El entrenamiento duró treinta minutos y se produjo el lunes justo cuando el laborista Andy Burnham estrenaba su cargo como primer ministro del Reino Unido en sustitución de Keir Starmer. Expertos en defensa han calificado las acciones del navío ruso como «sumamente inusuales» y sospechan que es la forma que tiene el Kremlin de desafiar al nuevo inquilino del número 10 de Downing Street.
El barco, cuyo nombre podría traducirse por 'Intrépido', pertenece a la Flota del Báltico y lleva en servicio 33 años, aunque entre 2021 y 2023 fue sometido a una profunda reforma tecnológica. De 130 metros de eslora, cuenta con un cañón de 100 milímetros, misiles de crucero antibuque, torpedos y un completo sistema de ametralladoras de defensa antiaérea, que convierte en muy compleja cualquier decisión de atacarlo desde el aire. A bordo lleva 200 tripulantes. Es un navío equipado específicamente para la guerra robótica: incorpora aviones no tripulados antidrones y dispositivos de interferencia electrónica.
El Ministerio de Defensa británico ha informado de que la Armada Real «continúa vigilando de cerca la actividad del buque y está preparada para proteger la seguridad nacional del Reino Unido», en caso de que fuera necesario. La fragata rusa se mueve alrededor del Canal de la Mancha y sus evoluciones también han sido controladas por aviones militares franceses. El 'HMS Tyne' que la ha escoltado hasta ahora es un veterano en estas funciones. Hace tres meses persiguió a un mercante de la flota fantasma rusa y al buque anfibio 'Aleksandr Shabalin' mientras transitaban por el canal. 'El Aleksandr Shabalin' es un viejo conocido de España ya que años antes de la invasión de Ucrania solía atracar en Ceuta para reabastecerse de combustible.
La presencia de barcos de guerra rusos en aguas británicas se ha vuelto común este año. De hecho, el 'Neustrashimy' sustituyó a principios de julio al 'Admiral Grigorovich' después de que éste permaneciera casi cuatro meses en misión de vigilancia y escolta entre el canal y el mar del Norte. Esta fragata se hizo conocida el pasado junio por disparar varios tiros de advertencia contra un yate ocupado por una pareja que se acercó a su rumbo. Los tripulantes lanzaron bengales de aviso y terminaron abriendo fuego con fusiles alrededor de la embarcación de recreo para que se mantuviera lejos de su trayectoria. Todo hay que decirlo, la pareja de jubilados se lo tomó como un lance náutico más.
Sin embargo, el Gobierno británico se toma con bastante preocupación las incursiones de los navíos de guerra rusos dentro de su área de influencia. Aparecen con fines aparentes de escolta a los mercantes y petroleros fantasma para que no sean interceptados en su camino al Atlántico, pero las agencias occidentales de seguridad creen que cada vez cobran más importancia las labores de espionaje sobre tendidos sensibles submarinos.
El escenario se ha ido tensando desde el año pasado. Franceses y británicos han detenido varios barcos clandestinos y bajo sanción que transportaban mercancías y crudo rusos. El Kremlin ha desplegado en paralelo unidades bélicas y ha aumentado los gestos amenazantes, como la orden impartida el pasado mayo al destructor 'Severomorsk' de fondear en el mar Báltico frente a la isla de Fehmarn y la costa de Alemania.
Los gobiernos occidentales consideran que estas acciones, aparte del efecto psicológico de intimidación sobre los europeos, tienen otras consecuencias prácticas: evaluar las reacciones de la flota de la OTAN y mantener ocupados a las armadas y los sistemas de vigilancia del Viejo Continente. La Alianza está convencida de que algunos buques sirven de plataforma además a los drones anónimos que frecuentemente disparan las alarmas del espacio aéreo europeo.
Dada esa presumible situación de asedio, ¿por qué los británicos no denegaron al 'Neustrashimy' el ejercicio de tiro? Simplemente, porque no infringía la ley. Un entrenamiento naval con fuego real en aguas internacionales entra dentro de lo permitido siempre que haya sido notificado (como hizo el comandante con la patrullera inglesa) y se tomen las medidas de seguridad pertinentes, entre ellas comprobar que no hay otros barcos dentro de su radio.
Incluso así, el Gobierno británico considera extraña esta maniobra de la fragata, ya que lo normal es que se avise con más antelación de estos operativos y que se realicen a mayor distancia de las aguas territoriales de un país. El Canal de la Mancha registra un elevado tráfico comercial y no es un lugar donde resulten frecuentes los ejercicios con fuego real individuales como el del lunes, aunque tampoco es un paso desconocido para la flota rusa y sus misteriosas operaciones. En 2024 despertaron especial alarma las prácticas de tiro del 'Almirante Golovko', una fragata que llevaba a bordo misiles hipersónicos Zirkon, que partió especificamente desde un puerto ruso hasta el Atlántico para realizar un entrenamiento de defensa contra drones marítimos y aéreos.
Londres considera que los disparos del 'Neustrashimy' forman parte del juego geoestratégico de acciones desafiantes que Rusia mantiene con Europa desde el año pasado y representan una advertencia a Andy Burnham y su secretario de defensa, Wes Streeting. «Es muy posible que el Kremlin haya querido medir la reacción del nuevo primer ministro ante una provocación», sostienen medios londineses, según los cuales, Burnham celebró varios encuentros con los altos mandos militares y del Ministerio de Defensa antes de llegar a Downing Street.
Una tensa relación
Vladimir Putin ha tenido una muy tensa relación con el anterior 'premier', Keir Starmer. En unas declaraciones groseras le calificó a él y otros líderes occidentales de «cerdito» y, en tono más amenazador, recordó que el Reino Unido está a tiro de los misiles rusos. Starmer, por su parte, ha acusado en repetidas ocasiones al jefe del Kremlin de ser el único responsable de la guerra en Ucrania y, a efectos prácticos, ordenó seguimientos a la flota fantasma. El ya exdirigente laborista cerró su periplo político con una simbólica visita a Kiev la semana pasada.
Su sustituto, Andy Burnham, es un político con claras aspiraciones de reformar la política interior británica, pero se ha dado de bruces con la exterior. Una de las primeras llamadas que recibió tras tomar posesión del cargo fue la del canciller alemán, Friedrich Merz, con quien convino en mantener la ayuda a Ucrania, el grupo de reunión E3 (un formato entre el Reino Unido, Alemania y Francia muy volcado en defensa y seguridad) y el proyecto conjunto para desarrollar un nuevo misil de precisión de altas capacidades, destinado al rearme de Europa.
Merz está muy interesado en ampliar y consolidar las alianzas estratégicas en materia militar, acorde a la formidable inversión que su gabinete prevé en defensa: 149.900 millones de euros durante 2028 y otros 158.900 millones en el ejercicio siguiente, El canciller refrendó recientemente con el presidente galo, Emmanuel Macron, su adhesión al paraguas nuclear y con Burnham ha confirmado ahora la vigencia de tratados tan valiosos como el de ayuda militar mutua que firmó con Keir Starmer en 2025, el más importante alcanzado entre los dos países desde la Segunda Guerra Mundial.
El 'premier' también ha celebrado otra conversación con el presidente de EE UU, quien en las últimas semanas se especializó en denostar a Starmer por su apoyo logístico únicamente parcial en la guerra contra Irán. Donald Trump informó de que la llamada «se desarrolló muy bien». Salió satisfecho. Y, en efecto, el republicano no perdió el tiempo. Instó a Burnham a abordar cuanto antes la explotación de yacimientos petrolíferos y de gas en el mar del Norte, le reclamó el derribo de las torres eólicas situadas frente a su campo de golf en Aberdeen (el magnate siempre ha dicho que le estropean las vistas) y sacó a colación la cooperación militar entre Londres y Washington. Los dos dirigentes se reuniran «en un futuro próximo», avanzó Trump.
Burnham tiene un difícil papel en este asunto, que incluso puede desviarle de su pretensión inmediata de concentrar los esfuerzos en la agenda domésrica. Starmer solo autorizó a EE UU el respaldo de las bases británicas para operaciones defensivas frente a las fuerzas iraníes, lo que causó un tremendo enfado a Trump. El nuevo primer ministro británico posiblemente se enfrentará ahora a una solicitud de libertad total de uso por parte de Washington.
Estados Unidos se asoma rápidamente a una guerra abierta con Irán y ha anunciado que en ese caso sus cazas dispararán contra infrestructuras civiles. De hecho, ya lo están haciendo. Este tipo de operaciones excede los permisos que en su momento estableció Starmer, de modo que su sucesor debe calibrar ahora hasta qué límites está dispuesto a llegar con Trump.
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