La mujer —que durante meses se hizo pasar por menor dentro de un centro de protección en Lanzarote— camina por una calle de Arrecife junto a dos jóvenes en una de las imágenes incorporadas al informe policial. Cedida.
Reportajes INVESTIGACIÓN Una guineana de 32 años y 1,47 se hizo pasar por 'mena' en Lanzarote y engañó a 13 niñas para prostituirlas en FranciaBurló los filtros al ser considerada "menor evidente". Tras ganar la confianza del grupo, fue sacando a las niñas del centro durante meses sin levantar sospechas hasta dejarlo vacío; organizando sus marchas a Europa con documentos falsos.
Otras historias:España abre en Mauritania dos centros para retener migrantes similares a los que rechaza en la UE.
Julio César Ruiz Aguilar Publicada 12 abril 2026 00:53hEn el teléfono móvil de la mujer detenida hay un mensaje que los investigadores leen varias veces antes de asumir que no es una exageración: "Ya he vaciado el centro de niñas". No está escrito con urgencia ni con euforia; es una frase más dentro de una conversación operativa, como quien cierra una tarea.
Para entonces, trece menores tuteladas han desaparecido de un centro de protección en Lanzarote. No han salido juntas ni de forma violenta. Han ido desapareciendo durante meses, poco a poco, una a una, sin dejar rastro. La mujer que lo organizó vivía con ellas. Dormía en una habitación del mismo recurso. Pero tenía 32 años: había entrado en el centro haciéndose pasar por menor.
El caso, reconstruido por EL ESPAÑOL a partir de fuentes directas de la investigación y de otras cercanas, empieza en el momento más frágil de todo el sistema: el desembarco de un cayuco en Lanzarote.
Exterior de la Comisaría de la Policía Nacional de Arrecife, este jueves. Julio César R. A.
En Canarias, cuando una embarcación de este tipo toca tierra, los agentes de la Policía Nacional deben separar en pocos minutos a los adultos de los menores. Esa decisión determina todo lo que viene después.
'Menor evidente'
Existe una categoría operativa —"menor evidente"— que permite agilizar el proceso cuando la apariencia física no deja dudas. Está pensada para niños. No exige pruebas médicas inmediatas. "Si parece claro, se actúa rápido", explican fuentes policiales.
En este caso, no lo era. La mujer, de origen guineano, con enanismo y una estatura que no superaba el metro y medio, pasó ese primer filtro sin ser sometida a pruebas de determinación de edad. No hubo radiografía ósea ni evaluación forense.
Fuentes del Instituto de Medicina Legal de Las Palmas consultadas por este periódico reconocen que el caso resulta "sorprendente", pero sitúan el foco en el momento inicial de la identificación, no en un fallo del sistema forense.
"No sé por qué se le dio como menor evidente", señalan, en referencia a la primera valoración realizada a pie de muelle. Aun así, rebajan la posibilidad de una negligencia policial.
"Hay situaciones de muchas prisas. Si se le dio como menor evidente es porque, en ese momento, realmente consideraron que podía ser menor, incluso de una edad muy baja".
Ese primer filtro es el que explica todo lo que vino después. La mujer no fue derivada a las pruebas de determinación de edad que sí se aplican cuando existen dudas, un procedimiento en el que España ha desarrollado uno de los métodos más afinados de Europa.
"Si hubiera pasado por aquí, no habría fallado", aseguran estas mismas fuentes. "Los dientes y los huesos nos habrían dicho con claridad que era una persona adulta".
Una doctora del Instituto de Medicina Legal visualiza una ortopantomografía recién realizada de uno de los migrantes, en julio de 2025. Julio César R. A.
Los especialistas subrayan que el margen de error en estos análisis es muy reducido cuando se aplican correctamente y se combinan con entrevista personal.
De hecho, recuerdan un caso reciente en el que una joven que aparentaba ser menor resultó ser adulta tras someterse a este doble examen. "La apariencia puede engañar, pero cuando se hace la valoración completa, no suele haber dudas", explican.
En este caso, esa valoración nunca llegó a producirse. Y esa ausencia —más que un error técnico— es la que permitió que una mujer adulta entrara en el sistema de protección como una menor más y operara dentro de él durante meses sin ser detectada.
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En el dispositivo de atención, una casa que actuaba como centro sólo para mujeres, convivía con otras quince chicas, todas menores migrantes, todas sin referentes familiares en España.
Los centros en Lanzarote funcionan como hogares: tienen horarios, educadores, normas básicas, pero no son espacios cerrados. "No podemos retenerlas. No son centros de internamiento", sostienen desde la administración autonómica.
La idea es reproducir una normalidad que se parezca a la de cualquier adolescente. Salen, vuelven, se relacionan. Y en ese margen, el sistema se sostiene o se rompe. No hay un momento claro en el que la mujer pasa de ser una más a convertirse en el centro de gravedad del grupo.
Agentes de la Policía Nacional irrumpen en el hogar de menores donde convivían las niñas, en Arrecife. CNP.
Las fuentes policiales hablan de una actitud "predominante", de alguien que influía en las decisiones del resto, que organizaba salidas, que generaba confianza.
"Las convencía. No hacía falta más", resume un agente. Las primeras salidas no llaman la atención: tardes fuera del centro, visitas a pisos de la isla, horas que se alargan. Luego algunas empiezan a no volver a tiempo. Después, a no volver.
La investigación ha permitido reconstruir el patrón con precisión. Días antes de desaparecer, las menores llevaban ropa a los pisos a los que acudían con ella. Reducían sus pertenencias en el centro. El día de la fuga salían sin equipaje. Como cualquier otra tarde.
A Francia vía Madrid
"No hay una ruptura que active una alarma inmediata", explican fuentes del caso. El protocolo funciona así: si una menor no regresa, se comprueba, se espera, se denuncia. La ausencia se detecta muchas veces a la mañana siguiente. Para entonces, ya han salido de la isla.
En esos pisos, según la Policía, operaban otros miembros de la red. Allí se gestionaba la documentación falsa —en algunos casos con origen en Costa de Marfil—, se coordinaban los traslados y se preparaba la salida definitiva.
El discurso que se repetía a las chicas era sencillo: salir de Lanzarote, llegar a Francia, trabajar. Para muchas, no era una promesa ajena. Habían cruzado varios países antes de llegar a Canarias.
No veían la isla como un destino final. "Canarias es una parada. Si alguien les ofrece seguir, se van", explica una fuente policial especializada en extranjería.
Las fugas de menores migrantes bajo tutela en Canarias han abierto grietas por donde operan redes de explotación fuera de España, reflejado en una ilustración. Arte E. E.
La ruta que reconstruyen los investigadores se repite con variaciones mínimas. Un adulto las acompaña al aeropuerto de Lanzarote, les entrega la documentación falsa y elementos para modificar su apariencia —por ejemplo, pelucas o ropa—.
Vuelan a Madrid. Allí, otro contacto las recoge, retira los pasaportes y las guía en sus primeros desplazamientos: el metro, las estaciones, los transbordos. Después, autobús. Francia como destino principal, aunque no necesariamente final.
"Hay logística en origen, en tránsito y en destino. No es algo improvisado", explican desde la investigación. El caso estuvo a punto de cerrarse sin detenciones. La intervención se produce en lo que las fuentes describen como "el último minuto".
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Tres menores intentan embarcar en un vuelo desde Lanzarote. Hay inconsistencias en los documentos. Los agentes preguntan, retienen, tiran del hilo. Entre ellas está la mujer. La supuesta menor. Es detenida en ese momento. Las otras dos regresan al centro. Intentan escapar de nuevo.
El análisis del teléfono móvil abre la dimensión real de la operación. Conversaciones con contactos en Guinea, Marruecos y Mauritania, instrucciones, coordinación constante. Y la frase: "Ya he vaciado el centro". Para entonces, trece menores han desaparecido.
Su paradero sigue siendo desconocido. La investigación, coordinada por la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales, continúa abierta a nivel internacional.
Menores migrantes sentados en unas sillas tras su llegada a Puerto del Rosario. Carlos de Saá / Efe.
"Se está trabajando con el teléfono de ella, reconstruyendo movimientos, pero no es fácil", admiten fuentes policiales. Las hipótesis sobre el destino de las menores son tres: explotación laboral, matrimonios forzosos o prostitución.
El hallazgo de material de pornografía infantil en el dispositivo de uno de los implicados refuerza la última línea. Por el momento, ninguna de las trece ha contactado con el centro ni con las autoridades desde su desaparición.
No es lo habitual. En otros casos, algunas menores reaparecen meses después o informan de que han llegado a otro país. Aquí no ha ocurrido.
Una grieta en el sistema
El contexto ayuda a entender por qué. Canarias vive desde hace años una presión migratoria constante. Sólo en 2025 llegaron más de 28.000 personas por vía marítima. Miles eran menores.
El sistema de acogida, diseñado para unas 1.500 plazas, llegó a tutelar a cerca de 6.000 de forma simultánea. Lanzarote, con menos infraestructura que otras islas, funciona con centros pequeños, dispersos y con plantillas ajustadas.
"Es imposible tener control total", reconoce una fuente de la administración canaria. Salvamento Marítimo realiza los rescates y traslada a los migrantes a puerto, pero a partir de ahí el circuito se fragmenta: Policía, Fiscalía, servicios de protección. Cada eslabón opera con sus límites.
En ese marco, la figura del "menor evidente" introduce una zona de riesgo. Permite actuar con rapidez, pero reduce los controles iniciales. "Si no hay duda aparente, no se activa el protocolo médico en ese momento", explican fuentes policiales.
En este caso, esa decisión permitió que una adulta entrara en un centro de menores y operara desde dentro durante meses. El caso no es solo una investigación policial. Es también una anomalía dentro de un sistema que ya trabaja al límite.
La captación no se produce en la calle ni a través de redes sociales. Se produce dentro del propio recurso de protección. Utiliza sus tiempos, sus rutinas, sus márgenes. Hoy, trece menores siguen desaparecidas. No hay confirmación de su destino. No hay contacto. La investigación continúa.
En Lanzarote, mientras tanto, el sistema sigue funcionando. Llegan cayucos. Entran menores. Salen. Algunos regresan. Otros no. "Es un agujero negro", dice un trabajador del sistema. "Aquí entran y a veces no sabemos dónde acaban". En este caso, alguien sí lo sabía. Y lo dejó escrito.