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Una jornada singular

Una jornada singular
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Una cosa es la ley de la oferta y la demanda, y otra la respuesta emocional del contemplador

LA TRIBUNA

Una jornada singular

Una cosa es la ley de la oferta y la demanda, y otra la respuesta emocional del contemplador

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FEDERICO ROMERO HERNÁNDEZ

JURISTA

20/06/2026 a las 02:00h.

He felicitado por teléfono a un entrañable amigo que, cumpliendo un centenar de años, me ha mostrado un venturoso camino de fecundidad creadora, cuando yo, ... el próximo, estoy a punto de iniciar la andadura de los noventa. Vive en Barcelona, aunque cada vez que puede, como buen malagueño, viene a rellenar su mochila de luz y de alegría a nuestra ciudad. También esta misma mañana, el Ayuntamiento ha inaugurado un monumento con una escultura de su busto. Ya habrán descubierto que ese amigo es un maestro del retrato que se llama Félix Revello de Toro. Disfrutamos permanentemente de su obra en un museo dedicado a su nombre. Casado en segundas nupcias con su actual mujer, María Rosa, que fue el personaje central su cuadro de 'las tres gracias' y que no sé si continúa adornando la entrada de la Alcaldía, me resultaba ya familiar antes de conocerla en persona, pues me topaba con el cuadro cada mañana, antes de despachar con el alcalde en ejercicio. Hablando con ella me decía que, aunque Félix se encontraba muy bien, poco a poco había ido dejando de pintar aún teniendo firme el pulso que tantos trazos definitivos y luminosos nos ha dejado en cada lienzo. Los que me conocen, saben de mi afición a la pintura. Y yo tenía el atrevimiento de enseñarle mis modestos cuadros y él la deferencia de animarme a continuar mi hobby con la otra dedicación, que es escribir. Porque asomarse al mundo de la belleza, contemplándola y tratando de crearla, significa ser más humano, a la vez que se tiende a acercarse cada vez más a Dios que nos invita a asemejarnos a Él. La pintura realista y figurativa de Félix tiene tanto valor estético como las vanguardias y postvanguardias del Siglo XX. Se me tachará de exagerado si digo esto, aunque sepa las cotizaciones milmillonarias de 'Las señoritas de Aviñón' de Picasso, o las millonarias de Braque, Kandinsky o Chagall. Porque una cosa es cómo se produce la ley de la oferta y la demanda en el mundo del arte, y otra la respuesta emocional del sencillo contemplador y su vivencia personal. Como ha dicho Ibáñez Langlois, «contemplar es la forma más elevada del conocimiento, que asociamos al asombro y a la admiración». Y Kant, después de identificar el gusto con el juicio estético mismo, afirma que por estar ligado al placer o displacer que un objeto nos produce, es por fuerza subjetivo y personal. Félix ha prestado una dedicación especial a la belleza de la mujer, que, desde el Génesis, al principio de la historia, movió al primer varón a manifestar a Dios su gratitud admirativa. Y a quien lo ha criticado por 'mejorar' a las eventuales modelos, siempre le he replicado que su 'representación' no era 'maquillaje', sino aprovechar la capacidad creativa, para sabiamente extraer la esencia de la hermosura femenina.

Como decía al principio, he vivido una jornada excelsa con la coincidencia de dos centenarios que tienen que ver con la belleza y el arte, porque los medios me han ayudado a tener una presencia que, sin ser física, ha sido cercana. Y ambas, con ser una más familiar e íntima y la otra más generalizada, en medio de unas jornadas históricas, con la presencia en España del Pontífice León XIV.

La pintura realista y figurativa de Félix tiene tanto valor estético como las vanguardias y postvanguardias del Siglo XX

Pero antes de terminar, me gustaría hacer una reflexión de la mano del metafísico del arte Ibáñez Langlois: «En el mundo occidental hubo tiempos recientes, colmados de un arte cuya hermosura iba a la par con su densidad existencial y con su riqueza sapiencial. Hoy las artes tantean rumbos nuevos que no parecen satisfactorios, y comparables a aquellos tiempos». Y pone como un ejemplo insatisfactorio 'El urinario' de Marcel Duchamp. Algunos consideraran esta obra como 'rompedora'. Y yo les confieso sinceramente que -como decía Moeller de la verdadera expresión artística-: «nos hacen penetrar en esa zona del alma donde las realidades invisibles y espirituales nos parecen las únicas verdaderas». Pero en cambio, el mingitorio de Duchamp todo lo más me mueve a la inmediata satisfacción de una urgente necesidad fisiológica.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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