André Malraux afirmó que la política había sustituido al destino en el siglo XX. Si fue así, el destino del siglo pasado estuvo marcado por la política. Pero el siglo se acabó en 1989 con la caída del Muro de Berlín. Lo que ha ... emergido de forma dominante en el siglo XXI es la economía, el gran paradigma para entender el mundo. La globalización, las nuevas tecnologías y los flujos migratorios han resucitado a Karl Marx, que vuelve a ser reivindicado por la izquierda en países como Francia o Alemania.
El pensamiento y la influencia del filósofo alemán tienen mucho que ver con 'El capital', una obra de tres volúmenes a la que Marx consagró 16 años de trabajo e investigación. El primer libro data de 1867 y el tercero, revisado y editado por Engels, fue publicado tras su muerte, acaecida en 1883. El subtítulo que eligió para su ambicioso proyecto resulta una declaración de intenciones: 'Crítica de la economía política'.
Marx invirtió el viejo postulado de que la conciencia determina la existencia y le dio la vuelta: son las relaciones de producción las que condicionan nuestra percepción de la realidad. Los discursos de la nueva izquierda en Europa como el de Jean-Luc Mélenchon son marxistas porque lo reducen todo a las leyes de la economía e ignoran el profundo calado político y cultural de los cambios de nuestro tiempo.
El autor del 'Manifiesto Comunista' creía que el final del capitalismo vendría de la acumulación de plusvalías (primer libro de 'El capital'). Fue el filósofo alemán quien mejor analizó el factor multiplicador del dinero, la esencia de la especulación financiera, a partir de la teoría del valor de David Ricardo. Pero Marx se equivocó porque minusvaloró la capacidad del capitalismo para redistribuir rentas sin poner freno a la especulación.
La inmensa capacidad del capitalismo para reinventarse provocó el debilitamiento del sindicalismo obrero y un cambio cultural acelerado, como muy bien analizó Marcuse en 'El hombre unidimensional'. Durante las últimas décadas hemos asistido al triunfo de un capitalismo tecnológico, ligado al final de las ideologías, o, como diría Marcuse, a la consolidación de un sistema capaz de integrar todas las alternativas dentro del modelo dominante del mercado («la sociedad cerrada»).
«El capitalista ávido de beneficios del XIX ha sido reemplazado por los tecnócratas que alimentan la sociedad del espectáculo»
Lo que ha desaparecido hoy es el movimiento obrero como motor del cambio que reivindicó Marx, un cadáver al que muchos intentan resucitar sin querer darse cuenta de que su muerte es inevitable en un mundo donde emerge China como una gran potencia económica mientras la inteligencia artificial y los gigantes tecnológicos explotan nuestra intimidad. Esta mutación es lo que ha provocado la eclosión del populismo y de la extrema derecha, depositarios del descontento social.
Ha nacido una nueva generación de embaucadores como Elon Musk que nos venden que la salida está en una tecnología controlada por unas élites por encima de cualquier límite ético. La figura del capitalista ávido de beneficios del siglo XIX ha sido reemplazada por los tecnócratas que alimentan la sociedad del espectáculo.
En este contexto, no hay más remedio que volver a reivindicar la política sin caer en los errores que provocaron las terribles masacres de un siglo XX desgarrado entre el fascismo y el comunismo. La política supone la creación de una nueva escala de valores, de nuevas categorías para entender y cambiar la realidad. La solución a nuestros males pasa por el final de la tecnocracia y el renacimiento de la utopía, que es el motor que puede transformar el mundo. O sea, que nuestra conciencia vuelva a determinar el rumbo de nuestra existencia, que en eso consiste la libertad.
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