Cuando la música sigue sonando y decenas de miles de personas llenan las calles del centro de Madrid, ellos no miran los escenarios. Sus ojos están puestos en las mochilas abiertas, las manos demasiado inquietas, las discusiones que empiezan a subir de tono o en quien observa más a las víctimas que a los conciertos.
Mientras la mayoría celebra el Orgullo, los policías nacionales del Grupo Focus de del GOR de la Comisaría de Centro recorren sin descanso Chueca, Sol, Gran Vía y Plaza de España para impedir que la fiesta termine en robo, agresión o tragedia. "No estamos aquí para reaccionar cuando ocurre algo. Nuestro trabajo consiste en impedir que ocurra", resume uno de los policías antes de iniciar una patrulla que recorrió el pasado viernes de madrugada durante horas el corazón de la capital.
Durante los cinco días del Orgullo, cerca de 3.000 agentes de la Policía Nacional integran el dispositivo especial desplegado en el centro de la capital. Uniformados, policías de paisano, unidades de intervención y especialistas trabajan como un único engranaje para proteger a cientos de miles de personas que llenan las calles de Madrid.
El indicativo Focus forma parte de esa primera línea de prevención. Sus componentes apenas permanecen unos minutos en el mismo lugar. Caminan sin descanso entre la multitud, reciben avisos constantes de la sala del 091 y mantienen comunicación permanente con los agentes de paisano, que se mezclan entre los asistentes como si fueran un ciudadano más.
"Nuestro objetivo es estar atentos a las zonas donde se concentra más gente. Al final, cuando las personas están en un ambiente festivo, consumen alcohol y bajan la guardia, se convierten en el objetivo de los carteristas, de quienes roban teléfonos móviles e incluso de algunos robos con violencia", explica uno de los policías.
No pasan ni diez minutos cuando la primera intervención rompe la rutina. Los agentes interceptan a un hombre que porta un pequeño bote de Popper. "Es una droga que provoca euforia, calor y una alteración de las sensaciones en pocos segundos. Ha llegado a morir gente por consumir este tipo de sustancias", explica uno de los policías mientras identifica al hombre y comprueba que no porta nada más. La actuación concluye sin incidentes, pero el mensaje queda claro: retirar drogas de la calle también forma parte de la prevención.
Sustancias espuefacientes requisadas a una persona en Chueca.L. F. D.Las sustancias que más preocupan durante estas fiestas son otras. "Sobre todo encontramos tusi, mefedrona y GHB, el conocido como éxtasis líquido. Son drogas muy peligrosas porque una dosis ligeramente superior puede provocar consecuencias gravísimas e incluso la muerte", advierte otro de los agentes. "Nosotros intentamos cortar su circulación antes de que lleguen a consumirse", subraya el agente cerca de una de las saunas donde acuden después de la fiesta muchos de los asistentes al Orgullo.
La prevención no sólo se libra contra la droga. En una de las plazas abarrotadas del barrio, los policías de paisano detectan cómo dos personas vigilan discretamente los bolsillos de varios asistentes. No miran el escenario ni la música. Sólo observan mochilas, móviles y bolsos. Los agentes uniformados reciben el aviso y permanecen atentos mientras sus compañeros siguen los movimientos del sospechoso. "Ellos están mezclados entre la gente y nosotros les damos cobertura inmediata. Trabajamos constantemente coordinados", explican.
La estrategia dio resultado. Los policías de paisano sorprendieron a una pareja de origen sudamericano que acababa de sustraer varias carteras entre la multitud. Llevaban encima dinero y documentación de distintas víctimas. La investigación reveló además que habían llegado hacía poco a Madrid y tenían previsto desplazarse a Pamplona coincidiendo con el inicio de los sanfermines, un dato que refuerza la sospecha policial de que algunos grupos itinerantes recorren las principales fiestas españolas para cometer hurtos aprovechando las aglomeraciones.
Los agentes de la comisaría de centro piden la documentación a una persona en Malasaña. L. F. D.L. F. D.Los avisos del 091 se suceden casi sin descanso. Una discusión, una posible pelea, una persona sospechosa... La patrulla cambia continuamente de rumbo. En una calle próxima a Chueca, la sala alerta sobre varios individuos conocidos por los agentes. Son identificados y sometidos a un cacheo preventivo.
Uno de ellos lleva varios destornilladores visibles bajo el chaleco. Tras comprobar su identidad y verificar que no pesa sobre ellos ninguna reclamación, continúan su camino. "Muchas veces lo importante es esto, prevenir antes de que ocurra algo", comenta uno de los veteranos policías.
La labor policial también consiste en pequeños gestos que rara vez trascienden. Una joven camina sola visiblemente afectada por el alcohol. Los agentes se acercan y le aconsejan que no continúe sola. "Si puedes ir acompañada o llevar el bolso bien sujeto, mucho mejor", le recomiendan. Apenas dura unos segundos, pero ese tipo de intervenciones evitan muchas victimizaciones durante la madrugada.
Un poco más adelante, otro control llama la atención de los asistentes. Un joven circula con un patinete eléctrico entre la multitud. Los policías lo detienen para identificarlo. Explican que este medio de transporte es utilizado con frecuencia para mover pequeñas cantidades de droga de un punto a otro del distrito debido a su rapidez para atravesar las calles del centro. En esta ocasión no encuentran sustancias y el joven continúa su camino tras comprobar su documentación.
Dos policías registran a otro ciudadano.L. F. D.Conforme avanza la madrugada, la misión cambia. Disminuyen los conciertos y aumenta el riesgo de peleas, robos violentos y hurtos a personas que abandonan las plazas desorientadas por el consumo de alcohol. Es entonces cuando las patrullas intensifican aún más su presencia en las calles.
"No puedes controlarlo todo", reconoce uno de los agentes. "Siempre puede ocurrir algo desagradable, pero nosotros estamos aquí para reducir ese riesgo al máximo".
El balance de la noche resulta positivo. Apenas un par de peleas sin importancia y varias actuaciones preventivas. "Por suerte ha sido una noche bastante tranquila", coinciden los policías. Y precisamente ahí reside el éxito de un dispositivo como éste.
La mayoría de los ciudadanos jamás sabrá que un robo no llegó a producirse porque un policía de paisano detectó una mano entrando en un bolsillo; que una pelea terminó antes de empezar gracias a una patrulla que apareció en el momento justo; o que una droga nunca llegó a consumirse porque fue intervenida durante un control rutinario. Esa es la esencia del grupo Focus: una vigilancia silenciosa e invisible para que la gente disfrute de la fiesta.