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Una nota al pie del nuevo estatuto sanitario

Una nota al pie del nuevo estatuto sanitario
Artículo Completo 904 palabras
LA TRIBUNA Una nota al pie del nuevo estatuto sanitario

Federico Soriguer

MÉDICO. MIEMBRO DE LA ACADEMIA MALAGUEÑA DE CIENCIAS

Lunes, 9 de marzo 2026, 01:00

... historia del doctor que llega a un pequeño pueblo francés donde casi nadie va al médico porque la gente se siente sana. Su idea genial es convencerlos de que «una persona sana es, en realidad, un enfermo que aún no ha sido diagnosticado». Poco a poco logra que todo el pueblo se crea enfermo y dependa totalmente de él y hay un momento en el que consigue que el pueblo entero esté en cama. ¡Es el triunfo de la medicina¡, grita el Dr. Knock.

Aquellas promociones eran conscientes de que como médicos no tendrían que competir en el mercado por conseguir clientes pues ahora los 'clientes' era la sociedad española en su gran totalidad, igualados en derechos ante la atención medica. Ahora los médicos podían dedicar toda su energía a llevar a cabo ese destino mítico de 'servicio', heredero de la mejor tradición médica, al tiempo que en el interior de 'Los Servicios' se compartían conocimientos, dudas y proyectos en una espiral virtuosa que terminaba devolviendo en forma de servicio y conocimiento, aquel privilegio que a través de sus impuestos la sociedad le había proporcionado. Así que durante décadas hubo bastantes promociones de médicos que pudieron hacer la mejor medicina de la historia, compatibilizando la asistencia de calidad, la docencia y, crecientemente, la investigación, y, aunque los problemas y las deficiencias fueron ingentes, muchos médicos vivimos aquellos años como una enorme oportunidad.

No era, pues, sorprendente el escaso interés de los médicos por sus intereses laborales. Ha pasado ya medio siglo y aquella desmovilización ha generado que las condiciones laborales de los médicos se hayan deteriorado en relación con otros estamentos sanitarios que sí que han estado más atentos a estos asuntos. Y una de estas consecuencias ha sido que el estatus profesional de los médicos se ha 'estandarizado' hasta diluirse en su condición de trabajadores por cuenta ajena, con pérdida de esa singularidad que la sociedad les otorgaba como reconocimiento de unos conocimientos y una responsabilidad insustituible de la que los médicos se sentían depositarios, como si de una llama sagrada se tratara. Han pasado los años y las nuevas generaciones ya no se conforman con el 'salario cultural' como compensación de la pérdida de estatus laboral. Ni siquiera parecen aspirar a que se les reconozca, seguramente cansados de que echen mano de ellos cada vez que se les ha exigido un esfuerzo añadido, como ocurrió en el caso de la pandemia de Covid19, cuando la sociedad se volcó con los médicos, pero una vez pasado el susto, las promesas de las instituciones sobre esa singularidad se las llevó el viento.

Ahora los médicos están en pie de guerra contra el estatuto marco propuesto por el Ministerio de Sanidad. Y en este conflicto los representantes de los médicos se han quedado solos. Porque lo que piden es, junto a otras cuestiones estrictamente laborales (horas de trabajo, guardias, etc.), precisamente, el reconocimiento de esa singularidad, con la que este modesto columnista está de acuerdo. Pero es aquí, también, donde los asuntos se mezclan, complicando las cosas. Por un lado, es contradictoria la exigencia de singularidad y al mismo tiempo unas reclamaciones laborales nada singulares, como los horarios, etc., que podrían ser resueltos dentro de las organizaciones de los servicios y con una descentralización de la gestión de los hospitales. Como es, también, contradictorio exigir la compatibilidad con la medicina privada de los jefes de servicio y directores de unidades, como única muestra de esta singularidad.

Este rechazo de la dedicación exclusiva deslegitima buena parte del resto de las reivindicaciones y, sobre todo, pone en duda el sentido de pertenencia a un proyecto sanitario como es el del SNS y la idea misma de dedicación. Al fin y al cabo, la dedicación y la pertenencia son las condiciones de esa singularidad que se reclama y las propiedades imprescindibles de esa vocación tan cacareadas que en modo sindical se le llamó 'salario cultural'.

Que, en fin, si se quiere conseguir un estatuto singular habrá que conseguirlo, precisamente, (des)laboralizando las reivindicaciones. Esto, desde luego, tiene un precio y es una batalla que los médicos tenemos que librar en el interior de nuestras propias filas. En todo caso quienes representan a los médicos no deberían olvidar que si exigimos lo mismo que cualesquiera nos trataran como a otro cualquiera. Pero, seguramente, estoy equivocado. Al fin y al cabo, de estar fuera de la realidad es de lo que se nos suele acusar a los jubilados.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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