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Carlos DíazViernes, 24 de abril 2026, 07:54
... en los asientos de piedra. Pedí jugar, me dieron las blancas y tras 7 minutos acabé en una mala posición de 'zugzwang', cuando el mejor movimiento es no moverse. Dejé caer el rey y me fui.También en 'Tramontana' encontramos una dirección de Javier Parra muy inteligente, volcado en potenciar la historia. Un sofá. Una cama. El interior de un faro. El viento sonando. El oleaje del mar a través de unas telas en continuo vaivén. Un padre y un hijo. La sombra de alguien que perdieron. Un ritmo endiablado, frases que suenan como puños en un saco de boxeo. No hay nada accesorio en este montaje, no hay momentos de lucimiento, no hay actores buscando la luz de un foco. Hay acción. Pasan cosas. Hay consecuencias. No llega a categoría de thriller, como he leído que se anuncia por ahí, pero desde luego tiene algo desasosegante.
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Carlos DíazTambién creo que el reparto es uno de los más acertados con respecto a la historia que ha salido de un casting de Factoría. Francisco Rod, que me ha recordado mucho a una buena versión de Antonio de la Torre, y Fernando Rueda tienen su conflicto paterno filial con madurez interpretativa y naturalidad. Son una pareja que suma en escena, que se retroalimenta, y que llega muy madura al estreno. Patricia Navas lo tenía más difícil, sin réplica la mayoría del tiempo, pero carga con el personaje y con sus paseos con salero.
Y aún no he dicho de qué va. Y ahí está el pero. De qué va. Porque el supuesto problema moral entre padre e hijo ante la llegada a su playa de miles de refugiados no es tal. No hay problema si no hay una dialéctica profunda, si no hay diferentes realidades, puntos de vista, si no hay grises, si no hay contradicciones. 'Tramontana' se sustenta en un tablero de casillas blancas y negras. Hay buenos, hay malos, hay una posición clara del demiurgo. Y el resto es denuncia. Un acto de conciencia. Una colección de temas de Raimon o de Paco Ibáñez para recordar épocas de resistencias, donde quizás este texto se hubiese sentido más cómodo. Un 'zugzwang' en toda regla para los personajes y para los espectadores.
Ojo, no estoy dando una opinión política, y si la diera seguramente estaría en el mismo bando que 'Tramontana'. Estoy hablando de que, cuando veo una obra de teatro, me gusta pensar por mí mismo. No ayuda que el director, aún en un estreno, comente al terminar a qué está dedicado tanto esfuerzo. El buen teatro, en mi opinión, es el que regala preguntas, no respuestas. Por lo demás, buenos aplausos y cinco funciones más hasta el 2 de mayo.
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