Patente de corso
Una putadita más Regala esta noticia Añádenos en Google 22/05/2026 a las 12:26h.e celebra la reunión trimestral de la ACAAODV (Asociación de Compañías Aéreas y Aeropuertos para la Optimización del Desasosiego de Viajeros): café, bollería y un ... grupo de responsables del asunto.
(Murmullos de aprobación. Habla la responsable de Sevicias Aeroportuarias).
–Propongo más ambigüedad informativa. Las pantallas todavía anuncian puertas de embarque con una antelación razonable. Es un error. Sugiero que las asignemos tarde, mal y cambiándolas varias veces. Nada genera más cohesión social que un grupo de personas corriendo por un pasillo largo.
–Excelente, Chonín. Y podríamos añadir urinarios y WC sin indicación masculina o femenina. El pasajero duda de sí mismo. Eso es oro puro.
–Y también –interviene el jefe de Paneles Parpadeantes– puertas de embarque fantasma, que aparecen en la pantalla, pero no existen físicamente.
«Hemos progresado –dice el director general–: colas, retrasos, cancelaciones... Pero aún hay viajeros que conservan restos de dignidad. Y eso es intolerable»
(Risas y algún aplauso. El responsable de Seguridad Aleatoria levanta la mano).
–En los controles ya imponemos niveles notables de estrés, pero podemos mejorar. Sugiero que las normas sobre líquidos cambien sin previo aviso: lunes, cien mililitros; martes, noventa; miércoles, solo si el recipiente es azul.
–¿Y si hacemos que cada segurata aplique su propio criterio? –apunta alguien–. Uno deja pasar la colonia, el siguiente la confisca y el pasajero entra en una espiral de duda existencial mientras camina descalzo.
–De puta madre –asiente el director–. El caos personalizado. Me gusta.
El representante de Aerolíneas de Bajo Coste interviene, ufano.
–Nosotros cobramos por todo: equipaje, asiento, prioridad… Pero podemos ir más allá. Propongo cobrar por el aire respirado a bordo. Inhalas, pagas. Y podemos ofrecer oxígeno premium a precio de champaña.
(Carcajadas de felicidad. Interviene el responsable de Confort Inexistente).
Sugiero eliminar los asientos en las zonas de embarque, o reservarlos todos para inválidos e impedidos. Y los demás, que se jodan.
–Buenísimo –dice el director.
–Hemos desarrollado una aplicación que promete facilitar la vida al pasajero –explica el jefe de TT (Tecnología Tocapelotas)–, pero la idea es que se bloquee justo cuando piden el código de embarque. Que exija actualizaciones constantes y conexión a una red WiFi que nunca conecta.
–¿Y la WiFi del aeropuerto?–pregunta alguien.
–Para ésa reservamos un acceso que exija introducir un correo electrónico, meter el código de un mensaje que nunca llega, dar la fecha de tu primera comunión y aceptar condiciones de veinte páginas.
–Recuperemos el factor humano –propone el delegado sindical de Azafatas, Azafatos y Azafates–: el empleado que mira al pasajero con indiferencia, responde con monosílabos y señala hacia ninguna parte. La desidia artesanal tiene su puntito.
–Cojonudo –concede el presidente.
–Propongo –dice el Jefe de Factura y Tú Verás– que las dimensiones permitidas para el equipaje de mano varíen según la aerolínea, el día de la semana, el signo zodiacal del pasajero y el estado psicológico del personal que controla.
–No olvidemos el desembarque –recuerda alguien–. Propongo que el avión se detenga en el quinto coño, que el autobús tarde en llegar y, cuando llegue, que ya venga lleno de otro avión.
–¿Y las cintas de equipaje? –pregunta el presidente.
–Hagamos que la maleta tarde una hora más en salir; y cuando por fin el pasajero la ve llegar, que nunca sea la suya. O que salga por otra cinta sin avisar. Y a ser posible, abierta.
(Se suceden más propuestas: retrasos anunciados cuando los pasajeros ya están en el finger, megafonía incomprensible, autobuses que recorren kilómetros por las pistas mientras el avión espera a diez metros. Al fin interviene el comisario jefe de Flujos y Reflujos).
–Yo tengo una idea para los pasaportes: además de lectores automáticos que no funcionen y un policía por cada seis mil viajeros, introduzcamos controles aleatorios. El pasajero pasa uno, luego otro y otro… Como un hámster en la rueda. Y si además pedimos un certificado que nadie sepa dónde conseguir, lo petamos.
(Risas. Juas, juas, juas. Aplausos. Un brindis con café frío).
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