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Una reentrada a 40.000 km/h y 11 paracaídas para no estrellarse en el mar: el regreso a Tierra de los astronautas de Artemis II

Una reentrada a 40.000 km/h y 11 paracaídas para no estrellarse en el mar: el regreso a Tierra de los astronautas de Artemis II
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Tras hacer historia orbitando la Luna, la tripulación de la misión de la NASA finalizará su viaje con un complejo reingreso en la atmósfera. Más información: La misión Artemis II de la NASA comparte unas impresionantes imágenes de la Luna tomadas durante el sobrevuelo lunar
Aviación y Espacio Una reentrada a 40.000 km/h y 11 paracaídas para no estrellarse en el mar: el regreso a Tierra de los astronautas de Artemis II

Tras hacer historia orbitando la Luna, la tripulación de la misión de la NASA finalizará su viaje con un complejo reingreso en la atmósfera.

Más información:La misión Artemis II de la NASA comparte unas impresionantes imágenes de la Luna tomadas durante el sobrevuelo lunar

Publicada 10 abril 2026 02:44h

Misión cumplida. El viaje de los cuatro astronautas de la misión Artemis II a bordo de la cápsula Orion toca a su fin tras hacer historia, después de batir el récord de mayor distancia a la que ha viajado el ser humano en el espacio y ver "lo que nadie había visto antes" de la Luna.

Pero antes de que la NASA pueda celebrar el éxito rotundo de la misión, queda uno de los momentos más delicados de esta odisea espacial: la reentrada a la atmósfera terrestre a 40.000 km/h y el amerizaje en el Pacífico, previsto para las 2:04 de la madrugada del viernes 10 al sábado 11 de abril, hora peninsular española.

Será la culminación de una travesía de 10 días que ha supuesto el regreso del ser humano al satélite natural 54 años después de la misión Apolo 17 y el inicio del ambicioso plan para adelantarse a China y tener primero una base lunar temporal y, a partir de 2030, una colonia permanente en el satélite.

Último día a bordo de Orion

Mientras la nave completa su viaje de regreso desde las cercanías de la Luna, el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, y los especialistas Christina Koch y Jeremy Hansen afrontarán una jornada en la que cada minuto estará programado y revisado al detalle por la NASA.

Después de convertirse en los seres humanos que más lejos habrán viajado en el espacio, a 406.771 km de la Tierra, su prioridad ya no será batir récords, sino regresar a casa sanos y salvos, culminando la misión diseñada para allanar el camino para que el ser humano vuelva a pisar la superficie lunar en Artemis IV, prevista para finales de 2028.

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En las primeras horas de esa jornada, Orion continuará viajando por su trayectoria de retorno, calculada para que la gravedad de la Luna y de la Tierra vayan guiando a la nave hacia su destino sin necesidad de grandes encendidos de motor.

Los controladores del Centro Espacial Johnson vigilarán de forma constante la telemetría: posición, velocidad, consumo de energía, temperatura de los sistemas y radiación. Cualquier desviación, por pequeña que sea, obligará a replantear las próximas maniobras, porque el margen de error en la reentrada atmosférica es mínimo.

En paralelo, la tripulación cumplirá un último bloque de tareas rutinarias: comprobaciones médicas, revisión de los trajes y de los arneses de los asientos, inventario de equipos y asegurar todos los objetos sueltos en la cabina. La ingravidez hará que cualquier herramienta olvidada pueda convertirse en un proyectil durante la desaceleración.

Los astronautas también repasarán, por última vez, los procedimientos de emergencia en caso de fallo de los paracaídas, problemas de comunicaciones o desviación de la zona de amerizaje. Son protocolos que habrán entrenado durante años en simuladores, pero hoy cobrarán una importancia decisiva.

Conforme la nave se acerque a la Tierra, llegará el momento de la última maniobra de corrección de trayectoria. A partir de datos de radar, seguimiento por radio y navegación óptica, el equipo de dinámica de vuelo en Houston calculará un pequeño encendido de los motores para asegurar el punto en el que Orion cortará la atmósfera.

Son ajustes mínimos, pero su precisión implica amerizar sobre el Pacífico frente a la costa de California o hacerlo a cientos de kilómetros de la zona prevista.

El ángulo de reentrada

Este encendido final, ejecutado con los propulsores del módulo de servicio, fijará el ángulo de entrada. Para un regreso seguro, Orion deberá penetrar en la atmósfera terrestre con un ángulo de entre 5 y 7 grados con respecto al horizonte terrestre, una estrecha ventana que separa el éxito del desastre.

Tripulación de Artemis II NASA

Si ese ángulo fuese demasiado pronunciado, la nave se enfrentaría a fuerzas G insoportables y a un pico de temperatura que podría superar el diseño del escudo térmico. Por contra, si el ángulo es demasiado bajo, la nave correría el riesgo de rebotar en las capas altas de la atmósfera y volver al espacio en una trayectoria incontrolada.

Con la trayectoria ya fijada, la misión entrará en su tramo más delicado. La tripulación cerrará escotillas interiores, verificará una vez más los sistemas de soporte vital y se ajustará cascos y guantes. A partir de cierto punto, apenas podrán intervenir manualmente: el retorno dependerá del software de guiado, los actuadores de control de actitud, el escudo térmico y el sistema de paracaídas.

Desde Houston, el director de vuelo repasará por línea de voz las últimas instrucciones, los tiempos clave y los márgenes de decisión. Será el último gran intercambio antes de que el plasma de la reentrada silencie cualquier comunicación.

Minutos antes de tocar la atmósfera, llega el momento de separar el módulo de servicio. Esta sección cilíndrica, que durante toda la misión ha aportado propulsión, energía y control térmico a la cápsula, ya no será necesaria y se convertirá en un peligro si permanece unida durante el frenado aerodinámico.

Una secuencia de separación abrirá los anclajes y pequeños propulsores alejarán el módulo de servicio de la cápsula tripulada. Desde ese instante, sólo el módulo de tripulación, con su escudo térmico apuntando hacia la reentrada, continuará el viaje hacia la atmósfera terrestre.

Con la cápsula en configuración de reentrada, Orion se entregará a las leyes de la física. La nave entrará en las capas superiores de la atmósfera a casi 40.000 km/h, una velocidad superior a la de un objeto orbital típico debido al impulso de la nave desde la órbita lunar.

La fricción con el aire comprimirá y calentará el gas hasta crear una envoltura de plasma incandescente alrededor del escudo térmico, que durante la misión Artemis I sufrió un deterioro superior a lo previsto.

El escudo está fabricado principalmente con un material ablativo llamado Avcoat, desarrollado para las misiones Apolo. Este compuesto está diseñado para quemarse de forma controlada durante la reentrada: al carbonizarse y desprenderse gradualmente, absorbe y disipa el calor sin que llegue a la estructura de la nave.

Visión de la Tierra desde la nave Orion NASA Omicrono

La base del escudo es una estructura de titanio y fibra de carbono, cubierta por 186 bloques de Avcoat. Entre ellos, toma protagonismo un segundo material, llamado Sistema de Protección Térmica Ablativa Multifuncional Tridimensional (3DMAT), fabricado con hilos de cuarzo entretejidos en resina e incluido para reforzar el escudo.

En total, la estructura tiene 5 metros de diámetro, un espesor que llega a los 5 centímetros en la zona de mayor presión térmica, y pesa aproximadamente 1.270 kilogramos. Tras la reentrada, habrá perdido cerca del 20% de su masa por el proceso de ablación.

La misión Artemis II de la NASA comparte unas impresionantes imágenes de la Luna tomadas durante el sobrevuelo lunar

Mientras tanto, en el interior de la cápsula, la temperatura no debería subir más allá de los 25 ºC. Lo que sí sentirán los astronautas es el aumento de la gravedad: la desaceleración podrá superar varios múltiplos de la gravedad terrestre, presionando sus cuerpos contra los asientos.

Durante esos minutos, Orion será visible desde tierra como si fuera una estrella fugaz extremadamente brillante atravesando el cielo sobre el Pacífico. Las comunicaciones por radio se cortarán cuando el plasma bloquee las señales, generando un apagón de varias decenas de segundos.

Es un fenómeno previsto y uno de los momentos más tensos para los equipos de control, que sólo podrán esperar a que la telemetría reaparezca cuando la cápsula descienda a capas más densas y frías de la atmósfera.

Paracaídas de freno

Para Artemis II, la NASA ha modificado el perfil de reentrada atmosférica respecto a Artemis I con el objetivo de reducir el tiempo que la nave pasa en el rango máximo de temperatura, acortando así la distancia que Orion debe atravesar entre el momento en que entra en la atmósfera y el amerizaje.

A medida que la velocidad se reduzca desde decenas de miles de kilómetros por hora a menos de 500 km/h, el protagonismo pasará del escudo térmico al sistema de paracaídas. Alrededor de los 7.600 metros de altitud, se abrirá una pequeña compuerta en la parte superior de la cápsula y se dispararán los primeros dos paracaídas piloto.

Son elementos relativamente modestos en tamaño, pero fundamentales para estabilizar la orientación de Orion y preparar el despliegue de los siguientes paracaídas de freno, diseñados para aumentar de forma progresiva la superficie de arrastre y reducir aún más la velocidad.

Finalmente, se abrirán los tres paracaídas principales, cada uno con un diámetro de unos 35 metros. Entre los tres, desplegarán una superficie textil gigantesca, comparable a la de un campo de fútbol, que transformará el descenso de Orion en una caída controlada a poco más de 30 kilómetros por hora.

Desde el interior, los astronautas notarán un fuerte tirón cuando la cúpula se infle por completo, seguido de un balanceo suave mientras la cápsula se aproxima a la superficie del mar.

Para entonces, si no surge ningún imprevisto, los sistemas de navegación habrán confirmado que la nave se encuentra dentro de la zona de amerizaje programada, frente a la costa de San Diego, donde estarán preparados los equipos de rescate.

Amerizaje

El impacto con el océano sigue siendo un momento delicado, pese a la baja velocidad. El diseño de Orion está pensado para que la cápsula descienda estable, pero el oleaje, el viento y la orientación exacta en el instante del contacto con el mar podrán provocar sacudidas importantes.

Nada más tocar el agua, se activará el sistema de flotación de Orion, que despliega grandes bolsas inflables para garantizar que la cápsula quede en la posición correcta, con la escotilla hacia arriba, incluso si inicialmente cae de lado o incluso invertida.

Mientras tanto, el dispositivo de recuperación en la superficie ya estará en marcha. El buque anfibio USS John P. Murtha de la US Navy ya está desplegado en las proximidades de la zona prevista de amerizaje, asistido por helicópteros, lanchas rápidas y equipos de buceo especializados.

Tras amerizar, la tripulación deberá completar chequeos rápidos de la cápsula en coordinación con Control de Misión. Lanchas rápidas con buzos de la US Navy se aproximarán para asegurar la zona y desplegar un collar inflable y una plataforma (front porch) que envuelve parcialmente la nave.

Los astronautas saldrán uno a uno a esa balsa y, si no hay ningún problema, serán trasladados en lanchas rápidas hasta el buque anfibio con cubierta inundable, donde recibirán las primeras revisiones médicas. El izado en helicóptero es el plan B, previsto por si hay demasiado oleaje o alguno de los astronautas tiene algún problema.

En cualquier caso, el objetivo es minimizar el tiempo que la tripulación pase en el mar, especialmente tras varios días en microgravedad, lo que afecta al sistema vestibular y los hace más vulnerables a mareos y fatiga.

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Una vez a buen recaudo, la tripulación dispondrá de un breve periodo para comunicarse con sus familias y con los directivos de la NASA, antes de iniciar el viaje de regreso al continente, normalmente en un avión militar con destino al Centro Espacial Johnson, en Houston, donde les esperará una agenda intensa de sesiones técnicas y actos públicos.

La cápsula Orion también será rescatada. Una vez asegurada en un soporte del USS John P. Murtha, técnicos y especialistas comenzarán a documentar con fotos y sensores el estado del escudo térmico, la cubierta frontal, las antenas y los paracaídas recuperados. Parte de ese material se trasladará más tarde al Centro Espacial Kennedy para un análisis exhaustivo que permitirá optimizar los equipos para futuras misiones Artemis.

Cada marca de quemadura, cada pliegue en los tejidos de los paracaídas y cada dato registrado por los sensores internos ayudará a afinar modelos, mejorar diseños y reducir riesgos para las próximas tripulaciones que viajen no sólo a orbitar la Luna, sino a aterrizar en su superficie para iniciar su colonización. Misión cumplida.

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