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Una sinfónica Rosalía emociona y enmudece al Movistar Arena de Madrid

Una sinfónica Rosalía emociona y enmudece al Movistar Arena de Madrid
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La artista catalana presentó 'Lux' en su primera cita en España, en un concierto donde también sacó a pasear los grandes éxitos de 'Motomami' y se salió del férreo guion en varias ocasiones

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Rosalía, junto a sus bailarines, en una de las canciones. Sharon López Una sinfónica Rosalía emociona y enmudece al Movistar Arena de Madrid

La artista catalana presentó 'Lux' en su primera cita en España, en un concierto donde también sacó a pasear los grandes éxitos de 'Motomami' y se salió del férreo guion en varias ocasiones

Iker Cortés

Madrid

Martes, 31 de marzo 2026, 00:31 | Actualizado 00:44h.

... que un Movistar Arena de Madrid a reventar -más de 15.600 personas- apagara sus luces para dar comienzo a una ceremonia musical que caminó con paso firme entre el montaje teatral, la experimentación y un espectáculo de pop para las masas que hace guiños a la ópera, el arte o el ballet.

En el centro, una enorme caja que una docena de bailarines abriría para descubrir a Rosalía, ataviada como una bailarina estática que acabara de salir de una antigua caja de música. La ovación fue intensísima. A ambos lados del escenario, dos enormes pantallas verticales cooperaban para que el más alejado de los espectadores no se perdiera nada. La realización, en este sentido, poco tenía que ver con la de 'Motomami', donde los propios bailarines ejercían de camarógrafos. Aquí varias cámaras robotizadas juegan con la luz y las sombras a diferentes alturas del escenario, sin entorpecer la vista de quien está atento a lo que ocurre sobre las tablas, y cuando algún cámara entra en escena, no enturbia la puesta en escena elegante y equilibrada. Puso énfasis Rosalía en que había cantado en 14 idiomas para este disco y por eso, en la parte superior del escenario, se pasan los rótulos de todas las canciones con su traducción en castellano. Puede que haya habido un intento de convertir el concierto en un gran karaoke, pero si ha sido así, desde luego se ha errado.

Porque esta noche había cierto aire de solemnidad, de asistir a un hito difícilmente repetible. Al fin y al cabo, pocas veces una artista sube al escenario arropada por una veintena de músicos y en un formato de orquesta de cámara. Pero es que solo así se podía trasladar la apabullante riqueza sonora de 'Lux', a la que la cantante llegó después del minimalista y juguetón 'Motomami'.

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Rosalía, durante el concierto. Sharon López

Solemnidad que incluso se apreciaba también en la selección musical previa al concierto, donde salvo alguna que otra pieza flamenca, como el 'Llantos por Soléa en la Calle del Arquillo', de Diego el del Gastor, sonaron piezas de Beethoven, Mozart o Tchaikovsky, todas conocidas, que no es cuestión de espantar al personal. ¿El resultado? El público supo guardar silencio cuando tenía que hacerlo y supo también despendolarse cuando la Rosalía se ponía más urbana y latina.

Arrancó la catalana como arranca 'Lux', sirviendo en los primeros compases 'Sexo, violencia y llantas' y 'Reliquia'. Sería al escuchar las primeras notas de violín, cuando esbozaría una sonrisa y una emoción que aparecería varias veces a lo largo de la noche. «Madrid, muchas gracias», dijo tras terminar la canción, llevándose la mano al corazón y visiblemente emocionada. Tras una 'Porcelana' hipnótica y un 'Divinize' elegantísimo, donde las bailarinas juega con unas gasas que elevan al cielo, llegó el primer gran momento de la noche.

«Buenas noches, Madrid. ¿Cómo estamos esta noche? Yo estoy muy feliz de estar aquí», decía mientras le ponían un velo. «La semana pasada estuve un poco delicadilla de salud, pero estoy mucho mejor. Además, que me encanta haber vuelto aquí. Si lo pienso, hace más de una década que vengo a Madrid, quiero mucho a esta ciudad y tengo muchos recuerdos. Vine a Casa Patas -un tablao de flamenco- y sentí el duende como en ningún lugar. ¿Quién me iba a decir que estaría aquí llenando esto y acompañada por todos vosotros. Estoy muy agradecida de poder compartir esto con todos vosotros«, expresó antes de interpretar su aria, 'Mio Cristo piange diamanti'. El Movistar Arena de Madrid enmudeció con un silencio sepulcral.

Aún quedaban tres actos por delante y un intermedio. Como si fuera un gran espectáculo teatral, entre acto y acto, por las pantallas del escenario se introducían sketches o se jugaba con el público. El primero de ellos colocó a los bailarines imitando a la diva, demostrando que ni siquiera ella se toma tan en serio. El acto dos fue el momento de la catarsis. Comenzó con una Rosalía luciferina, con cuernos y de negro, interpretando 'Berghain', que arropada por la orquesta de cámara, sonó rotunda y atronadora, si bien la música a veces opacaba la prodigiosa voz de la diva. 'Berghain' acabó con el remix en clave techno de Conrad Taylor, que convierte el final de la pieza en una rave. Fue muy apropiado porque los siguientes temas abrirían espacio para la pista de baile: 'Saoko', 'La fama' y 'La combi Versace'. Rosalía no dejaba de retar con lamirada a una audiencia que por fin se levantaba de sus asientos para bailar. Con la mirada y también con las palabras: «Esta noche es especial porque es la primera noche del 'Lux Tour' en la capital, para todas mis chulapas y mis chulapos. Pero, ¿quién de aquí se conoce 'Motomami'? Pues esta de aquí es pa ti», decía mientras empezaban a sonar los primeros acordes de 'La fama' y los esforzados bailarines replicaban algunas de las coreografías de la gira de 2023.

'De madrugá' bajó un poco el pistón, cerrando el acto 2, que tras un interludio musical, con palmas y cajones flamencos, daría el paso al tercero en el que Rosalía dosificaría fuerzas. 'El redentor', único recuerdo del fantástico 'Los Ángeles', dio paso a una versión de 'Can't Take My Eyes Off You', de Frankie Valli, que colocaba a la artista como la protagonista de un cuadro a la algunos de sus fans podían hacer fotos subidos al escenario. Y entonces apareció Esty Quesada o, lo que es lo mismo, Soy Una Pringada. La 'influencer' y actriz había ido a confesarse de una mala experiencia con un hombre... «Yo lo que creo es que es...», dijo Rosalía. «Una perla», chilló el público. De las canciones del nuevo disco, esta y 'La rumba del perdón' fueron las que más vibraron entre un público consciente de que en 'Lux' no hay tanto 'hit' bailable.

Demostró Rosalía que a pesar de que estos conciertos están programados prácticamente al milímetro, puede salirse del guion sin problemas. Lo hizo cuando explicó que no tiene muchos vicios, pero que la copita de vino blanco no se la quite nadie. «¡Tu no tienes vicios porque el vicio eres tú!», le contestó una tal Eugenia a la que no solo le dedicó 'Sauvignon blanc', sino que luego saludaría cuando se acercó al miniescenario con el resto de músicos. Interpretó junto a ellos 'Dios es un stalker', 'La rumba del perdón' y una 'CUUUUuuuuuute' que acabaría en trance ravero con un botafumeiro a todas luces loquísimo.

El cuarto acto dejaría caer 'Bizcochito', 'Despechá', 'Novia robot' y 'Focu 'ranni'. «Madrid, aquí os gusta el mambo, que viva el mambo dominicano y que viva el flamenco y que vivan todas las músicas», apuntaba Rosalía. «Madrid no quiero irme sin daros las gracias, lo estoy gozando mucho y aunque es la primera, no me voy a olvidar de esta noche, ha sido especial», concluía, para volver con un bis final, 'Magnolias', que volvió a emocionar y a enmudecer al Movistar Arena de Madrid. No se lo merecían porque nadie lo pidió, como viene siendo costumbre en los conciertos desde hace unos años.

Nadie se quiso perder el primer concierto en Madrid. Por ahí estaban Ignatius, Pedro Almodóvar, Paula Púa, Nacho Abad, Pedro Pascal o Arturo Valls.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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