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¿Una vía para la desescalada o un tiempo para el rearme?

¿Una vía para la desescalada o un tiempo para el rearme?
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La aguja de marear¿Una vía para la desescalada o un tiempo para el rearme?
  • JAVIER AYUSO
Actualizado 24 MAR. 2026 - 01:52Trump anunció ayer una tregua de cinco días en sus ataques a Irán.ABEDIN TAHERKENAREHEFE

Donald Trump anunció ayer en su cuenta de redes sociales una tregua de cinco días en sus ataques a Irán, ante el inicio de unas conversaciones con el régimen de los Ayatolás que desmienten en Teherán. Una decisión que plantea un importante interrogante. ¿Busca el presidente de Estados Unidos una vía para la desescalada o se trata solamente de ganar tiempo para rearmarse ante una guerra en la que está fracasando? La respuesta la conoceremos dentro de poco.

Para entender el movimiento de la Casa Blanca hay que analizar las últimas noticias de un conflicto que ha puesto patas arriba la economía mundial. Sin ir más lejos, la Agencia Internacional de la Energía afirmó ayer que la guerra traerá las peores consecuencias económicas globales en mucho tiempo. Pero no solo eso; el bloqueo iraní al tráfico de buques por el estrecho de Ormuz, junto a los ataques a instalaciones petrolíferas y gasistas en los países del Golfo Pérsico ha disparado el precio de la energía y ha obligado a la práctica totalidad de los países occidentales a revisar a la baja sus previsiones de crecimiento y al alza las de inflación y los tipos de interés, mientras los mercados financieros de desplomaban. Todo ello, sin contar con que los escudos contra los ataques de misiles y drones de Irán contra Israel y las monarquías del petróleo están empezado a fallar y que los arsenales militares de ambos bandos están bajo mínimos.

Después de casi cuatro semanas del inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán, muy pocos dudan ya de que ha sido una decisión desastrosa. No solo por ser ilegal e ilegítima, saltándose el derecho internacional, sino porque el falso objetivo de acabar con el régimen iraní se ha demostrado imposible y las negativas consecuencias de la guerra no se han hecho esperar. Tampoco se ha podido demostrar que Irán estaba a punto de poder fabricar bombas atómicas, como sucedió cuando Occidente justificó su ataque a Irak porque tenía armas de destrucción masiva.

Sigue siendo una incógnita si fue Benjamin Netanyahu el que empujó a Trump a la guerra, o fue de mutuo acuerdo. Qué más da. El resultado es que, como cuando Vladímir Putin invadió Ucrania pensando que el conflicto acabaría en cuestión de semanas, los bombardeos de Estados Unidos e Israel no han conseguido desmantelar el poder ofensivo de los iraníes, que han respondido con la misma violencia a los ataques. Las muertes de sus líderes han situado al frente de la dictadura persa a políticos más radicales y con un enorme deseo de venganza.

Tampoco puede presumir el presidente de Estados Unidos de que la guerra le esté proporcionando buenos resultados en su política interna. Al contrario, las encuestas señalan que una mayoría de norteamericanos está en contra de los ataques, mientras sufren las consecuencias sobre su propia economía. Si el inquilino de la Casa Blanca pensaba que un enemigo externo le ayudaría a hacer olvidar sus escándalos internos y remontar con vistas a las elecciones de mitad de legislatura, previstas para noviembre, los hechos demuestran lo contrario.

Líder autócrata

Su reputación sigue en caída libre y su imagen pública se define cada vez más como un líder autócrata que no respeta el derecho internacional, que actúa a impulsos de su propia vanidad y que desprecia a todos los países, organizaciones internacionales y presidentes de gobierno que no le bailan el agua. Y desde el punto de vista económico, la petición del Pentágono de recibir otros 200.000 millones de dólares para financiar esta guerra ha sido muy mal recibida por una población que observa cómo los únicos beneficiados por el conflicto son las empresas de armamento y defensa, mientras sus condiciones de vida se deterioran día a día.

Sus relaciones con Israel también le están pasando factura. Cuando estaba consiguiendo hacer olvidar su apoyo al genocidio en Gaza, Netanyahu le ha empujado a atacar a Irán, mientras ha vuelto a bombardear en el Líbano, con la excusa de acabar con la milicia chiíta de Hezbolá. Otros cientos de civiles masacrados y la amenaza de invadir, incluso anexionarse, su vecino del norte, mientras Estados Unidos mira para otro lado. Más pronto que tarde, le acabará pasando factura.

En su ofensiva belicista y su política de cambiar el orden mundial por la fuerza, Donald Trump se ha encontrado esta vez con la oposición de la Unión Europea, que llevaba varios años agachando la cabeza ante sus disparates. La actuación valiente y decidida de Pedro Sánchez frente a la guerra en Irán ha conseguido movilizar a los principales líderes europeos, tras unos primeros días de indecisión y de apoyo implícito a los bombardeos en Oriente Medio.

Tras las incomprensibles palabras de Ursula von der Leyen en defensa del nuevo orden mundial que el presidente de Estados Unidos quiere imponer, se produjo un movimiento en las principales capitales europeas, en la línea que defendió Sánchez desde el primer momento. Todo concluyó con la declaración de la Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, afirmando que "esta no es nuestra guerra". La decisión de no participar en la ofensiva ha hecho mella en Trump, aunque no le ha impedido seguir presionando a sus aliados para formar una fuerza conjunta para acabar con el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz. Habrá que ver en qué queda eso.

Ayer empezaron los cinco días de tregua anunciados por la Casa Blanca. Trump declaraba desde Palm Beach que "ellos nos llamaron; ¡yo no llamé! Ellos marcaron primero, porque están desesperados por llegar a un acuerdo... y nosotros estamos más que listos. Pero tiene que ser un acuerdo increíble, el mejor acuerdo, o no hay trato". Después presumió de que "mi vida entera es negociar; todo lo que hago es negociar; desde que nací no hago otra cosa que grandes acuerdos". El narcisismo no parece tener límites.

El anuncio del presidente de Estados Unidos se produce cuando estaba a punto de cumplirse el ultimátum de 48 horas a Teherán para que reabriera el estrecho de Ormuz o se expusiera a bombardeos contra sus instalaciones energéticas. Mientras tanto, sigue el despliegue militar norteamericano en la zona, que incluye varios miles de marines ante una posible invasión terrestre.

Acuerdo de paz

Ayer también trascendió que Netanyahu y el vicepresidente, J.D. Vance mantuvieron una conversación telefónica para avanzar en los términos de un posible acuerdo de paz con Irán. Entre los asuntos a discutir estarían las garantías de seguridad para Israel, los mecanismos de verificación del desarme iraní y el papel de EEUU y otros actores regionales en la supervisión de cualquier alto el fuego o arreglo político duradero. Frente a ellos, la postura oficial de régimen de Teherán es negar que exista cualquier negociación, ni siquiera diálogo con sus enemigos.

Comienza la cuenta atrás de esos cinco días de tregua anunciados por Donald Trump, durante los que se desarrollarán unas negociaciones desmentidas por Irán. En este ambiente desquiciado, se abre una esperanza por lo menos de desescalada de un conflicto que está causando decenas de miles de muertos civiles y poniendo a la economía global en serios aprietos.

Habrá que comprobar si las conversaciones avanzan o si se quedan en una nueva fábula, como cuando se reunieron Trump y Putin para acabar con la guerra en Ucrania. Por lo pronto, ayer dejaron de escucharse los sonidos mortales de misiles y drones persiguiendo objetivos en ambos lados de la zona de conflicto.

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Fuente original: Leer en Expansión
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