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Una visita a la acampada

Una visita a la acampada
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Ante esta segunda enrabietada cita en la Puerta del Sol de Madrid, Pedro Sánchez pretende lanzar una opa por fusión a la comunidad nacional de los zurdos 'woke' y radicales. Los sueños del perdidamente envanecido crean tales monstruos. Leer
PolíticaUna visita a la acampada
  • TOM BURNS MARAÑÓN
Actualizado 9 OCT. 2026 - 01:12La acampada de la Puerta del Sol de Madrid, ayer.A. Pérez Meca / Europa PressSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Ante esta segunda enrabietada cita en la Puerta del Sol de Madrid, Pedro Sánchez pretende lanzar una opa por fusión a la comunidad nacional de los zurdos 'woke' y radicales. Los sueños del perdidamente envanecido crean tales monstruos.

Antes de ayer, me encontré cerca de la madrileña Puerta del Sol con un viejo amigo de familia que ahora escribe novelas y antes fue un buen analista político. Le invité a acompañarme porque pensaba visitar la revuelta contra la inexistencia de vivienda asequible. Me dijo que había quedado en almorzar y que quizás iría después porque la acampada y sus consecuencias le intrigaban tanto a él como a mí. Y me habló de la de los indignados del 15-M hace quince años.

Mi viejo amigo tenía en aquella época un cargo de cierta responsabilidad en La Moncloa como asesor del Gobierno socialista que presidía José Luis Rodríguez Zapatero. Al crecer la protesta de los del "no nos representan", envió a unos colegas más jóvenes que él al lugar del motín pidiéndoles que se mezclasen con los jaraneros y que se enterasen un poco de quiénes eran estos repentinos alborotadores que habían ocupado el kilómetro cero de España.

"Lo que ocurría cogió al Gobierno totalmente por sorpresa", me dijo mi amigo. "Nadie sabía absolutamente nada". Algo muy parecido ha sucedido con esta segunda acampada en el mismo lugar, que, tras las de la invasión de Ceuta, ha vuelto a situar la imagen de España como problema en las portadas de los medios internacionales.

El sanchismo no esperaba que el desahucio en camilla y ante las cámaras de una anciana sería la mecha que incendiaría el polvorín. El despiste se entiende porque llevaba ocho años conviviendo alegremente con ese arsenal que no hacía más que crecer.

Tampoco pensaba Pedro Sánchez que una algarada le forzaría a convocar elecciones. Estaba convencido de que el hombre masa que fuerza el ritmo de los acontecimientos estaba con él y en el lado correcto de la historia. Creía que un decreto ley de vivienda, de hecho dos decretos, a tiempo calmarían la súbita tormenta. La muerte de Maricarmen Abascal a los 87 años el miércoles fue un "asesinato", según los de la acampada y a los porristas, que dicen en México, del sanchismo les faltó tiempo para acusar del crimen a la "inhumana" derecha. Y a estas alturas, conociéndole como se le conoce, Sánchez no sería Sánchez si no pensase que no hay mal que por bien no venga.

Rememorando con aquel viejo amigo el 15-M que tanto sorprendió al establishment político de 2011, recordé cómo a corto plazo el tiro les salió por la culata a aquellos que se mostraban tan indignados con los que entonces mandaban. En las elecciones generales celebradas en noviembre de ese año, el Partido Popular, que desde luego no les representaba, echó a los socialistas del poder con una contundente mayoría parlamentaria.

Sin embargo, en el medio plazo la acampada hace tres lustros logró fracturar la hegemónica izquierda que Felipe González había creado en el posfranquismo. Y, de paso, consiguió con ello deslegitimar el bipartidismo de la Transición a la Democracia. Al cisma en la izquierda le siguió otro en la derecha.

La consecuencia del movimiento 15-M fue que cuando el centroderecha se hundió tras dispararse varios tiros en la nuca, Sánchez se vio obligado a gobernar con Unidas Podemos, cuyos líderes se consideraban los herederos naturales de la acampada, y luego con Sumar, una oportunista y no menos populista escisión de aquellos 'enragées' de primera hora.

Sin embargo, las insurgencias sobrevenidas que para los no resilientes y expertos en resistencia son un grandísimo contratiempo, para Sánchez son una oportunidad. Ante esta segunda enrabietada cita en la Puerta del Sol, Sánchez pretende lanzar una opa por fusión a la comunidad nacional de los zurdos 'woke' y radicales. Los sueños del perdidamente envanecido crean tales monstruos.

El secretario general del Partido Socialista va camino de ser la reedición, en fino, del Francisco Largo Caballero que se rebeló contra una rentista y aburguesada II República que andaba ligera de convicciones obreristas. Y, también, la de ser la versión hispana y bastante más físicamente favorecida de Jean-Luc Mélenchon, el dogmático líder de La 'France Insoumise'.

Al igual que el sindicalista que apodaban el Lenin español, Sánchez es el socialista que pierde progresivamente cualquier lealtad que tuvo con las instituciones de la democracia liberal. Rechaza y pisotea sus controles y equilibrios en el Parlamento y en la judicatura porque frenan sus totalitarias ambiciones.

Y es así como Sánchez se convierte, de la cabeza a los pies, en el carismático rebelde contemporáneo, el ególatra sin solución de continuidad, que agrupa bajo su paraguas a socialistas, comunistas y verdes. Y, a la vez, a los indignados y a los insumisos de todo pelaje.

El todavía presidente del Gobierno lo tiene muy claro y quiere que los españoles lo tengan también. Dice que el último domingo del próximo mes de noviembre los españoles han de elegir entre "retroceder", arrastrados por las "derechas", o "seguir avanzando" de la mano de un Gobierno progresista dirigido por él que garantiza la continuidad de los "derechos" "conquistados" por el pueblo. Las arengas electorales son así de ramplonas. Pero, lo que no está nada claro es si estas del sanchismo tabernario van a surtir el efecto deseado. ¿Le escucharán a Sánchez los acampados? Quizás no. ¿Le creerán y le harán caso? Puede que tampoco.

Las imágenes de la acampada en la Puerta del Sol no trasladan suficientemente la seriedad y el empecinamiento de la protesta. A quien visita la acampada llaman la atención los tablones de anuncios que dan cuenta de desahucios previstos en Madrid y convocan a impedirlos. No informan, ni mucho menos detallan, la astucia de un Sánchez que recurre a la Diputación Permanente del Congreso para convalidar sus decretos de vivienda. Los insurgentes lo ignoran.

La acampada de la Puerta del Sol es una zona apretujada pero tranquila, limpia y ordenada con espacios que pasan por ser parafarmacias y centros de salud, comedores y lugares de reunión. También librerías con todos los textos sagrados del anarquismo y del marxismo-leninismo que se quieran.

Profesionales del 'agitprop'

Quienes lo mantienen así son profesionales del 'agitprop' curtidos en protestas que van desde las vecinales a las propalestinas tan queridas por el izquierdismo cosmopolita pasando por las ecologistas. Se palpa en esta juventud acampada un sentido de propósito que en este caso es muy sólido y que hasta ahora ha sido pacífico. Sería un grave error minusvalorar la eficacia de esta particular movilización antisistema, puesto que el bloque occidental está ya de por sí amenazado por la guerra híbrida que libra Rusia. La geopolítica se ha vuelto infinitamente más volátil en los últimos quince años y en el medio plazo, incluso en el corto, esta segunda acampada puede que tenga consecuencias mucho más peligrosas que la anterior para la democracia liberal.

Quien no ha dudado en caracterizar a Sánchez como un Largo Caballero y un Mélenchon es José María Aznar. El expresidente del Gobierno dice a quien le quiera escuchar que las elecciones del 29 de noviembre son transcendentes porque en ellas se juega el futuro de la monarquía parlamentaria. Si Sánchez renueva el pacto de Frankenstein la excepcionalidad española volverá a sorprender a propios y extraños porque se abrirá el paso a la República Confederal.

Tras el recorrido por la acampada me encontré con otro viejo y muy anglófilo amigo que en otro tiempo tuvo un perfil público importante y que ahora se ha retirado, dedicado a la lectura, a sus cuarteles de invierno. Hablamos de una derecha que parece tener vértigo a la hora de votar y teme que el fraude le entregue de nuevo el poder a Sánchez.

Esa España liberal, conservadora y constitucional no cae en la cuenta de que las elecciones son suyas para perder si persiste con sus miedos y sus desconfianzas. Hacen mella en ella la diatribas que lanza Sánchez contra una "ola ultraderechista que involuciona"; la preocupa ser vista como una "minoría privilegiada de élites"; retrocede ante quien se autoproclama como un "baluarte de apertura, de justicia social y de responsabilidad medioambiental".

Este amigo recomienda estudiar a Michael Oakeshott, un filósofo inglés que murió en 1990 y fue una rara avis conservadora como profesor en la muy progresista London School of Economics. Oakeshott escribió mucho sobre la filosofía de la historia y sobre la religión, la educación y la estética.

En un célebre ensayo titulado 'Sobre el ser conservador', Oakeshott explicó que el serlo es "preferir lo familiar a lo desconocido, lo probado a lo no probado, el hecho al misterio, lo actual a lo posible, lo limitado a lo ilimitado, lo cercano a lo distante, lo suficiente a lo abundante, lo conveniente a lo perfecto y la risa del día a día a la felicidad utópica".

Son recomendaciones que a las puertas de unas cruciales elecciones bien podría tener en cuenta todo visitante a la acampada.

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Fuente original: Leer en Expansión
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