A veces los mayores descubrimientos paleontológicos no ocurren en excavaciones planificadas y con grandes estudios a sus espaldas, sino por pura casualidad en lugares donde no debería haber nadie. Esto es precisamente lo que ocurrió en 2019 en el Monte Còrneo en Italia donde dos escaladores se adentraron en una zona restringida del parque natural y se toparon con algo que no encajaba en la roca: cientos de marcas extrañas en una pared vertical.
Ya sabemos lo que es. Ahora, un estudio publicado en Cretaceous Research ha revelado qué son realmente esas marcas: el rastro fósil de una estampida de tortugas marinas huyendo despavoridas de un terremoto ocurrido hace 80 millones de años.
En Xataka
Un buscador de fósiles aficionado está detrás de un curioso hallazgo: vómito de la era de los dinosaurios
La zona prohibida. El descubrimiento se atribuye a Luca Natali y Paolo Sandroni, quienes escalaban una pared de piedra caliza en la formación Scaglia Rossa. Y lo que encontraron no fue ni más ni menos que un lienzo de más de 1.000 huellas distribuidas en un área de unos 200 metros cuadrados.
La ubicación donde se encontraron no es algo menos, puesto que es clave y a la vez problemática. Al tratarse de una pared vertical, que en el Cretácico era un fondo marino plano, el acceso para los científicos era casi imposible. Es por ello que tuvieron que recurrir a drones para poder mapear fotogramétricamente el sitio y estudiar los surcos sin arriesgar la vida de ningún investigador.
CSI Cretácico. Para poder esclarecer este descubrimiento los investigadores usaron la magnetostratigrafía, el análisis de polaridad magnética de las rocas, para fechar el evento en el Campaniense, hace unos 80 millones de años.
La escena. Para ubicarnos, hace 80 millones de años esta pared vertical era un fondo marino profundo que se encontraba a unos 300 metros de profundidad, completamente tranquilo y fangoso. Pero un terremoto sacudió la zona, provocando una reacción inmediata: un grupo de tortugas marinas entraron en pánico. Y como haría cualquiera, la reacción fue comenzar a nadar de manera frenética hacia aguas más profundas, golpeando el fondo con sus alertas y dejando esas marcas semilunares.
Minutos u horas después del paso de las tortugas, una avalancha de sedimentos provocada por el mismo terremoto, conocida como turbidita, cubrió las huellas instantáneamente, sellándolas como si fuera una "Pompeya submarina".
Por qué tortugas. La identificación de estas huellas no ha sido una tarea fácil para los investigadores que han tenido que ir descartando entre las posibilidades que tenían delante. En un principio, se consideraron otros habitantes del Cretácico como peces, plesiosaurios o mosasaurios. Sin embargo, el análisis de los surcos contó otra historia.
Lo primero a tener en cuenta es que peces no podían ser porque las marcas tenían simetría bilateral. Tampoco podrían ser plesiosaurios puestos que el patrón de las marcas no encajaban con el movimiento de cuatro aletas de estos reptiles. De esta manera, para los investigadores, las marcas semilunares, consistentes con aletas de tortuga, no dejaron duda de que se trataba de este animal marino de la época.
En Xataka
El alucinante mundo de los "fósiles vivos", especies que pasan miles de millones años sin mutaciones relevantes
Escepticismo sano. Como suele ocurrir en paleontología, no todo el mundo está convencido al 100%. De este modo, hay diferentes expertos con gran renombre que señalan que, aunque la teoría sísmica es sólida, atribuir las marcas definitivamente a las tortugas requiere de una mayor evidencia comparativa, dando que es un registro fósil raro en los entornos pelágicos profundos.
Aunque lo verdaderamente interesante en este caso no la especie, sino el cambio de paradigma. Ahora mismo, la mayoría de los fósiles nos hablaban de la muerte de un animal o de su anatomía. Pero ahora hemos visto como estas huellas nos hablan de su comportamiento en un momento de terror vivido hace millones de años.
Imágenes | Cretacecous Research
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La noticia
Unos escaladores vieron algo extraño en una pared: la huella de una estampida de tortugas de hace 80 millones años
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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Unos escaladores vieron algo extraño en una pared: la huella de una estampida de tortugas de hace 80 millones años
La localización de la pared hizo que su análisis no fuera algo sencillo de hacer
A veces los mayores descubrimientos paleontológicos no ocurren en excavaciones planificadas y con grandes estudios a sus espaldas, sino por pura casualidad en lugares donde no debería haber nadie. Esto es precisamente lo que ocurrió en 2019 en el Monte Còrneo en Italia donde dos escaladores se adentraron en una zona restringida del parque natural y se toparon con algo que no encajaba en la roca: cientos de marcas extrañas en una pared vertical.
Ya sabemos lo que es. Ahora, un estudio publicado en Cretaceous Research ha revelado qué son realmente esas marcas: el rastro fósil de una estampida de tortugas marinas huyendo despavoridas de un terremoto ocurrido hace 80 millones de años.
La zona prohibida. El descubrimiento se atribuye a Luca Natali y Paolo Sandroni, quienes escalaban una pared de piedra caliza en la formación Scaglia Rossa. Y lo que encontraron no fue ni más ni menos que un lienzo de más de 1.000 huellas distribuidas en un área de unos 200 metros cuadrados.
La ubicación donde se encontraron no es algo menos, puesto que es clave y a la vez problemática. Al tratarse de una pared vertical, que en el Cretácico era un fondo marino plano, el acceso para los científicos era casi imposible. Es por ello que tuvieron que recurrir a drones para poder mapear fotogramétricamente el sitio y estudiar los surcos sin arriesgar la vida de ningún investigador.
CSI Cretácico. Para poder esclarecer este descubrimiento los investigadores usaron la magnetostratigrafía, el análisis de polaridad magnética de las rocas, para fechar el evento en el Campaniense, hace unos 80 millones de años.
La escena. Para ubicarnos, hace 80 millones de años esta pared vertical era un fondo marino profundo que se encontraba a unos 300 metros de profundidad, completamente tranquilo y fangoso. Pero un terremoto sacudió la zona, provocando una reacción inmediata: un grupo de tortugas marinas entraron en pánico. Y como haría cualquiera, la reacción fue comenzar a nadar de manera frenética hacia aguas más profundas, golpeando el fondo con sus alertas y dejando esas marcas semilunares.
Minutos u horas después del paso de las tortugas, una avalancha de sedimentos provocada por el mismo terremoto, conocida como turbidita, cubrió las huellas instantáneamente, sellándolas como si fuera una "Pompeya submarina".
Por qué tortugas. La identificación de estas huellas no ha sido una tarea fácil para los investigadores que han tenido que ir descartando entre las posibilidades que tenían delante. En un principio, se consideraron otros habitantes del Cretácico como peces, plesiosaurios o mosasaurios. Sin embargo, el análisis de los surcos contó otra historia.
Lo primero a tener en cuenta es que peces no podían ser porque las marcas tenían simetría bilateral. Tampoco podrían ser plesiosaurios puestos que el patrón de las marcas no encajaban con el movimiento de cuatro aletas de estos reptiles. De esta manera, para los investigadores, las marcas semilunares, consistentes con aletas de tortuga, no dejaron duda de que se trataba de este animal marino de la época.
Escepticismo sano. Como suele ocurrir en paleontología, no todo el mundo está convencido al 100%. De este modo, hay diferentes expertos con gran renombre que señalan que, aunque la teoría sísmica es sólida, atribuir las marcas definitivamente a las tortugas requiere de una mayor evidencia comparativa, dando que es un registro fósil raro en los entornos pelágicos profundos.
Aunque lo verdaderamente interesante en este caso no la especie, sino el cambio de paradigma. Ahora mismo, la mayoría de los fósiles nos hablaban de la muerte de un animal o de su anatomía. Pero ahora hemos visto como estas huellas nos hablan de su comportamiento en un momento de terror vivido hace millones de años.