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«Urbanizar en zonas vulnerables fue rentable a corto plazo, pero el coste de reparar los daños lo asume la sociedad»

«Urbanizar en zonas vulnerables fue rentable a corto plazo, pero el coste de reparar los daños lo asume la sociedad»
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Enrique Navarro, catedrático del Departamento de Geografía en la UMA y director del IATUR, analiza cómo el cambio climático obliga a repensar el diseño urbano en la Costa del Sol tras los estragos de las inundaciones

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Efectos borrasca Leonardo en la provincia de Málaga 2026. Salvador Salas «Urbanizar en zonas vulnerables fue rentable a corto plazo, pero el coste de reparar los daños lo asume la sociedad»

Enrique Navarro, catedrático del Departamento de Geografía en la UMA y director del IATUR, analiza cómo el cambio climático obliga a repensar el diseño urbano en la Costa del Sol tras los estragos de las inundaciones

Carmen Barainca

Jueves, 5 de marzo 2026, 13:23

... orilla. Enrique Navarro (Málaga, 1970), catedrático del Departamento de Geografía en la UMA y director del IATUR, advierte de esa vulnerabilidad y analiza cómo el cambio climático obliga a repensar el diseño urbano en la Costa del Sol: «No basta con proteger la costa; hay que reescribir el urbanismo con la lluvia en mente». Y demuestra que lo que parecía rentable a corto plazo al urbanizar zonas vulnerables, «termina generando un coste mayor para la sociedad».

–¿Qué ha diferenciado a la borrasca Leonardo de otros temporales recientes que no tuvieron un impacto tan significativo en Málaga?

–La combinación de persistencia de lluvias intensas más suelos cargados, con acumulados de más de 200 mm. A ello se une el fuerte viento y el temporal en el mar de Alborán. Fue un episodio multirriesgo.

–¿Hasta qué punto puede vincularse la borrasca Leonardo al cambio climático?

–Todos los diagnósticos climatológicos establecen que el aumento de la temperatura es causado por el cambio climático. Si el mar se calienta y hay una atmósfera más cálida con mayor cantidad de vapor de agua, se alimentan precipitaciones más intensas y persistentes. Debemos asumir que estos cambios no van a menos y proponer acciones de adaptación. El 99 % de los climatólogos coinciden en el diagnóstico. No solo ha aumentado casi un 30 % la frecuencia de fenómenos catastróficos, también su intensidad. Negarlo solo nos paraliza.

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Enrique Navarro, catedrático del Departamento de Geografía en la UMA y director del IATUR. SUR

«A veces aparcamos en un arroyo y nos sorprende que el agua se lleve el coche»

–¿Qué papel juega la orografía y el uso del suelo en Málaga?

–Tenemos cauces inestables que pueden llenarse en minutos. Que una rambla esté seca diez años no significa que no vuelva a llenarse y aún así nos instalamos en espacios vulnerables. En Málaga hemos llegado a aparcar coches en mitad de un arroyo, en El Limonar, y cuando llueve fuerte se los lleva el agua. No es extraño. Lo raro es tener un aparcamiento en un arroyo. Cuando compramos una casa o aprobamos un plan urbanístico, rara vez pensamos en el riesgo, pero la ubicación es determinante. Muchos daños se podrían evitar si se planificara teniendo en cuenta el comportamiento del agua. El territorio tiene memoria: el agua siempre busca su camino, aunque llevemos años sin verla correr.

–⁠Tras el paso de la borrasca Leonardo, ¿qué vulnerabilidades estructurales se han evidenciado en Málaga y qué riesgos siguen latentes?

–Son tres vulnerabilidades «de manual». La ocupación de zonas de inundación como el Guadalhorce y Campanillas, con usos de suelo sensibles al borde de los cauces fluviales; la red de drenaje urbano insuficiente en una ciudad cada vez más impermeable; y la gestión condicionada por intereses. Sabemos dónde está el riesgo, pero lo toleramos porque mover actividades cuesta dinero. Algunos polígonos industriales están junto a cauces de ríos. Desmontarlos sería costoso y afectaría al empleo. Esas decisiones pesan más que el riesgo. El resultado es que terminamos pagando más. Urbanizar en zonas vulnerables fue rentable a corto plazo, pero el coste de reparar los daños lo asume después toda la sociedad. Es una cuestión económica, no solo ecológica.

«No podemos postergar decisiones por contravenir intereses económicos o sociales»

–¿Existen previsiones específicas para Málaga?

–No son predicciones exactas, sino escenarios climáticos. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) trabaja en ellos desde hace décadas. Algunos cambios son moderados, otros radicales. Pero todos confirman un incremento de temperaturas, fenómenos extremos e inundaciones en la franja litoral. Es un conocimiento científico sólido, no una intuición.

–Desde su experiencia en turismo y territorio, ¿qué carencias observa en la estructura urbanística de Málaga?

–La principal es la falta de previsión. Negar el cambio climático no lo hace desaparecer. Afecta sobre todo a la primera línea de costa, por las inundaciones y por el incremento e intensidad de las olas de calor. Necesitamos repensar el urbanismo: parques inundables, cordones dunares, refugios climáticos, sombra natural. En Alicante ya se implantan parques inundables con éxito.

–¿Por qué no se hace aquí?

–Por inercia y, a veces, por presupuesto. Simplemente no se tiene en cuenta. Hay plazas nuevas sin árboles ni sombras, cuando está demostrado científicamente que estos espacios de sombra pueden reducir cuatro grados la temperatura. Son detalles que marcan la diferencia. Por ejemplo, el parque comercial del Rincón de la Victoria se asienta sobre el arroyo de Totalán, y hay proyectos hoteleros en primera línea de playa. Sabemos que el mar subirá y que las tormentas serán más intensas, pero seguimos edificando ahí. El impacto posterior siempre es más caro y conflictivo que la prevención.

–¿Qué medidas concretas propone para mitigar estos riesgos?

–Primero, conocimiento: saber en qué contexto se construye. Segundo, evitar zonas de riesgo, aunque el suelo más seguro sea más caro. Tercero, cumplir las leyes y los planes urbanísticos sin excepciones. Y, por último, aplicar soluciones: alertas, información vecinal, parques inundables o, si es necesario, reorientar cauces. Es costoso, pero lo será mucho más no hacerlo. No podemos parar el mar.

–¿Hasta qué punto habrá que modificar la relación de Málaga con su litoral?

–Tendremos que asumir que en algunos puntos será mejor retirarse. En Mijas, por ejemplo, la mayor frecuencia de temporales marítimos está provocando que el agua llegue a las viviendas con más asiduidad. No se puede poner un espigón cada cien metros. Algunas playas deberán sacrificarse. Es duro, pero realista.

–¿Y los ciudadanos?

–Necesitan información y confianza. Hemos avanzado mucho, la población reacciona mejor ante las alertas desde la DANA de 2024. Pero ahora debemos pensar a medio y largo plazo, porque las DANAs se repetirán. Tenemos conocimiento científico y capacidad técnica; lo que falta es consenso y voluntad.

«El conocimiento no debe generar miedo, sino respuestas»

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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