El Gobierno alemán se está comprometiendo ahora a un enorme aumento del gasto en defensa, al margen de las verdaderas necesidades de la población
Regala esta noticia Añádenos en GoogleDIEGO NÚÑEZ. CATEDRÁTICO JUBILADO DE FILOSOFÍA
09/06/2026 a las 02:00h.Los últimos días han traído consigo una peligrosa escalada en el ámbito europeo que debería ser motivo de preocupación en las instancias de la Unión. ... Tanto Kiev como Moscú se encuentran ahora bajo un ataque constante: los drones ucranianos de largo alcance han penetrado profundamente en territorio ruso, y los ataques con misiles y drones rusos contra Kiev se han intensificado considerablemente. Los drones ucranianos han invadido el espacio aéreo de los países bálticos, lo que plantea la posibilidad inmediata de un incidente que podría arrastrar a Europa a la guerra. Un ataque ucraniano contra una escuela de niñas en Lugansk ha erosionado aún más lo poco que quedaba de moderación. Los ucranianos no cesan de lanzar drones contra la central nuclear de Zaporiyia, en manos rusas, como si un eventual escape radiactivo no afectara a toda Europa. El 25 de mayo, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, siguiendo instrucciones de Putin, notificó formalmente al Secretario de Estado de Estados Unidos que las Fuerzas Armadas rusas van a lanzar ahora «ataques sistemáticos y sostenidos» contra instalaciones y centros de toma de decisiones en Kiev en respuesta al episodio de Lugansk. En este sentido, ha aconsejado a Estados Unidos y a otros países que «garanticen la evacuación de su personal diplomático y demás ciudadanos de la capital de Ucrania». La guerra de Ucrania no es ya una guerra proxit, sino una guerra abierta entre Rusia y Europa. Los medios occidentales apenas informan de la gravedad de la situación, y a los dirigentes políticos les falta un mínimo de honestidad para comunicar a la población los riesgos que comportan sus decisiones políticas. Es hora ya de dejar de lado las distintas narrativas y de superar la polarización entre buenos y malos; lo que está en juego es la supervivencia física de Europa. Urge más que nunca la diplomacia en lugar de la normalización de la guerra. La mejor forma de defender a Ucrania no es continuar con el rosario de muertes y destrucción que el conflicto provoca, ni azuzar a los líderes ucranianos para que resistan a toda costa, sino trabajar por la paz.
El Gobierno alemán se está comprometiendo ahora a un enorme aumento del gasto en defensa, al margen de las verdaderas necesidades de la población. Para justificar este gasto, al igual que hacen otros dirigentes europeos, no duda en poner en circulación el consabido mantra de que Rusia va a invadir Europa y que hay que ver en ella a un enemigo peligrosísimo. De la mano de este mantra -de claro origen británico- se ha llegado al estado catastrófico en el que se halla Europa, y sobre todo, Alemania. La destrucción del Nord Stream y la consiguiente ruptura de relaciones con Rusia han llevado a Alemania a comprar gas natural a Estados Unidos a un precio cuatro veces superior al gas ruso, y con la incertidumbre además de si será suficiente en medio de la actual crisis por la guerra de Irán. Esto es un verdadero suicidio industrial. El sector químico alemán, el sector siderúrgico, la industria del vidrio, sectores todos ellos de alto consumo energético, están perdiendo competitividad día a día. Los contribuyentes alemanes están provocando de este modo una transferencia de riqueza nacional de Alemania a los productores de gas estadounidenses en una escala sin precedentes en la Europa de la posguerra.
Se trata en suma de una mala asignación de los recursos nacionales. Lo mismo podríamos decir de lo que está ocurriendo en otros países europeos. Si focalizo el problema en Alemania es por su condición histórica y demográfica dentro de Europa. Alemania debe alejarse lo más posible de esta locura belicista, a la par que debe enfatizar el papel de la diplomacia. El reto fundamental al que se enfrenta el país germano en esta década no es el rearme, sino su competitividad en la era digital. Cada euro gastado en tanques y misiles es un euro que no se gasta en la IA, en el diseño y fabricación de chips, en la infraestructura energética y en las redes digitales de alta velocidad que Alemania necesita como el comer.
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