Tu capacidad de atención y orientación pueden verse afectadas, advierten los neurólogos
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Regala esta noticia Añádenos en Google 06/06/2026 Actualizado a las 00:17h.Google Maps es una de las aplicaciones que más nos han cambiado la vida. Hace mucho que ya no le preguntamos a ningún transeúnte cómo ... llegar a determinado sitio ni consultamos un mapa de papel. Nos basta con el móvil: introducimos una dirección y en segundos obtenemos las indicaciones paso a paso y en tiempo real para llegar a pie, en coche y en transporte público.
La IA llega a Google Maps
La última actualización de Maps (disponible primero en Estados Unidos) incluye dos grandes novedades: una vista tridimensional diseñada para mostrar fielmente cruces, edificios y señales de tráfico; y la integración de la Inteligencia Artificial de Google a través de la función 'Ask Maps', con la que obtener recomendaciones personalizadas de trayectos o restaurantes.
Veneno para la memoria espacial
David Ezpeleta, vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN), nos ayuda a entender qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos orientamos de forma habitual con aplicaciones como la de Google: «Al movernos por nuestra cuenta, sin ayudas, solemos comparar alternativas, estimar distancias, fijarnos en lugares y construir un mapa mental del entorno y el trayecto. En este proceso están especialmente implicados el hipocampo, la corteza entorrinal –ambos relacionados y situados en la parte medial de cada lóbulo temporal– y las redes frontales responsables de la planificación. Sin embargo, en la orientación delegada en navegadores la tarea se simplifica: no hay que decidir tanto, sino ejecutar instrucciones. En estudios experimentales, la navegación activa se asocia con una mayor implicación hipocampal y prefrontal, pero cuando las decisiones principales vienen dadas por una guía externa, esa exigencia disminuye».
La consecuencia de esto último es una pérdida de la capacidad de orientación y de la memoria espacial, como se ha comprobado en un estudio de la Universidad de Montreal publicado en 'Scientific Reports'. Tales deterioros resultan, además, proporcionales al uso: cuanto más tiempo pasemos con la app abierta, mayor será la pérdida de habilidades. «No es que el GPS nos vuelva peores siguiendo rutas mientras lo usamos (llegando al destino), pero sí puede reducir cuánto aprendemos y luego recordamos del entorno espacial donde nos movemos», continúa el neurólogo, que también señala que, en cualquier caso, no es correcto hablar de daño cerebral o deterioro irreversible; únicamente de «cambios funcionales».
Cuestión de privacidad, atención... y rendimiento
De forma indirecta, abusar del GPS nos hace prestar menos atención al entorno: no es raro cruzarse con turistas más centrados en seguir las indicaciones de su teléfono que en disfrutar de lo que les rodea, lo que a su vez aumenta el riesgo de sufrir atropellos y robos... Esto último sin entrar en otra polémica: Maps nos puede dar las rutas más cortas para llegar a donde queremos, pero no siempre son las más convenientes desde un punto de vista práctico: pueden ser peligrosas, intransitables para cierto tipo de vehículos... Cada cierto tiempo nos enteramos de algún camionero atrapado en caminos rurales por los que su tráiler no cabe.
Los expertos en ciberseguridad también coinciden al afirmar que esta app puede convertirse en una mina de oro para los malhechores digitales, quienes pueden trazar patrones de movimiento a partir de los datos que recopila sin que muchas veces seamos conscientes. Por último, mantener la aplicación abierta durante horas –en los típicos desplazamientos de larga distancia por carretera– pone a prueba nuestro móvil. La sobrecarga de trabajo a la que sometemos tanto al procesador, como a la pantalla o a la batería pueden reducir su vida útil y obligarnos a cambiar de terminal mucho antes de lo que quisiéramos.
Trucos para entrenar tu orientación
Para mantener activa nuestra memoria espacial, desde la SEN recomiendan que antes de salir de casa con Google Maps bajo el brazo, «dediquemos unos segundos a mirar el mapa completo para hacernos una idea general y no solo pulsar el botón de inicio; localizar el destino, tener una orientación global del trayecto y ubicar dos o tres hitos relevantes por los que vamos a pasar».
Durante el trayecto también ayuda «fijarse en hitos fijos como una plaza, una iglesia, un restaurante de carretera… y preguntarse su distancia al origen y al destino». Estos simples hábitos, sentencia Ezpeleta, «favorecen la codificación de los lugares de paso y sus relaciones espaciales, compensando el coste cognitivo de confiarnos únicamente al móvil y su GPS».
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