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Vacunas contra el cáncer: la oncología preventiva explicada por un pionero

Vacunas contra el cáncer: la oncología preventiva explicada por un pionero
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Eduardo Vilar Sánchez trabaja en el Departamento de Prevención Clínica en el hospital que atiende a más pacientes con cáncer del mundo: el MD Anderson Cancer Center de Houston, en Texas. Allí desarrolla una vacuna preventiva contra una variedad hereditaria del cáncer de colon que está sentando las bases de una revolución médica. Su objetivo no es tratar esta enfermedad, sino impedir que aparezca.
El oncólogo Eduardo Vilar Sánchez en su laboratorio del MD Anderson Cancer Center de Houston (Texas). Vacunas contra el cáncer: la oncología preventiva explicada por un pionero

Eduardo Vilar Sánchez trabaja en el Departamento de Prevención Clínica en el hospital que atiende a más pacientes con cáncer del mundo: el MD Anderson Cancer Center de Houston, en Texas. Allí desarrolla una vacuna preventiva contra una variedad hereditaria del cáncer de colon que está sentando las bases de una revolución médica. Su objetivo no es tratar esta enfermedad, sino impedir que aparezca.

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Carlos Manuel Sánchez

07/07/2026 a las 13:23h.

Hay un hospital en Houston (Texas) donde se trata más cáncer que en ningún otro lugar del mundo. Se llama MD Anderson Cancer Center, ocupa ... el equivalente a una pequeña ciudad de edificios conectados por pasarelas y atiende cada año a unas 135.000 personas. Lleva desde 1990 instalado en lo más alto de la lista de los mejores hospitales oncológicos de Estados Unidos. Allí, en el Departamento de Prevención Clínica, trabaja Eduardo Vilar Sánchez (Madrid, 1978), que ha publicado en Nature Medicine el primer ensayo de una vacuna preventiva contra una variedad hereditaria del cáncer de colon.

Eduardo Vilar Sánchez. Y hay que tener mucho cuidado con eso. No es una vacuna contra el cáncer de colon en general. Es una vacuna para personas que tienen el síndrome de Lynch, una alteración genética hereditaria que dispara muchísimo el riesgo de cáncer colorrectal, y también de endometrio, de estómago, de ovario, de vías urinarias. Esas personas heredan de su padre o de su madre un fallo en el sistema que repara los errores del ADN. Y ese fallo hace que, antes o después, acumulen mutaciones y tengan un riesgo de cáncer de colon que puede llegar al 80 por ciento.

XL. Eso es casi una sentencia.

E.V.S. Para que se haga una idea: la población general tiene un riesgo de cáncer colorrectal de en torno al 4 o 5 por ciento. Un portador de Lynch no solo tiene un porcentaje mucho mayor, sino que lo sabe desde joven, porque el síndrome se detecta con un test genético. Imagínese vivir con eso encima desde los 18 años.

«Durante mucho tiempo la prevención fue la hermana pobre de la profesión. Éramos cuatro gatos. De hecho, algunos colegas me ven como un bich raro» 

XL. ¿Cómo actúa su vacuna?

E.V.S. Cuando una célula se divide, copia su ADN. Y en esa copia, a veces, se cuela un error. Todos tenemos un sistema de revisión que repasa la copia y corrige esos errores, como un corrector de textos. En las personas con síndrome de Lynch ese corrector funciona fatal. Entonces empiezan a acumularse errores y hacen que la célula fabrique proteínas raras que el cuerpo no había visto nunca. ¿Me sigue?

XL. Eso creo.

E.V.S. Vale. Porque ahora viene lo interesante: el sistema inmune ya está medio entrenado para reconocer esas proteínas raras. De hecho, intenta eliminarlas. El problema es que a veces llega tarde o se queda corto, y alguna célula se le escapa y acaba convirtiéndose en un tumor. Lo que hace la vacuna es darle el catálogo completo de esas proteínas por adelantado y con todo detalle, para que cuando aparezca una célula que las fabrica el sistema inmune ya la tenga fichada y la elimine a tiempo.

XL. ¿Como la vacuna de la gripe?

E.V.S. La lógica es la misma. Usted se vacuna de la gripe para entrenar a su sistema inmune contra la cepa de ese año, de modo que si se sube al autobús y el de al lado le estornuda encima su cuerpo ya sabe defenderse. Pues esto es parecido, solo que, en vez de entrenarlo contra algo que viene de fuera, lo entrenamos contra unas proteínas anómalas que produce el propio cuerpo.

XL. Pero vacunas contra el cáncer ya existían. La del papiloma, sin ir más lejos.

E.V.S. Sí, pero son otra cosa. La vacuna del papiloma previene el cáncer de cuello de útero, y la de la hepatitis B previene cánceres de hígado. Pero ninguna de las dos ataca al cáncer. Atacan a un virus. El papiloma es un virus que se contagia y que, años después, puede provocar un cáncer. Y hacer eso es relativamente fácil, porque el virus es algo externo y el sistema inmune está diseñado para atacar lo que viene de fuera.

XL. ¿Y lo suyo es más difícil porque…?

E.V.S. Porque la inmensa mayoría de los cánceres no los causa ningún virus. Surgen de tus propias células, que en algún momento se estropean y empiezan a dividirse sin control. Y ahí está el problema: esas células son tuyas. El sistema inmune, por diseño, evita atacar lo propio, porque si no viviríamos todos con enfermedades autoinmunes. Entonces, ¿cómo le enseñas a atacar algo que es tuyo sin que se vuelva loco? Eso es lo que nadie había conseguido de forma preventiva.

«Vacunas como la del papiloma atacan a un virus, pero la mayoría de los cánceres no los causa un virus. Surgen de tus propias células. Y es difícil que el sistema inmune ataque lo propio sin volverse loco. En esas vacunas trabajamos ahora» 

XL. He leído que su vacuna es muy distinta de otras de las que se habla últimamente. Las de melanoma, las de páncreas.

E.V.S. Las vacunas contra el cáncer que están dando titulares ahora mismo son personalizadas. A un paciente con melanoma le cogen su tumor, lo secuencian, identifican las mutaciones que son únicas de él y le fabrican una vacuna a medida. Funciona muy bien, pero cuesta del orden de 100.000 dólares por paciente. Eso es muy difícil de asumir por un sistema público a gran escala. La nuestra es una vacuna que llamamos 'de catálogo'. La misma vacuna sirve para todos los portadores de Lynch del mundo.

XL. Pero si al paciente de melanoma ya le ha salido el tumor, ¿qué previene ahí la vacuna?

E.V.S. Es que ahí la vacuna no previene, trata. Y eso desconcierta a la gente, porque asociamos «vacuna» a no enfermar. Pero una vacuna, en el fondo, no es más que un entrenamiento del sistema inmune para que reconozca un objetivo y lo ataque. No es como la quimioterapia, que envenena la célula directamente.

XL. ¿Cómo es posible que sirva para todos los enfermos de Lynch?

E.V.S. Porque en el síndrome de Lynch las mutaciones no son aleatorias. El sistema averiado falla siempre en los mismos sitios del genoma, en unas zonas repetitivas, y por eso las proteínas raras que produce son más o menos las mismas en todos los portadores. Unos científicos analizaron cientos de estos tumores y vieron que con 209 proteínas mutadas se cubría al menos el 90 por ciento de los casos. Por eso la vacuna se llama 'NOUS-209'.

XL. ¿Y qué pasa con los que no tienen Lynch?

E.V.S.. En un cáncer normal, no hereditario, donde cada paciente tiene mutaciones distintas, esto no se puede hacer por el momento. El síndrome de Lynch es, en ese sentido, un terreno para probar la idea.

XL. Ya veo, empiezan por lo que tienen a tiro… Y, si funciona, irán ampliando.

E.V.S.. Esa es la idea. Aquí tengo que ponerme riguroso. Lo que hemos publicado es un ensayo en 45 portadores de Lynch sanos. Demuestra dos cosas. Una, que la vacuna es segura. Da los efectos secundarios normales de cualquier vacuna: fiebre, algo de dolor en el brazo y poco más. Dos, que genera una respuesta inmune potente y duradera, que se mantiene al menos un año. Y hay una tercera: en las colonoscopias que hicimos un año después, los vacunados tenían muchas menos lesiones precancerosas de las esperadas.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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