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Valencia renace a los grandes eventos deportivos: llega la F-1 de la vela con la cicatriz del antiguo circuito convertido en poblado chabolista

Valencia renace a los grandes eventos deportivos: llega la F-1 de la vela con la cicatriz del antiguo circuito convertido en poblado chabolista
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16 años después de la última Copa América y 14 del Gran Premio de Europa de F-1, las instituciones valencianas impulsan la llegada de la SailGP este fin de semana. A pocos metros de donde volarán los F-50 con sus hidroalas, sobreviven 800 personas sobre el asfalto de lo que fue el circuito urbano bajo la amenaza del desalojo. Leer

A principios del siglo XXI, Valencia se impulsó como gran capital del deporte. El objetivo, en palabras de su alcaldesa, Rita Barberá, era ser «la ciudad más popular del mundo» y encontró en los eventos deportivos la fórmula. Su equipo de fútbol más laurelado, el Valencia CF, jugó dos finales de Champions, ganó dos Ligas y una Copa de la UEFA y preparaba un estadio que aspiraba a acoger finales de Champions League y el Mundial de Atletismo al aire libre. El Gran Premio de Motociclismo en Cheste estaba consolidado y Rita Barberá soñaba entonces incluso con unos Juegos Olímpicos aunque, cuando irrumpió la candidatura de Madrid, aceptó la condición de subsede de vela. El verdadero escaparate que colocó a Valencia «en el mapa» de los grandes eventos deportivos, en palabras del entonces presidente de la Generalitat, Francisco Camps, lo dio la Copa América de Vela y los cinco grandes premios de F-1 en el circuito urbano que pretendía simular al de Mónaco. Aquella burbuja estalló dejando grandes cicatrices, políticas, económicas y urbanas, que perviven en la ciudad, pero, tras ocho años de gobierno de la izquierda crítica con aquella apuesta de impacto en las arcas públicas, vuelve a apostar por grandes citas deportivas.

La SailGP, la F-1 de la vela que ha crecido de manera muy exitosa en los últimos años, llega a la Marina de Valencia con las espectaculares hidroalas de sus catamaranes F50, capaces de volar a metro y medio por encima del mar a una velocidad superior a los 100 kilómetros por hora. La tercera capital de España arranca una segunda generación de grandes eventos y entra en circuitos junto a Nueva York, Sídney, Río de Janeiro, Dubai o Abu Dahbi. Sin embargo, a pocos kilómetros de esta espectacularidad queda un poblado de chabolas que es la cara oculta de aquella apuesta hace 20 años.

Con la llegada al Gobierno del Partido Popular en 2023, tanto en la Generalitat como en el Ayuntamiento, la mirada se volvió de nuevo hacia los grandes eventos. A los despachos de Carlos Mazón y María José Catalá llegó la posibilidad de volver a pujar por acoger una tercera edición de la Copa América, una vez Barcelona iba a rechazar repetir. Sin embargo, el coste volvía a ser alto y aún coleaba el impacto de las ediciones de 2007 y 2010. A pesar de que el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) cifró en 2,7 millones el impacto en la economía valenciana, la regeneración y transformación de toda la fachada marítima de la ciudad tuvo un coste que superó los 1.000 millones, y dejó una deuda de 400 a las administraciones públicas que conformaron el Consorcio Valencia 2007 y que, tras una década de reivindicaciones, fue condonada por el Gobierno de Pedro Sánchez en 2007.

La dana del 29 de octubre de 2024 hizo que estos planes quedaran aparcados en un cajón. Las prioridades eran otras y la Copa América se celebrará en Nápoles en 2027. Sin embargo, a Valencia le surgió otra posibilidad: la SailGP. «Llega un monstruo que ya está generando más expectación que la propia Copa América», asegura en conversación con El Mundo Tony Alquezar, CEO de Los Gallos, el equipo español que marcha segundo en la clasificación y que ha ganado dos ediciones. «Tenemos la mejor generación de la historia de la vela, con medallas de oro y campeones de la Copa América», explica.

Los Gallos, el equipo español de SailGP segundo en la clasificación.SAILGP

La razón de por qué llega la competición a Valencia es sencilla: Cádiz, donde se había celebrado una etapa cada temporada desde 2021, se quedó pequeña. «Valencia es historia de la vela y tiene la infraestructura para acoger el evento. Quien ha navegado aquí sabe que será un éxito y quien no, está expectante. Es una competición en la que no habrá que ir mar adentro para seguirla. Habrá gradas en la Marina Norte para ver su espectacularidad», revela.

La ciudad será sede durante dos años en virtud de un acuerdo con la Generalitat, el Ayuntamiento y la Diputación de Valencia que, en 2028, serán sustituidos por las corporaciones alicantinas porque esa edición se celebrará en Alicante. En coste, nada tiene que ver con la Copa América en 2007: la Marina está totalmente acondicionada y la inversión pública en las tres ediciones será de 20 millones, diez aportados por la Administración autonómica y los otros diez entre ayuntamiento y diputaciones. El retorno también se prevé más ajustado: 100 millones, calculó el vicepresidente valenciano Pepe Díez. La organización estima que en Valencia, en esta primera edición, donde la SailGP es desconocida para el gran público, serán 60 millones. Los equipos llegarán a Valencia a partir del próximo jueves en un despliegue «contenido» porque todos los espacios creados para la Copa América han sido destinados a crear un hub de innovación y tendrán que ubicarse en la gran explanada de la Marina Sur.

El PAI del Grao: críticas políticas

A pocos metros de donde estará celebrándose un gran evento de vela 16 años después, hay una cicatriz sin cerrar que dejó el segundo gran evento que recorrió la fachada marítima: el circuito urbano de F-1. Cinco grandes premios de Europa se celebraron entre 2008 y 2012. Fue el segundo gran golpe del gobierno de los populares Rita Barberá y Francisco Camps, y también una losa que, en el caso del ex presidente, le llevó a los tribunales por presuntas irregularidades.

El asfalto pintado y las vallas de protección siguen visibles en el Grao, en una bolsa de suelo que debería haberse desarrollado urbanísticamente para unir el antiguo cauce del Turia con el mar. De hecho, así se diseñó la operación: La Generalitat pagó el coste de construir el circuito, casi 43 millones de euros, que recuperaría cuando el Ayuntamiento lo repercutiera a los promotores del PAI. Pero esto nunca ocurrió. La burbuja inmobiliaria estalló y allí quedaron los restos del circo automovilístico hasta que, hace un año, María José Catalá retocó y aprobó el desarrollo que inició el anterior gobierno de Joan Ribó sin que los nuevos propietarios del suelo, el grupo Atitlán -con Roberto Centeno, yerno de Juan Roig, a la cabeza- y el fondo británico Hayfin Capital, tuvieran que devolver 20 de esos 43 millones. Y es que durante el Gobierno de Puig, la Generalitat asumió los otros 23 y el Ayuntamiento ahora tampoco repercutirá los restantes. Esto provocó que Camps se alzara crítico contra Ribó, pero también contra Catalá.

Isabel Carralero, ante su chabola en el circuito.DAVID GONZÁLEZARABA PRESS

Sobre el asfalto por donde corrieron Fernando Alonso, Felipe Massa o Sebastian Vettel hoy vive Isabel Carralero. Hace cinco años que la vida la golpeó y no tuvo más alternativa que acabar en este poblado de chabolas que no dejan de crecer día a día y donde viven cerca de 800 personas. «¿Ves esa de ahí, cerca del camino? La levantaron de un día para otro», cuenta cuando El Mundo la visitamos. Desde su 'casa', que comparte con su marido, argelino, y un amigo, cuenta lo difícil que es la vida allí: sin luz ni agua ni más atención continua que la que les da la ONG València és Refugi, que acaba de dejarles agua para que puedan beber. En las olas de calor de este verano, «el asfalto ardía», recuerda Isabel. Aquí no hay ni ventilador ni manguera con la que refrescarse. «Abanicos los trajeron del ayuntamiento», cuenta.

A derecha e izquierda tiene edificios nuevos, con piscina y zonas comunes, y no para de ver cruzar de la calle Juan Verdeguer al barrio de Nazaret a turistas. Esas duras condiciones de vida preocupan a esta mujer, que arrastra una minusvalía por problemas en la columna, vive con la renta de inclusión autonómica y está en lista de espera para una vivienda de alquiler social asequible. Lo que más le inquieta es un desalojo que la deje sin techo. «Me da miedo, porque te vas con una maleta, si tienes, y ya está. Nos temíamos que podía ser por esto de la vela, pero ahora parece que no. También nos tranquiliza saber que necesitarán una orden judicial, y eso es un proceso algo más lento que no daría tiempo a irnos con nuestras cosas», explica esta mujer mientras nos describe que esta improvisada ciudad, rodeada de basura y escombros, se organiza por zonas: la zona donde viven los saharauis, los primeros que llegaron, los argelinos, a los que vemos entreteniéndose jugando al fútbol, y la zona del «cementerio», donde se han ido ubicando aquellos que antes dormían en el Jardín del Turia, «la mayoría marroquís», dice Isabel. Apenas hay tres o cuatro mujeres en el circuito, como se conoce al asentamiento.

Solares junto al trazado del circuito y las chabolas repletos de basura.DAVID GONZÁLEZARABA PRESS

«Yo sé que me tengo que ir de aquí, no me quiero quedar y que venga la Policía a echarme de malas maneras. El Ayuntamiento me empadronó y tiene que darme una solución. Cada día veo más chabolas y a los chicos jóvenes ya les vamos diciendo que se vayan buscando alternativa», reconoce. Este poblado, al que se ha vivido de espaldas - «hasta el Circo del Sol vino a instalarse en un solar cercano y puso los camiones para que no se viera nada», cuenta Isabel-, tiene los días contados, pero València és Refugi quiere que el desmantelamiento se haga con dignidad y para eso ha recurrido al Síndic de Greugues, el defensor del Pueblo valenciano, y ha mantenido reuniones con la Delegación del Gobierno para dar a conocer la situación a la Policía Nacional. A esa reunión estaba invitado el Ayuntamiento de Valencia y no acudió.

Desde el consistorio explican que atienden a la población a través de la Asociación Alanna, que gestiona la inclusión de estas familias y a la que el Gobierno de Catalá aporta 650.000 euros anuales para hacer un seguimiento de los casos y buscar una solución habitacional, que no podrá llegar a todos.

«El crecimiento ha sido muy bestia porque, además, han acabado allí, incluso llevados por la Policía Local, personas que antes vivían en el Jardín del Turia. El censo no se ha actualizado desde marzo de 2025 y en mayo de 2024 cesó toda la atención de los servicios sociales municipales», relata Ana Isabel Martínez, de València és Refugi. «No pedimos casa para todos, pero sí que haya un desalojo ordenado y un verdadero plan de acción social», insiste. El desarrollo del plan urbanístico ha puesto fecha de caducidad al poblado, que mientras convivirá con el mayor espectáculo de vela.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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