El diluvio comenzó a desatarse cerca de las nueve de la noche. Con las primeras escenas de inquietud en La Eliana o La Pobla de Vallbona. Con vídeos que empezaron a correr por las redes sociales de una rotonda absolutamente seca durante unos instantes, pero que minutos después era un torrente de agua con gente sin poder salir de los supermercados en los que hacían las últimas compras del día.
Una vez más, el brutal aguacero sorprendió a muchos conductores en plena carretera. Una vez más de nada sirvieron los avisos de evitar desplazamientos innecesarios. Cierto es que es difícil hacer hibernar la vida pese a que llegue la amenaza de una tormenta. De nuevo escenas de nervios en la V-30 y en la Pista de Ademuz. Otra vez dos de las arterias principales que se convirtieron en ratoneras el día de la dana. Ayer con coches intentando salir por los desvios, circulando a paso de persona o incluso tratando de dar la vuelta en el propio sentido de la circulación.
El monstruo atmosférico que durante la tarde empezó a formarse en torno a Teruel empezó a moverse de manera lenta pero inexorable hacia Valencia. Las apps de meteorología y los canales especializados advertían: «Va a ser una tarde y noche muy complicada». Pero en Valencia la vida seguía casi igual, con gente en las terrrazas, comercios abiertos y calles con tráfico. Hasta que el cielo empezó a romperse pasadas las nueve de la noche. La tromna empezó primero a inundar calles. El fuerte viento que llegó a alcanzar los 80 kilómetros por hora, según Aemet, derribó numerosos árboles en diversos puntos de la capital. El fuerte aparato eléctrico desactivó los semáforos en no pocas vías de la capital. Una de ellas, la aún medio en obras Pérez Galdós, se convirtió en una notable ratonera con vallas tiradas en el asfalto y coches con los conductores cegados por la fuerte lluvia.
La situación no era mejor en el área metropolitana. El agua convirtió muchas calles del Parc Central de Torrent en auténticos rios. Con coches literalmente arrastrados y rescates de conductores. Allí literalmente se abrió el cielo. Más de 70 litros en apenas media hora. «Son intensidades más que torrenciales», explicaban desde Avamet en su cuenta de X. Mientras, el cielo seguía rugiendo y brillando. Casi 8.000 rayos se registraron en Valencia y las inmediaciones.
Transportes
El infierno no fue menor en los transportes. El aeropuerto de Manises, en pleno epicentro de la tormenta, tuvo que ser cerrado durante una larga hora. Una docena de vuelos que tenían que aterrizar en tierras valencianas tuvieron que ser desviados. Las pistas quedaron totalmente anegados. Y bajo tierra, más de lo mismo. El metro de Valencia quedó inutilizado, con el aviso de FGV de «todas las líneas de metro de la provincia están suspendidas hasta nuevo aviso». Estaciones como la de Machado o Ángel Guimerá vivían escenas de auténticas cascadas de agua, con los conductores de los convoyes teniendo que parar los trayectos en alguna estación e invitando a los viajeros a bajar por la acumulación de agua en los túneles.
No fue menor la inquietud en la red ferroviaria externa. Líneas como la C-1, entre Silla y Cullera, quedó interrumpida como consecuencia del diluvio. El corte de carreteras en la zona del área metropolitana fue un rosario de incidencias sobre el que la DGT apenas acertaba a recomendar: «Máxima precaución al volante».
Y de nuevo, como en aquel 29-O, el miedo y la alerta en los barrancos. No solo fue el inquietante aunque habitualmente preventivo vaciado de Buseo. Desde la CHJ empezaron a indicar durante la tarde que tanto en el barranco del Poyo como en el del Carraixet se activaba la «preemergencia por alerta hidrológica». Con el consiguiente aviso a los ayuntamientos circundantes de extremar las precauciones y evitar la circulación por las inmediaciones.
La propia alcaldesa de Valencia, María José Catalá, encabezaba la reunión de otro Cecopal en Valencia. Se anunciaba la suspensión de clases este jueves en las pedanías del sur. Aquellas que ya fueron azotadas por la dana. El cierre de las aulas se sucedía por otro municipios de la provincia como L'Alcudia, Carcaixent o Paterna. Y un mensaje de alerta de Catalá: «Muy pendientes de la evolución de la situación. Reforzamos la vigilancia ante la preemergencia en la zona del Carraixet-Calderona».
Y entonces, el pitido. El ES-Alert. Uno más de los muchos que este verano han avisado de desalojos de poblaciones por incendios o de confinamientos por el fuego. A las 22.08 horas. Tarde para muchos. Cuando no pocos se habían visto ya atrapados en sus vehículos o sorprendidos en plena calle por la tromba de agua. «Riesgo de inundación. Eviten desplazamientos, alejense de cauces y barrancos y en caso de incremento del nivel del agua accedan a pisos superiores de la vivienda», advertía el mensaje que corrió como la pólvora de Valencia. Una vez más, con muchos impotentes en sus coches, en calzadas inundadas, o chopados hasta los huesos por la calle en medio del diluvio que golpeó Valencia.
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