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Venezuela, bajo tutela imperial: gracias, Chávez

Venezuela, bajo tutela imperial: gracias, Chávez
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Dos horas. Eso fue todo lo que tomó. El "nuevo Vietnam", la "nueva Siria", la "nueva Libia", reducidos a dos horas.

Imagen de Nicolás Maduro compartida por Donald Trump.

Tribunas Venezuela, bajo tutela imperial: gracias, Chávez

Dos horas. Eso fue todo lo que tomó. El "nuevo Vietnam", la "nueva Siria", la "nueva Libia", reducidos a dos horas.

Publicada 4 enero 2026 02:22h

"Vamos a manejar Venezuela hasta que haya una transición", dijo Donald Trump.

Y con esa frase, que soltó tan tranquilo, quedó expuesto el verdadero final de la aventura nacionalista chavista: la pérdida de la soberanía que prometió defender.

La responsabilidad última es de Hugo Chávez. Fue él quien arrojó al país a los brazos de Cuba, China, Rusia e Irán, convencido de que ese tutelaje era compatible con la independencia.

No lo fue.

En un pispás, los cuerpos de élite de Estados Unidos entraron a Venezuela y pescaron a Nicolás Maduro y a Cilia Flores.

Hoy, Delcy Rodríguez aparece como la figura que administra Venezuela con la anuencia explícita de Washington.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, este sábado. Reuters

Según Trump, la vicepresidenta venezolana habló con Marco Rubio y está dispuesta a colaborar para make Venezuela great again, lo que sea que eso signifique en este contexto.

Al mismo tiempo, Trump afirmó no haber hablado con María Corina Machado y puso en duda que pudiera asumir el control del país por carecer, según él, del "respeto" de la gente.

Asumimos, sin embargo, que se refería a los militares, algo históricamente fundamental para cualquier transición en Venezuela.

A los pocos minutos, Delcy, tras reunirse con el ministro de la Defensa y el jefe del Comando Estratégico Operacional del Ejército, dijo que Maduro sigue siendo presidente, aunque Trump acabara de afirmar que ella ya fue juramentada como presidenta.

Al momento de escribir esta crónica, la confusión persiste.

Trump: "Vamos a dirigir Venezuela hasta la transición... Si hace falta lanzaremos una segunda ola de ataques"

Lo que sabemos hasta ahora es que Maduro está bajo custodia de Estados Unidos, Delcy rehúsa asumir formalmente el poder y el presidente electo Edmundo González Urrutia aún no ha sido juramentado.

Venezuela está en un vacío de poder.

La última vez que ocurrió algo parecido fue tras la crisis del 11 de abril de 2002.

Trump, sin embargo, parece entender que sacar a Maduro no basta. "Estamos tomando la decisión en este momento. No podemos permitir que se quede otro de ellos al mando", dijo.

Imagen de Delcy Rodríguez durante una reunión del régimen dictatorial en Venezuela. Europa Press

El rubio repitió, una y otra vez, que es Estados Unidos quien está al mando en Venezuela y que será así hasta que se logre la transición a la democracia, dejando claro que eso no sucederá de un día a otro.

También fue enfático al afirmar que la prioridad son los negocios para las petroleras americanas.

Mientras tanto, muchos siguen sin procesar lo esencial de lo ocurrido.

No fue una operación compleja ni una guerra prolongada. Entraron. Sin resistencia, sin fricción, sin nada que pudiera llamarse seriamente defensa.

Maduro tendió la mano a Trump ante la inminencia del ataque: "Si quieren combatir el narcotráfico, estamos listos"

Independientemente de su legitimidad, se llevaron al comandante en jefe y a su esposa, supuestamente las personas más protegidas del país, como si fuera un trámite.

Durante años, el régimen vendió la fantasía del Vietnam tropical, de la guerra urbana, de la resistencia heroica. Cuando llegó el momento, no pasó nada.

Helicópteros atacaron la principal base militar del país a corta distancia, aviones y choppers estadounidenses controlaron inmediatamente el cielo de Caracas, y no hubo respuesta. Ni fuego cruzado, ni disuasión, ni siquiera el intento torpe de simular combate.

Bombardearon la tumba de Chávez, el símbolo más sagrado del régimen, y tampoco hubo reacción.

No es que perdieron una batalla, sino que el bluff se les derrumbó a la vista de todo el mundo.

Un tigre de papel.

En esas dos horas, no sólo se extrajo a la cabeza del régimen. Se vació lo que quedaba de su capacidad real. Bases alcanzadas, mando y control desarticulados, defensas aéreas expuestas, símbolos destruidos a la vista de todos los que debían creer en ellos.

Ese daño no es retórico ni reversible de un día para otro.

Por eso la tibieza de Delcy al dirigirse al país suena casi absurda. Un país que acaba de ser bombardeado y al que le secuestran al comandante en jefe no responde con discursos tímidos si tiene con qué hacerlo.

Donald Trump durante su rueda de prensa. Detrás, Marco Rubio. EFE

Si de verdad pensaron que podían patear la mesa después de lo visto anoche, entonces son verdaderamente idiotas. No hay manera de suavizarlo.

¿Qué pueden hacer ahora? Muy poco en términos militares. No pueden escalar porque ya demostraron que no saben defenderse.

No pueden amenazar con credibilidad porque la farsa se cayó en público.

Queda el ruido, los comunicados, las apelaciones a la soberanía, quizá algo de represión interna para recordarle a la población quién sigue armado.

Pero ni eso. Saben que no pueden provocar al águila imperial. Cualquier intento serio de retaliación solo aceleraría una respuesta más rápida y más humillante.

El daño interno es más profundo. Oficiales que acaban de aprender que la lealtad no compra protección, soldados que entendieron que los uniformes y las consignas no los salvan.

Y ni hablar de los civiles, que vieron cómo la mitología del régimen se desmoronó como un castillo de naipes.

Son la nada.

A manera de memoria histórica, y para desmontar el hipócrita discurso de la extrema izquierda, esta no es la primera invasión extranjera a Venezuela ni el primer bombardeo de Caracas.

En 1967, la Cuba fidelista desembarcó en Machurucuto. En 1992, durante el intento de golpe chavista, la ciudad fue bombardeada y murieron unas cuatrocientas personas.

Además, lo de ahora no fue un ataque contra Venezuela, sino contra el Cartel de los Soles.

Dos horas. Eso fue todo lo que tomó. El "nuevo Vietnam", la "nueva Siria", la "nueva Libia", reducidos a dos horas.

No se ha acabado. Pero esto ya no va a grandes gestos ni a relatos épicos. Es la hora del paso de tigre.

De los pasos cortos, impuestos desde afuera, en un país al que le prometieron soberanía y le entregaron tutela.

Gracias, Chávez.

*** Francisco Poleo es analista especializado en Iberoamérica y Estados Unidos.

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    Fuente original: Leer en El Español
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