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Veteranos en «territorio comanche»

Veteranos en «territorio comanche»
Artículo Completo 908 palabras
«Para un valiente cronista veterano», firmó Arturo Pérez-Reverte en el primer ejemplar de 'Enviado especial' (Alfaguara) que había llegado a sus manos: estábamos en la populosa Feria de Buenos Aires y yo le había contado las recientes peripecias de Alfredo Leuco en «territorio comanche». De larguísima trayectoria como periodista político en todos los formatos posibles y de entrañable familia judía (su apellido real es Lewkowicz), Alfredo sintió de pronto el llamado a la acción cuando leyó minuciosamente las características y secuelas del atentado de Hamás del 7 de octubre de 2023 ; esa masacre había sido tan bien organizada que Leuco presintió la verdad: no se trataba de un episodio más dentro de la larga y desgraciada conflagración de Medio Oriente. Fue, en efecto, el atentado contra la comunidad judía más grave desde el Holocausto . En pocas horas convenció al canal y a la radio donde trabaja, armó la maleta y me llamó para decirme «me voy a la guerra»: se subió en el primer vuelo a Europa, durmió una noche entera en el piso de Barajas y llegó al aeropuerto Ben Gurion justo cuando lo cerraban. Su competidor era otro gran periodista político (hizo prácticas en Estados Unidos con el mismísimo Bob Woodward ) llamado Nelson Castro, que ingresó a Israel por vía terrestre: atravesó ocho o nueve retenes militares en Jordania y llegó sano y salvo. «Sí, Nelson -le dijo Alfredo al saludarlo con un abrazo y con una sonrisa-. Pero una cosa es pasar esos retenes con el apellido Castro en el pasaporte, y otra muy distinta es llamarte Lewkowicz ».Noticia relacionada general No No Arturo Pérez-Reverte: «La verdad ya no existe» Jesús García CaleroNelson y Alfredo investigaron y criticaron fuertemente al menemismo y al kirchnerismo , y aguantaron sus listas negras y sus múltiples amenazas y hostigamientos. Los dos estaban a punto de cumplir los setenta años , y no se conformaban con permanecer a salvo y transmitir desde un hotel: fueron directamente a las zonas peligrosas. Alfredo confiesa que sintió entonces el mayor de todos los miedos, porque muchos terroristas permanecían todavía escondidos en las granjas colectivas, mezclados con pobladores, y a pesar de que él iba con chaleco antibalas le advirtieron que, como era usual, podían salir de cualquier lado y clavarle un puñal en el cuello . A su regreso, realizó a pulmón un documental sobre una familia argentina masacrada en Israel (los Bibas) y recibió varios premios internacionales. En las redes sociales, muchos imbéciles se burlaban de ellos: hacían memes, sugerían que estaban mayores, decrépitos y acabadosPero tanto Leuco como Castro no escarmentaron: cuando se inició la última guerra (aún inconclusa) contra Irán regresaron al lugar de los hechos y se hospedaron en el mismo hotel: desayunaban todos los días juntos, se deseaban suerte y salían a buscar el riesgo. Luego se pasaban datos para protegerse y complementarse en la cobertura (obtenían números de rating impresionantes en la Argentina), y una noche debieron bajar siete veces a un refugio subterráneo porque no cesaban de bombardear la calle donde pernoctaban. Los amigos se conocen bajo fuego . En las redes sociales, muchos imbéciles se burlaban de ellos: hacían memes, sugerían que estaban mayores, decrépitos y acabados , y que esos dos «ancianos» habían sido enviados por sus jefes para deshacerse de una vez por todas de ellos. Había incluso gente seria e inteligente que se escandalizaba porque consideraba que Leuco y Castro «no aceptaban» su edad. «Que los dos grandes enviados sean periodistas de 70 años habla bien de ellos y mal de los nuevos periodistas, que se han acomodado a las pantallas y a no ir a buscar la noticia allí mismo donde sucede », los defendió un gran referente de las nuevas generaciones. El edadismo es otra estupidez de nuestra época. El 9 de abril se reunieron en Río Alba, un restaurante porteño ubicado detrás la Feria del Libro, para celebrar juntos que habían salvado el pellejo en medio de las esquirlas y la metralla, que habían regresado enteros y que los dos cumplían ese mismo mes 71 años. Comparten la fórmula de Clint Eastwood , a quien un día le preguntaron por el secreto de su vitalidad; lacónico y sonriente respondió: «Nunca dejo entrar al viejo».

«Para un valiente cronista veterano», firmó Arturo Pérez-Reverte en el primer ejemplar de 'Enviado especial' (Alfaguara) que había llegado a sus manos: estábamos en la populosa Feria de Buenos Aires y yo le había contado las recientes peripecias de Alfredo Leuco ... en «territorio comanche».

De larguísima trayectoria como periodista político en todos los formatos posibles y de entrañable familia judía (su apellido real es Lewkowicz), Alfredo sintió de pronto el llamado a la acción cuando leyó minuciosamente las características y secuelas del atentado de Hamás del 7 de octubre de 2023; esa masacre había sido tan bien organizada que Leuco presintió la verdad: no se trataba de un episodio más dentro de la larga y desgraciada conflagración de Medio Oriente. Fue, en efecto, el atentado contra la comunidad judía más grave desde el Holocausto.

En pocas horas convenció al canal y a la radio donde trabaja, armó la maleta y me llamó para decirme «me voy a la guerra»: se subió en el primer vuelo a Europa, durmió una noche entera en el piso de Barajas y llegó al aeropuerto Ben Gurion justo cuando lo cerraban. Su competidor era otro gran periodista político (hizo prácticas en Estados Unidos con el mismísimo Bob Woodward) llamado Nelson Castro, que ingresó a Israel por vía terrestre: atravesó ocho o nueve retenes militares en Jordania y llegó sano y salvo. «Sí, Nelson -le dijo Alfredo al saludarlo con un abrazo y con una sonrisa-. Pero una cosa es pasar esos retenes con el apellido Castro en el pasaporte, y otra muy distinta es llamarte Lewkowicz».

Arturo Pérez-Reverte: «La verdad ya no existe»

Nelson y Alfredo investigaron y criticaron fuertemente al menemismo y al kirchnerismo, y aguantaron sus listas negras y sus múltiples amenazas y hostigamientos. Los dos estaban a punto de cumplir los setenta años, y no se conformaban con permanecer a salvo y transmitir desde un hotel: fueron directamente a las zonas peligrosas. Alfredo confiesa que sintió entonces el mayor de todos los miedos, porque muchos terroristas permanecían todavía escondidos en las granjas colectivas, mezclados con pobladores, y a pesar de que él iba con chaleco antibalas le advirtieron que, como era usual, podían salir de cualquier lado y clavarle un puñal en el cuello. A su regreso, realizó a pulmón un documental sobre una familia argentina masacrada en Israel (los Bibas) y recibió varios premios internacionales.

En las redes sociales, muchos imbéciles se burlaban de ellos: hacían memes, sugerían que estaban mayores, decrépitos y acabados

Pero tanto Leuco como Castro no escarmentaron: cuando se inició la última guerra (aún inconclusa) contra Irán regresaron al lugar de los hechos y se hospedaron en el mismo hotel: desayunaban todos los días juntos, se deseaban suerte y salían a buscar el riesgo. Luego se pasaban datos para protegerse y complementarse en la cobertura (obtenían números de rating impresionantes en la Argentina), y una noche debieron bajar siete veces a un refugio subterráneo porque no cesaban de bombardear la calle donde pernoctaban. Los amigos se conocen bajo fuego.

En las redes sociales, muchos imbéciles se burlaban de ellos: hacían memes, sugerían que estaban mayores, decrépitos y acabados, y que esos dos «ancianos» habían sido enviados por sus jefes para deshacerse de una vez por todas de ellos. Había incluso gente seria e inteligente que se escandalizaba porque consideraba que Leuco y Castro «no aceptaban» su edad. «Que los dos grandes enviados sean periodistas de 70 años habla bien de ellos y mal de los nuevos periodistas, que se han acomodado a las pantallas y a no ir a buscar la noticia allí mismo donde sucede», los defendió un gran referente de las nuevas generaciones. El edadismo es otra estupidez de nuestra época.

El 9 de abril se reunieron en Río Alba, un restaurante porteño ubicado detrás la Feria del Libro, para celebrar juntos que habían salvado el pellejo en medio de las esquirlas y la metralla, que habían regresado enteros y que los dos cumplían ese mismo mes 71 años. Comparten la fórmula de Clint Eastwood, a quien un día le preguntaron por el secreto de su vitalidad; lacónico y sonriente respondió: «Nunca dejo entrar al viejo».

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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