José Luis Castillo, padre de Esmeralda, encabeza la búsqueda de su hija desde su desaparición en mayo de 2009, enfrentando amenazas y la falta de avances en la investigación. Diego Fernández González
América Viaje al 'cementerio de huesos' de Ciudad Juárez en busca de Esmeralda, desaparecida hace 16 años: "Vivimos amenazados"La joven de 14 años puso rumbo al colegio y nunca más se supo de ella. De eso hace ya casi dos décadas, en las que sus familiares han destinado recursos y esfuerzos, y han puesto en peligro sus vidas para encontrarla en uno de los lugares más violentos de México.
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Diego Fernández González Ciudad Juárez (México) Publicada 1 febrero 2026 03:03hLas claves nuevo Generado con IA
La familia de Esmeralda Castillo, desaparecida en Ciudad Juárez en 2009, sigue buscándola sin apoyo institucional y bajo amenazas constantes.
Ciudad Juárez es uno de los epicentros de desapariciones y feminicidios en México, con cientos de familias recorriendo zonas peligrosas para encontrar a sus seres queridos.
Durante una nueva jornada de rastreo en el arroyo El Navajo, familiares y voluntarios hallaron ropa interior femenina y otras posibles evidencias en el desierto.
Las familias críticas la falta de avances y apoyo por parte de las autoridades, mientras México enfrenta una crisis nacional de impunidad con más de 100.000 personas desaparecidas.
En Ciudad Juárez, una de las ciudades más castigadas por la violencia en México y ahora señalada por la justicia internacional, las familias siguen buscando a cientos de desaparecidos. Sin apoyo institucional y bajo amenazas constantes, el caso de Esmeralda Castillo, como el de otras mujeres en la ciudad, refleja el alto precio que pagan las familias por buscar a una hija en un territorio marcado por la impunidad.
La reciente sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado mexicano vuelve a poner el foco sobre la impunidad en Ciudad Juárez. En ese mismo escenario, la familia de Esmeralda Castillo continúa, buscando a la joven de catorce años desaparecida en mayo de 2009 cuando se dirigía al colegio. Una historia que, lamentablemente, no es ajena en esta ciudad fronteriza, marcada desde hace décadas por las desapariciones y los feminicidios.
Desde los años noventa, Juárez se ha convertido en el epicentro de la violencia contra las mujeres en México. Un problema que se ha expandido por todo el territorio, situando al país como uno de los lugares con más personas desaparecidas en todo el mundo. Detrás de cada niña o mujer que no aparece hay una madre que busca. Familiares que se erigen como símbolo internacional de lucha contra la impunidad. Sin recursos y bajo amenazas, recorren las zonas más violentas para encontrar a sus hijas, nietas o sobrinas.
Son las seis de la mañana y el sol apenas comienza a salir en Ciudad Juárez. A pesar de la hora, el calor aprieta. Se espera que las temperaturas superen los 40º C a lo largo del día. Delante del edificio de la Fiscalía General del Estado, varias camionetas pick up de la policía ministerial esperan junto a peritos forenses y voluntarios de la Cruz Roja mexicana. Están preparados para escoltar a los familiares en una nueva jornada de búsqueda.
Un integrante del grupo de búsqueda Armadillos Internacional descarga botellas de agua para los voluntarios, junto a un autobús cubierto con una lona que muestra los rostros de Esmeralda y de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Diego Fernández González
El operativo pone rumbo al arroyo El Navajo, un lugar conocido por el hallazgo frecuente de restos humanos, donde desde hace más de una década se han llevado a cabo innumerables rastreos. "Es una zona de depósito para esconder cuerpos, no un área de ejecución. En todo este valle, donde busques, seguramente encuentres algo", explica uno de los peritos.
Familiares y voluntarios, entre ellos el grupo de búsqueda Armadillos Internacional, suben a un autobús cubierto con una lona que muestra los rostros de Esmeralda Castillo y de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Un caso que conmocionó a México en 2014, cuando 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, en Guerrero, desaparecieron tras ser interceptados por fuerzas policiales y miembros del ejército.
Radiografía de las guerras del siglo XXI: más largas, más complicadas de seguir y dominadas por la IAAl mismo tiempo, la Fundación Todos Somos Erick Carrillo se prepara en su furgoneta, que ha llegado desde Tijuana. Minutos después, las camionetas escoltan a los vehículos hasta la zona de búsqueda, a una hora de la ciudad. En el camino, el convoy atraviesa El Porvenir, un pueblo con cientos de casas vacías desde el éxodo de sus vecinos en los años más duros del crimen organizado.
Cerca de Loma Blanca, otro poblado en la ruta, varias patrullas de la policía municipal rodean una camioneta con tres cuerpos calcinados en su interior. Unos kilómetros más adelante, un retén de la Guardia Nacional advierte que, a partir de ahí, la seguridad no está garantizada.
El primo de Esmeralda observa en silencio desde el autobús que traslada a familiares y voluntarios hacia la zona de rastreo, a una hora al sur de Ciudad Juárez. Diego González Fernández
Tras recorrer varios caminos de tierra, los vehículos se detienen en un paraje árido y desolado. Unos levantan el campamento; otros se adentran en zonas aún más remotas junto a la policía ministerial. No hay senderos, solo desierto.
"Venimos porque se presume que aquí hallaron un resto de mi hija", explica José Luis Castillo, padre de Esmeralda, a bordo del vehículo. Con la mirada fija en el horizonte, añade: "Aquí vienen y los tiran así nomás, al aire libre". Sentado en la parte trasera, con el sol acariciando su rostro, recuerda el día en que todo empezó. "Yo le insistí a mi niña para que fuera a la escuela, aunque quería quedarse a cuidarme porque estaba enfermo. Le dijimos que fuera sola, que no pasaría nada, y desde entonces no he vuelto a verla", relata.
Familiares y voluntarios recorren a pie el desierto de Chihuahua, donde las temperaturas superan los 40 grados, durante una jornada de rastreo organizada por la familia de Esmeralda. Diego González Fernández
José Luis Castillo y su sobrino inspeccionan el terreno con varillas metálicas, una técnica empleada para detectar tierra removida o el olor de restos humanos en descomposición bajo el suelo. Diego Fernández González
Tras la negativa de las autoridades a aceptar la denuncia en las primeras 48 horas, la familia se vio obligada a emprender la búsqueda por su propia cuenta. Desde aquel 19 de mayo, José Luis no ha dejado de buscar un solo día, a pesar de las dificultades. "Nos amenazan a diario", sostiene. Y asegura que cuando fueron a presentar la denuncia a la Fiscalía General de la República, les informaron que las llamadas provenían del propio Gobierno estatal. "Las autoridades quieren amedrentarme, meterme miedo para que me calle. Y sí, tengo miedo, pero voy a seguir buscando a mi hija", dice.
Su hermana Julieta también ha sufrido amenazas durante estos años. "Me llaman constantemente para decirme que me van a matar, que me van a descuartizar, que van a dejar mi cuerpo tirado en la calle. En 2021, dejaron un mono de trabajo con forma humana en la puerta de mi casa, junto a un cartel que decía que así terminaríamos si seguíamos buscando". Pero ella tampoco está dispuesta a rendirse: "Aunque se nos vaya la vida en ello, vamos a seguir. Por Esmeralda y por todas las desaparecidas de Juárez".
Bajo el intenso sol del desierto, un policía de investigación se prepara para continuar la búsqueda en el arroyo El Navajo, cargando con las herramientas necesarias para excavar en el terreno árido. Diego González Fernández
La batalla contra el olvido
A las once de la mañana el sol cae implacable sobre el desierto de Chihuahua. La búsqueda continúa en un radio de diez kilómetros cuando, de repente, un silbato rompe el silencio. Un familiar se acerca a uno de los agentes y dice: "No he querido tocar nada, pero he visto algo. ¿Es ropa de mujer?". Las autoridades alertan a los peritos: "¡Aquí hay ropa!". Entre los arbustos, encuentran varias prendas de ropa interior femenina. Los peritos las fotografían y las recogen como posibles evidencias.
Durante la jornada de búsqueda también acudió Norma Andrade, madre de Lilia Alejandra García, asesinada y torturada en Ciudad Juárez en 2001. Andrade lleva más de dos décadas exigiendo justicia por el feminicidio de su hija, una lucha por la que ha sufrido ataques y amenazas. El pasado 19 de diciembre, la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró responsable al Estado mexicano por no prevenir ni investigar el crimen, así como por no haberla protegido ni a ella ni a los hijos de Lilia Alejandra.
Con palas y varillas de hierro, familiares y voluntarios siguen peinando el terreno. Clavan los palos en la tierra, buscando zonas removidas o rastros de descomposición a través del olor que desprende la punta. Más adelante, encuentran un bolso y varias camisetas. Perla Castillo, hermana de Esmeralda, explica que este es ya el quinto rastreo que hacen en el arroyo. "El desgaste físico y emocional es muy grande", lamenta, y critica que el Gobierno no ha hecho nada. "Mi papá es quien insiste y presiona para que vengan los peritos", detalla.
Una perita de la Fiscalía Especializada en Mujeres (FEM) de Ciudad Juárez recoge prendas de ropa interior femenina encontradas entre los matorrales durante el operativo de búsqueda Diego González Fernández
José Luis Castillo coincide en que las autoridades han sido el principal obstáculo para encontrar a su hija. "No nos informan, no siguen las pistas. Incluso nosotros tenemos que costear los rastreos", dice. Por su parte, las autoridades reconocen que el elevado número de desapariciones ha sumido a México en una crisis forense que dificulta las investigaciones.
"Cuando hay detenciones y trabajo de inteligencia, se puede llegar a puntos específicos donde hay fosas. Pero esto es como buscar una aguja en un pajar", aseguran los forenses. También son conscientes de que la desconfianza de las familias proviene del abandono institucional de años anteriores. Sin embargo, aseguran, están trabajando para cambiar esta situación y recuperar la confianza perdida.
A pesar de las promesas reiteradas por distintos gobiernos, José Luis y su familia llevan años sin ver avances. Lo que comenzó como un problema local se ha convertido en una crisis nacional de impunidad, con más de 100.000 personas desaparecidas en todo México. Mientras tanto, quienes buscan a sus seres queridos siguen recorriendo el desierto y removiendo la tierra con sus propias manos, esperando una respuesta en medio de tanto silencio.