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Viktor Orbán en un mitin. Reuters Viktor Orbán, el enemigo interno de la Unión EuropeaEl líder húngaro, topo de Putin, se enfrenta a una campaña complicada con los sondeos en contra y con los líderes europeos ansiosos de que pierda
Bruselas
Sábado, 28 de marzo 2026, 19:20
... su país. Hasta ahora, que se ve acorralado frente a unas elecciones nacionales en las que los sondeos dan como favorito a su principal rival, Péter Magyar. Las revelaciones esta semana de que su ministro de Asuntos Exteriores, Péter Szijjártó, mantiene «contactos habituales» con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, en los márgenes de las reuniones a puerta cerrada en Bruselas han añadido más leña a un fuego que corre el riesgo de convertirse en incendio para el líder magiar.Noticias relacionadas
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Primero fueron los socialdemócratas húngaros, después su campaña contra el multimillonario estadounidense George Soros. Recientemente sus ataques han ido dirigidos a su rival político, Péter Magyar, y a Kiev, a quien acusa de sabotear el oleoducto de Druzhba (dañado por Rusia). Pero en su tiempo al frente del Ejecutivo de Budapest, la principal diana de sus ataques ha sido Bruselas.
Aliado del populismo
Paradójicamente, Hungría logró el estatus de candidato para entrar en la UE bajo su primer mandato, en el año 2000. Cuando volvió al poder, en 2010, el país ya formaba parte del bloque comunitario. Con una mayoría de dos tercios en el Parlamento húngaro, Orbán modificó la Constitución e hizo una democracia a su medida. Introdujo 350 leyes, muy criticadas por la Comisión Europea: restringió el matrimonio entre personas del mismo sexo, ilegalizó el aborto, retiró el artículo que mencionaba el derecho a un salario igual para hombres y mujeres y limitó el derecho de huelga, entre otros.
El pulso de Orbán con Bruselas ha sido continuo. Ha usado su veto para bloquear decisiones del Consejo Europeo de forma estratégica y así chantajear a la UE. En 2022, paralizó las sanciones a Rusia por la guerra en Ucrania para forzar a que la Comisión Europea liberara los miles de millones de fondos europeos que debía recibir su país y que permanecían congelados, por las dudas de Bruselas sobre el respeto del Estado de Derecho en Hungría. Hoy en día tiene secuestrado el préstamo de 90.000 millones vital para Ucrania, que no aprobará hasta que Kiev repare el oleoducto de Druzhba. También ha cortado el suministro de gas al país, como parte de su campaña electoral.
Trump es uno de sus principales valedores: «¡Estoy con él hasta el final!», afirma
Su proximidad al presidente ruso Vladímir Putin y su afinidad con Trump hacen que el bloque desconfíe de Orbán. El primer ministro polaco, Donald Tusk, destacó esta semana que las informaciones de que Budapest traslada información confidencial al Kremlin «no han sido ninguna sorpresa» para las capitales europeas.
Siempre busca enemigos para culparlos de cualquier crisis. Ahora señala a la UE y a Ucrania
Mientras, los movimientos populistas y euroescépticos lo abrazan. En el pistoletazo de salida de su campaña electoral, el dirigente ultraconservador estuvo arropado por el presidente argentino Javier Milei, la líder del partido ultra Alternativa por Alemania (AfD), el ex primer ministro polaco Mateusz Morawiecki y el líder de Vox, Santiago Abascal. Además, recibió un mensaje de apoyo por parte de Trump que subrayó su respaldo absoluto a Orbán. «¡Estoy con él hasta el final!», enfatizó.
Su amistad con el líder republicano, de la que presumía hasta ahora, no le va a servir en estos comicios, después de que la guerra en Irán pusiera en apuros a la economía húngara. Ir al choque con Bruselas siempre le ha resultado beneficioso en su política interna, pero en el bloque comunitario Orbán ha quedado totalmente aislado y sin una influencia real después de que se disolviera el grupo de Visegrado –la alianza entre Eslovaquia, Hungría, Polonia y la República Checa–. Su lugar lo ha ocupado la ultraderechista italiana Giorgia Meloni, que ha sabido valerse de su posición para moldear las políticas europeas.
Aficionado al fútbol y gran admirador del mítico jugador húngaro Ferenc Puskás, mandó construir una decena de estadios por todo el país. El mayor de se sitúa en Budapest y su construcción costó 610 millones de euros. La mayoría de clubes de la liga húngara están en manos de personas cercanas a Orbán y los patrocinadores son empresas públicas. Un ejemplo más de que en Hungría todo gira en torno a los caprichos de su líder, una realidad que podría cambiar en las urnas el próximo 12 de abril.
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