Giro de Italia
Vingegaard manda a casa otra postal de ensueñoEl danés tritura a sus rivales en la corta jornada suiza para sumar su cuarta victoria en el Giro y Gall, Arensman y Hindley pelearán por el podio en los Dolomitas
Regala esta noticia Añádenos en Google Jonas Vingegaard celebra su cuarta victoria de etapa en el Giro. (Luca Bettini / AFP)Iván Benito
26/05/2026 Actualizado a las 19:26h.A Jonas Vingegaard siempre se le pide más. Comparte era con un campeón insaciable. Y para estar a su altura, a la de Pogacar, se ... le reclama competir como Pogacar. «Me gustaría que lograra una hazaña de su estilo antes de que termine el Giro», le demandaba Vincenzo Nibali en la Gazzetta dello Sport. El danés evita las declaraciones grandilocuentes en torno a su figura. En la jornada de descanso ya aseguró estar pensando en el Tour. «Por eso tampoco quiero ir a por todas las etapas, porque si lo haces, puede resultar más difícil». Cautela, pero no apatía.
Son apenas 113 kilómetros. La que menos trabajo va a dar a su equipo. El mejor del Giro. El Visma machaca cualquier esperanza de que la escapada se dispute la victoria. Como el sábado en los Alpes, el danés notaba que flotaba al dar pedales. Como si fuera sin cadena. «Dai, Jonas», le grita el público en cada curva de las ascensión a Carì. Ha atacado a 6,5 kilómetros de la línea meta. Y enseguida rueda con un minuto de ventaja sobre el resto. Trituró a todos. Alejó aún más a Gall, Arensman y Hindley, que se juegan las dos plazas por acompañarle en el podio de Roma.
Vingegaard muestra ese sentido autoritario que marca Tadej Pogacar. El que le reclama Nibali. El siciliano, subido en uno de los coches de la organización, baja la ventanilla y graba con fascinación su ascensión en solitario. En los planos cortos es donde se ve al Vingegaard más humano. Sigue sin afeitarse. Por encima de sus labios brota algo de pelusilla, un bigotillo, acompañado de cuatro pelos rubios que le cuelgan de la barbilla. «Me da pereza afeitarme. Está creciendo, pero en algún momento tendré que cortarlo».
Y llega así, barbilampiño, pulcro y de rosa, al cuarto final en alto del Giro. Va a hacer pleno de victorias. Ve la meta y vuelve a inclinarse sobre el manillar. A besuquear la foto de su mujer y sus dos hijos. Darle un beso a su anillo de casado y mandar a su casa, en el noroeste de Dinamarca, otra postal de ensueña. Levantando los brazos, celebran otra victoria, la 52, esta vez vestido con la maglia rosa. También ha ganado ya de rojo y de amarillo. Le quedan cinco días para lograr la triple corona.
🔻Another show of strength, another solo finish!
— Giro d'Italia (@giroditalia) May 26, 2026
🔻Un'altra dimostrazione di forza, un altro finale in solitaria!
⏪ The @continentaltire Ultimo Kilometro#GirodItaliapic.twitter.com/RiXlwBd4s0
A más de un minuto llega Felix Gall. El austriaco vuelve a ser segundo, pero no se muestra más fuerte que sus rivales. Tras salir al ataque de Vingagaard, fue capturado por sus rivales. Abre una grieta para Hindley y para Arensman, que le secundan en la etapa y en la general. Entre los tres hay menos de un minuto y solo dos plazas en el podio. De una pelea que a Eulálio parece escaparse. Llegó a dos minutos del tirolés del Decathlon. Aunque peor fue la debacle del Pellizzari, esperanza italiana a ser el nuevo Nibali. Se dejó 18 minutos tras una pájara que parecía de otro tiempo.
Hierve el asfalto en las calles de Bellinzona. Ni la sombra de sus castillos, Castelgrande, Montebello y Sasso Corbaro, declarados patrimonio cultural mundial, refresca los suficiente al pelotón a las dos de la tarde. La hora de la salida. Su menú es recorrer el valle del río Ticino, la región más mediterránea de Suiza. Soleada y de habla italiana. Repleta de ríos de color verde esmeralda, cascadas fabulosas y pozas en las que los ciclistas desearían refrescarse.
Hielo frente al calor
Para contrarrestar el calor, los equipos preparan hasta 40 kilos de hielo. El sol aplasta tanto como la humedad de un entorno verde que Vingegaard conoce a la perfección. En este cantón suizo ha pasado largas estancias por cuestiones logísticas y también geográficas. Para encontrar las montañas que no hay en Dinamarca.
Sus aliados para ahogar la fuga de Jhonatan Narváez, Giulio Ciccone, Einer Rubio, Chris Harper y Diego Ulissi. Esa fue la definitiva después de muchos intentos río arriba. Incluido el de Markel Beloki, que después llegó a meta 29 minutos después de Vingegaard. A la espera de un día mejor. Cuando la escapada se asentó, quedaban ya apenas 70 kilómetros para la etapa. El Visma apenas les dio margen en los pequeños puertos que había antes de la gran ascensión final.
En dirección al icónico San Gotardo, Ciccone pagaba su frustración con el auxiliar que no le da el refresco que quiere y con el coche de su equipo. Es un escapista encarcelado. Y el maillot de la montaña también se le resiste con un Vingegaard intratabale. Narváez, al menos, logra los puntos del sprint intermedio para pelear por la maglia ciclamino antes de hacer una indicación a sus compañeros de fuga. Basta. Hasta aquí.
Unos kilómetros más adelante, es Ciccone el que levanta el pie. Y la voz. Otra discusión con el director. Harper es el que más aguanta al ritmo del Decathlon, que colabora con el Visma para elevar a Gall a la segunda plaza. El Red Bull hizo una breve aparición al frente del grupo. Fugaz. Elocuente. Se ponen a tirar y revientan a Pellizzari. Mala imagen para la marca. Eulalio, O'Connor... van cayendo los líderes. Todos de uno en uno en el solo de Vingegaard. Quedan dos victorias de montaña y está a dos triunfos de los seis que logró Pogacar en 2024. Está en su mano.
- Más temas
- Ciclismo
- Giro de Italia