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Los tres voluntarios juegan con dos niñas en la ludoteca del Materno Infantil. MARILÚ BÁEZ Voluntarios todo corazón en el MaternoUn acuerdo entre la Fundación Olivares, la Asociación Nena Paine y el Hospital Regional Universitario de Málaga permite que jóvenes con síndrome de Down u otras discapacidades intelectuales ejerzan el voluntariado en el centro con niños con enfermedades graves, principalmente oncohematológicas
Miércoles, 18 de marzo 2026, 00:37
... Málaga, en la que están ingresados los niños que sufren enfermedades oncohematológicas, aunque su apoyo llega a todos los pequeños con patologías graves. Los tres forman parte de un programa de voluntariado pediátrico inclusivo que ha puesto en marcha el Hospital Regional Universitario, del que depende el Materno, gracias a un acuerdo con la Fundación Olivares y la Asociación Nena Paine. Estos tres jóvenes malagueños tienen síndrome de Down y, como tantos otros, han roto los prejuicios para hacer lo que mejor saben: regalar ternura e ilusión a los pequeños que peor lo pasan.Voluntariado
Este voluntariado comienza en 2025 (aunque el programa que lo ampara data de 2012), deforma que los chicos acuden a la sala blanca del Materno de nueve a una y de lunes a viernes de una semana concreta, para dejar luego paso a otros cuantos, «con el fin de que puedan tener esta experiencia el máximo de chicos y chicas posible de Nena Paine». El voluntariado se ejerce en la llamada sala blanca con los niños que van a consulta oncohematológica o que esperan los resultados de una analítica. «Es como una salita de estar, llena de juegos, y en lugar de esperar en otra sala común, lo hacen aquí, es específica de niños oncohematológicos», señala Gaspar.
Un monitor sombra acompaña a los voluntarios, que además reciben una formación y han de cumplir una serie de requisitos: el primero es que, ante el mínimo indicio de estar malo, no pueden acudir al hospital, dado que hay muchos niños inmunodeprimidos
La habitación está llena de juegos de mesa, libros, libretas para colorear y también cuenta con consolas de videojuegos. Además, bajan al hospital de día o a la sala de Hemodiálisis con «un carrito mágico, que está lleno de juguetillos, libros para pintar y van por el hospital ofreciéndoselos a esos peques que están en hemodiálisis o en algún tipo de tratamiento: nosotros queremos llegar a todos los niños posibles, no distinguimos a los menores por una enfermedad u otra».
Los voluntarios siempre van acompañados por un monitor sombra, que es quien gestiona los que se incorporan y está pendiente de ellos. «Son superresolutivos, lo hacen todo muy bien, pero a veces necesitan un poquito de ayuda». Los voluntarios reciben una formación de la Fundación Olivares: si se encuentran mal, «mejor no venir al hospital, tenemos que tener mucho cuidado silos niños tienen el sistema inmunitario más bajito, siempre tienen que llevar, además, mascarilla». Los voluntarios se encargan de que los juegos sean nuevos y estén desinfectados, de ordenar la sala blanca, «tienen una responsabilidad para con estas familias y con la fundación: nosotros estamos supercontentos».
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Los voluntarios juegan a los futbolines con varias niñas ingresadas. MARILÚ BÁEZTanto a los niños como a los voluntarios les gustan los juegos, los videojuegos, «les encanta colorear, también hacen pulseritas» que luego se venden para recolectar fondos. «No sólo interactúan con los menores, también están dándole calor a los papás y a las mamás, y a nosotros mismos, cuando llegas lo primero que hacen es darte ese pedazo de abrazo sincero que ellos dan, se alegran de verte», puntualiza, para recalcar al instante que la habilidad por excelencia que potencia este tipo de experiencias «es la empatía», define la gerente de la Fundación Olivares.
Susana Morales viene acompañada de su hija Sofía, una niña aquejada de un proceso oncológico de solo 12años que es todo ojos y vitalidad. Ataviada con un pañuelo, cuando viene a consulta es acompañada por estos voluntarios tan especiales. «Ingresa cuando tiene el tratamiento, pero ella asiste a muchas consultas y, cada vez que venimos, es una fiesta para Sofía acudir ala sala blanca y poder compartir esos ratitos con ellos», explica Susana Morales.
La empatía es la habilidad que más desarrollan tanto los niños atendidos como los voluntarios
Sofía asegura que juegan mucho, «un día forramos una caja», para añadir: «Yo los pico». Susana destaca que no sólo acompañan a los niños, «también a los papás, porque yo me uno con ellos en los juegos de mesa, en las manualidades, que hacen muchísimas. Óscar, por ejemplo, es muy divertido y viene muchos días contando su historia y pica a Sofía: son ratos que a ellos seles olvida la realidad que están viviendo y a nosotros también ellos nos hacen magia, también les aportamos un poquito. Cuando te reconocen en los pasillos del hospital te dan un abrazo, son muy especiales».
Belén Gaspar afirma que compartir momentos con voluntarios con distintas capacidades es para Sofía algo positivo, «el que tú mires por otros ojos, te da cosas muy buenas».
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Cuatro voluntarios posan con el personal de la Fundación Olivares. MARILÚ BÁEZÓscar Ruiz, de 23 años, dice a SUR que él ya es famoso. Juega muy bien al fútbol, dicen. Asegura que le encanta estar con Belén, la gerente de la Fundación Olivares y destaca que lo que más le gusta es pintar «y hacer manualidades». Óscar levanta los pulgares y asegura que los niños siempre se ríen mucho con él.
Javi Domínguez, de 37 años, asegura que con los pequeños pinta, «juega a la Play y a la Wii» y a juegos de mesa. «Los niños son encantadores», precisa, para indicar: «Nos quieren mucho». Destaca, incluso, la realización de pulseras y que, de vez en cuando, les hace preguntas a los pequeños y, si acierta, les ofrece «un regalito».
Voluntariado inclusivo
Los jóvenes participan así en un voluntariado inclusivo que permite a personas con discapacidad intelectual participar en tareas de acogida, orientación y apoyo básico en la también llamada Sala de Participación Ciudadana en la planta de Oncohematología Pediátrica, siempre bajo supervisión especializada y control del personal sanitario. El respeto al protocolo asistencial es sagrado.
La fundación mantiene desde 2012 un acuerdo de colaboración con el Materno, renovado y actualizado en mayo de 2025, que contempla funciones de acompañamiento emocional, actividades lúdicas adaptadas, participación en iniciativas de humanización y el desarrollo del voluntariado inclusivo en espacios definidos del área pediátrica.
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