Los resultados de Vox en las elecciones de Castilla y León son peores de lo esperado y ponen al partido de Santiago Abascal frente a su propio techo electoral. Vox ya no es la formación que más sube, ni la que rebasa las expectativas demoscópicas, como ha ocurrido en todas y cada una de las últimas citas con las urnas. Al contrario: no sólo no ha franqueado el umbral psicológico del 20% de los votos, sino que ni siquiera ha llegado al 19%. Esto ha forzado a la dirección de Bambú a recalibrar sus fuerzas en las negociaciones con el PP, de manera que Abascal fue ayer más contundente sobre entrar en los gobiernos de Extremadura, Aragón y Castilla y León.
Vox mejora, pero recibe un jarro de agua fría, en comparación con las perspectivas que manejaba. De hecho, ayer, según revelan a EL MUNDO dos fuentes de la dirección de Vox, se hizo «autocrítica» en la reunión del Comité de Acción Política. ¿En qué sentido? Precisamente, en el de la mala «gestión de las expectativas».
En Bambú creen que su resultado es bueno, pero se ha visto lastrado por los líos internos en Murcia, con José Ángel Antelo, y en Madrid, con la purga de Javier Ortega Smith, fundador y afiliado número seis del partido. Al que le acompaña en la lista de los agraviados Ignacio Ansaldo, con el carné número uno del partido.
También ha refrenado el avance de Vox la sensación de que ha bloqueado hasta ahora la gobernabilidad en Extremadura y Aragón por intereses partidistas. O sea, para poder confrontar más con el PP y robarle votos. Así lo reflejan los estudios cualitativos de algunas de las principales empresas democópicas. Pero, al final, han sido los populares los que han batido sus expectativas de hace dos semanas, mientras que Vox se ha quedado casi 4 puntos por debajo de su cima demoscópica de mediados de febrero.
Mientras tanto, Mañueco rebajó su listón y dijo que se conformaba con «un voto más y un escaño más», y le salió bien. Por eso el pasado viernes Abascal intentó sacudirse la presión y subrayó el apoyo de su partido a un decreto en Extremadura, lo que a su juicio demuestra que llega a acuerdos con el PP «todos los días».
Pero ayer, a puerta cerrada, a algunos de los principales dirigentes de Vox no les quedó sino hacer «autocrítica» y reconocer que aún no han llegado al punto que ansiaban. Porque, en privado, reconocen que el 20% era su cota más ansiada. Por encima de esa cifra, ya podían comenzar a hablar de mirar de tú a tú al PP; con el 18,9% y Mañueco en el 35,5%, no.
Dirigentes de la formación ultra creen que el 20% es, hoy por hoy, su techo electoral nacional. Y recuerdan que su estrategia para «ganar» es a largo plazo. Con la vista en 2031. Otras fuentes inciden en que en Castilla y León ha habido mucho «voto de por si acaso» al PP, ante las dudas sobre el desenlace de las negociaciones entre ambas formaciones y en pleno contexto inflacionario por la guerra.
Si bien nadie de la cúpula de Vox trasladó esas reflexiones constructivas en público -«¿qué es lo que nos ha pasado factura si hemos crecido?», se preguntó Abascal-, sí fueron críticos con el resultado quienes no hace tanto formaban parte de esa dirección y hoy están fuera. El ex líder del partido en esta comunidad, Juan García-Gallardo, fue el más punzante en su análisis. «Abascal diciendo que baten récords, con cara de funeral. Falsa euforia. Normal», escribió en sus redes, sacando pecho del resultado de Vox en 2022, cuando él era candidato. «El bipartidismo está hoy de fiesta. Hace cuatro años, quienes estábamos de fiesta éramos nosotros».
Entonces, otro usuario le pregunto si «ha llegado ya el momento de hacer algo más que tuitear». En ese sentido, otros ex dirigentes de Vox aseguran a este diario que muchos simpatizantes, afiliados e incluso cargos del partido les manifiestan su malestar. «Y desde ayer, más. Muchos más», asegura una de las principales ex dirigentes de Vox. «Cada vez hay más gente que nos pide que formemos un partido», añade.
«En privado, mucha gente lo dice. Piden a Iván Espinosa de líder. Piden más huevos. Se quejan de que el liderazgo de Abascal consista en cortarle la cabeza a quien no piense exactamente igual y obedezca en todo», asegura un ex diputado nacional. «La gente piensa que si se monta algo potente en el mismo espacio que Vox, Vox hace agua. Pero a ver quién aparece por aquí...», se resigna.
La voz crítica que más eco tuvo ayer, por el papel que un día ostentó en Vox, fue la de Iván Espinosa de los Monteros, quien llamó a una «reflexión interna» -pide que el partido celebre un congreso extraordinario- y deslizó críticas a que desde la cúpula de Vox se «culpe a todos y a todo el mundo exterior» tras no haber alcanzado un mejor resultado en Castilla y León.