- ARTUR ZANÓN Londres
Coronaciones, celebraciones y restos mortales de británicos ilustres hacen único al edificio milenario.
Es el único espacio de Reino Unido capaz de reunir toda la pompa propia de una coronación real, el impacto que dan los centenares de celebridades enterradas y el asombro de contemplar una de las máximas expresiones del gótico y neogótico y asistir a conciertos de órgano.
La Abadía de Westminster (no confundir con la catedral homónima, católica) es quizá el monumento por excelencia de Londres, en pie desde hace más de mil años y con plena vitalidad gracias a sus oficios diarios. Es el centro de las principales celebraciones del país. No es una catedral ni tampoco una parroquia al uso, sino un "royal peculiar", lo que implica no depender de un obispo o de una diócesis, sino responder exclusivamente al rey de turno.
No podría hablarse de fortuna al referirnos a los dos monarcas que quizá más impulsaron el recinto religioso. Uno fue Eduardo (conocido como san Eduardo, el Confesor), que estableció su palacio junto al Támesis, al lado de un monasterio benedictino fundado hacia el año 960. Se cree que en esa zona había una iglesia levantada en el siglo VII.
El monarca ordenó una importante ampliación del monasterio, que implicó también la construcción de una iglesia en honor de san Pedro apóstol (de ahí que su nombre oficial sea el de iglesia colegiata de San Pedro en Westminster). Eduardo no pudo asistir a la consagración del templo, en 1065, por problemas de salud y a los pocos días murió.
Reconstrucción gótica
Un par de centurias después, Enrique III optó por reconstruir el templo con estilo gótico. Era la época de las catedrales en Inglaterra: Winchester, Salisbury, Canterbury... El monarca no sobrevivió para llegar a la consagración, en octubre de 1269. Sí que pudo trasladar desde Escocia ese mismo año la Piedra de Scone (del Destino o de la Coronación), símbolo de la subyugación de los escoceses (no se unieron a Inglaterra y Gales hasta 1707), que regresó a su origen en el año 1996.
Daños producidos en la linterna de la Abadía de Westminster durante la II Guerra Mundial.De ese periodo nacieron los centenarios usos que han hecho de Westminster un templo cuya trascendencia va más allá de la religión. El más importante de ellos fue, el día de Navidad de 1066, la coronación de Guillermo, el Conquistador. Comenzaba una tradición que ha llegado hasta Carlos III: la abadía de Westminster es el templo donde se han coronado todos los monarcas ingleses, con las excepciones de Eduardo V (nació en 1470 y murió en 1483) y Eduardo VIII (1894-1972).
Hasta ese momento no existía un lugar concreto. La elección de Guillermo de ese espacio se interpreta como una manera de presentarse como sucesor legítimo de Eduardo, enterrado inicialmente frente al altar mayor. Carlos III fue el 40º en ser coronado y en todas las ocasiones se sigue un rígido protocolo, que se repite, con ligeras variaciones, desde el siglo XIV.
Científicos como Newton reposan en abadía.¿Por qué Eduardo V y Eduardo VIII no fueron coronados pese a ser reyes? La ceremonia, aún hoy, se produce meses después de la proclamación, de manera que circunstancias sobrevenidas pueden impedir que se llegue a ese día. El primero fue asesinado en la Torre de Londres y el segundo abdicó en 1936, a los once meses.
Incluso hubo una coronación doble, la única, en 1689, de Guillermo III y María II, primos hermanos. En el siglo XVIII hubo de todos colores y sabores: en la de Jorge III, parte de los asistentes que se pusieron a comer en medio del sermón; Jorge IV no dejó pasar a la abadía a su exmujer Carolina y la de Guillermo IV fue conocida como la "coronación del penique", que apenas gastó tras ser casi arrastrado hasta Westminster.
Con Isabel II millones de personas pudieron ser testigos en medio mundo a través de la televisión, ya en 1953. Dieciséis bodas reales se han oficiado bajo el techo de Westminster; la última, la de Guillermo y Catalina.
Carlos III fue, en 2023, el 40º monarca en ser coronado en Westminster.Con San Eduardo el Confesor arrancó la costumbre de enterrar a reyes y más adelante a personalidades de todos los ámbitos de las que la nación se enorgullece. La reforma de Enrique III dotó a la abadía de espacio para coronar y enterrar a monarcas. Existen 3.300 sepulturas entre la iglesia y el claustro, además de 600 monumentos funerarios y la tumba del soldado desconocido, de obligada asistencia en las visitas oficiales.
Reposo u homenaje
Este es uno de sus hechos distintivos: políticos, guerreros, poetas, músicos, científicos... Cientos de celebridades reposan o tienen allí su homenaje, con un punto especial para el peregrinaje como es el Rincón de los Poetas, con presencia de más de un centenar de nombres como William Shakespeare, Jane Austen, Charles Dickens y las hermanas Brontë. Los deanes de Westminster deciden quién merece ese homenaje. El explorador David Livingstone, el músico Händel y el primer ministro Neville Chamberlain reposan allí y monumentos conmemoran al naturalista Charles Darwin, al físico Isaac Newton y al premier Winston Churchill.
La vidriera del rosetón de la fachada sur se renovó en 1902.La abadía que hoy conocemos fue construyéndose por fases. Por ejemplo, la fachada con sus torres de 68 metros de altura fue erigida entre 1735 y 1740. La huella de la historia también ha atravesado Westminster, con la disolución del monasterio medieval y las guerras religiosas tras la separación de Roma, por no hablar del impacto de la Segunda Guerra Mundial.
La majestuosidad es también otro de los reclamos de Westminster, como lo prueban algunos datos: 156 metros de longitud y 61 metros de anchura en los transeptos con una altura de la nave interior de 34 metros. Capillas, claustros, espectaculares vidrieras y dramáticas perspectivas aumentan el atractivo del edificio, convertido quizá en el mejor símbolo de la arquitectura, la realeza, la religión y las celebraciones sociales de todo un país muy orgulloso de sí mismo.
El claustro del este se usó en tiempos medievales para el lavatorio de Jueves Santo.EXPANSIONCentro religioso compartido con la catedral
Si existe un Westminster es que hay un Eastminser: la catedral de San Pablo (anglicana), en pleno corazón de la City, con la Bolsa de Londres o la sede de Bank of America en la capital británica al lado mismo. Se cree que es la quinta iglesia levantada en el mismo lugar que ocupó en su momento el templo romano de Diana. La actual, con la segunda cúpula más grande del mundo -tras El Vaticano- se levantó tras la destrucción del Gran Incendio de Londres y aguantó los bombardeos nazis de la II Guerra Mundial. Sin competir con la abadía, es también lugar de reposo para los pintores Constable y Turner, Alexander Fleming y Lawrence de Arabia, así como los héroes locales Wellington y Nelson. "Lector, si requieres un monumento, mira a tu alrededor", reza una de las lápidas.
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