Mañana frenética en el Gran Palacio del Pueblo. Atasco de caravanas diplomáticas para reunirse con Xi Jimping. Se retiran las banderas de Emiratos Árabes Unidos, y las tazas de café usadas de la mesa cuando Pedro Sánchez camina ya por la alfombra roja ultimando con su jefe de gabiente, Diego Rubio, los detalles de la reunión que van a mantener la delegación española con la china. El líder asiático pone en orden sus folios. El español se coloca el pinganillo y se prepara para tomar notas. Agradecimientos protocolarios para mimetizarse en un mensaje geopolítico muy parecido. Sintonía. "Tanto China como España tenemos principios y abogamos por la justicia. Y estamos dispuestos a estar del lado correcto de la historia".
La delegación española va tomando notas. La embajadora saca de su bolso un folio con notas a mano. Sánchez toma apuntes en un folio mientras Xi sostiene los folios con sus manos y lee su intervención de un par de minutos. El gigante asiático salió en defensa de España cuando Donald Trump amenazó con romper relaciones comerciales con nuestro país y, a juicio de La Moncloa, por sus relaciones con estados como Rusia o Irán debería tener una mayor implicación en la paz en el mundo. Hacer más, creen en el Ejecutivo español para defender el derecho internacional.
Xi, en la cuarta visita de Sánchez a China, ha caminado por esa idea. Ha hablado en plural, situando en el mismo plano a ambos países, para mostrar el "rechazo al retorno del mundo a la ley de la selva" y para estar "juntos" en el propósito de "salvaguardar el verdadero multilateralismo". Un lenguaje que es el que suele emplear habitualmente el presidente español y que ha hecho suyo su colega chino. En ningún momento, ni Xi ni Sánchez han nombrado a Trump, pero su apuesta por acciones militares unilaterales ha sobrevolado sus mensajes.