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¿Y ahora la moción de censura?

¿Y ahora la moción de censura?
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El sanchismo entra ya en una fase terminal porque mírese por donde se mire el Gobierno de Sánchez no tiene solución de continuidad. Leer
Ensayos liberales¿Y ahora la moción de censura?
  • TOM BURNS MARAÑÓN
Actualizado 25 MAY. 2026 - 00:23Marcha por la Dignidad, este sábado en Madrid.Europa Press

El sanchismo entra ya en una fase terminal porque mírese por donde se mire el Gobierno de Sánchez no tiene solución de continuidad.

Se aprenden varias cosas si uno se molesta en acompañar a una gran multitud de gente indignada que, bajo un sol de justicia, participa un sábado por la mañana en una "Marcha por la Dignidad". La principal es que Pedro Sánchez no ha de preocuparse. Puede capear sin demasiado esfuerzo la indignación que anteayer exteriorizaron decenas de miles de ciudadanos a lo largo de casi cuatro kilómetros por las principales arterias de Madrid.

Tal despreocupación no se debe a genialidades de Sánchez y no habrá necesidad de contraprogramar el creciente descontento generalizado con el relato de Sánchez como defensor de las libertades y baluarte de lo "público" y la sociedad de bienestar. No hay excesiva alarma en la Moncloa gracias a la incompetencia, el cortoplacismo y la cainita rivalidad que divide a la derecha.

El presidente del Gobierno puede estar razonablemente tranquilo porque los manifestantes del pasado sábado, que eran preeminentemente activistas de Vox y tenían a sus líderes encabezando el desfile, estaban tan coléricos contra su persona ("Peeedro Sánchez, H de P", fue un cántico muy repetido) como rabiosos contra los dirigentes del Partido Popular, que aparentemente habían boicoteado la protesta porque no hubo ni rastro de ellos durante la caminata.

Lisa y llanamente fue inexplicable la ausencia del mayor partido de la oposición en un magno pataleo organizado por asociaciones cívicas para exigir el fin de la actual ignominia gubernamental. La no presencia de la cúpula del Partido Popular fue, lógicamente, aprovechada por Vox y será, naturalmente, explotada por Sánchez. Nunca está más cómodo Sánchez que cuando despotrica contra la "fachoesfera".

La derrota del sanchismo, de sus socios y de sus aliados, requiere la unión entre la derecha-centrista y la derecha-derecha, pero la desconfianza mutua entre los dos partidos impide tal confederación. Más que desconfianza, lo que se palpa es el odio poco menos que visceral que se profesan gran parte de sus militantes y, se diría, que la totalidad de sus cargos electos.

La larga marcha del pasado sábado brindaba una ocasión de oro para certificar un cese de hostilidades en la derecha y una "patriótica" disponibilidad a compartir y complementar estrategias con el único y exclusivo fin de enviar al sanchismo cuanto antes al cubo de basura de la historia. Representaba una gran oportunidad para ello porque la convocatoria de la protesta partía de una asociación integradora y pluralista que se autodenomina Sociedad Civil Española.

Cuando se acerca el fin de un ciclo político, que es lo que va a ocurrir en España si se hacen las cosas bien, son muy útiles las iniciativas promovidas por grupos cívicos que actúan juntamente con partidos políticos para establecer el marco del cambio deseado. Así ocurrió en el tardofranquismo cuando se crearon juntas y plataformas democráticas y, eventualmente, una "Platajunta" que uniría criterios para la transición a un régimen de libertades.

Este es el reto hoy cuando el sanchismo entra ya en una fase terminal porque mírese por donde se mire el gobierno de Sánchez no tiene solución de continuidad. El Partido Popular y Vox, que conforman la derecha parlamentaria y que con incrementada frecuencia y normalidad gobiernan en coalición en los territorios autonómicos, han de resetear su manera de interactuar.

Los dos partidos están obligados a aparcar sus suspicacias, a escuchar a un sinfín de pequeños grupos de liberales, conservadores, y cristianos que actúan bajo el paraguas de Sociedad Civil Española y a trabajar unidos para recuperar lo que son las bases de toda democracia liberal que respeta a rajatabla la división de poderes, vela por la transparencia y rinde cuentas.

El Partido Popular ha malgastado incomprensiblemente una circunstancia como fue la de la Marcha por la Dignidad para lucir su poder de convocatoria y ha entregado a Vox el protagonismo y la legitimidad que adquiere el que moviliza muchedumbres para demandar la dimisión del presidente del Gobierno y la convocatoria de elecciones.

Con esta apática actitud el partido que dirige Alberto Núñez Feijóo desaprovechará lo que pasa por ser el último cartucho para recobrar el impulso político. Ha de cargar la escopeta con la presentación de una moción de censura. Si Feijóo no actúa en esta coyuntura tan crítica para la imagen de España, su liderazgo de la oposición será seria y justificadamente cuestionado.

¿Cuántas más historias dignas de la peor de las repúblicas bananeras han que aparecer en los medios nacionales e internacionales para que Sánchez se enfrente a lo que regula el artículo 113 de la Constitución? La ironía será que el presidente del Gobierno será apeado del poder por el mismo "constructivo" procedimiento que él empleó pata alcanzarlo hace ahora ocho años.

Pero los indignados de Vox decían el sábado que Feijóo no se atreverá a retar a Sánchez. La marcha fue toda una muestra de la división de la derecha.

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Fuente original: Leer en Expansión
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