Lunes, 2 de marzo 2026, 01:00
... hueso, que compartimos la humanidad con todas sus consecuencias. Es doloroso que, en cuestión de días, hayan fallecido dos sacerdotes malagueños: Manuel Ángel Santiago y José Amalio González. Con ellos se extingue la llama de dos buenos testigos de la fe que, desde donde estén, seguirán acompañando a quienes peregrinamos esta bendita tierra.Desconozco si al lector o lectora le sucede: borrar en el móvil el número de teléfono de la persona fallecida es una sensación extraña. Sabes que esa persona, a la que solías llamar o mandar mensajes, ya no contestará en la vida. Ha muerto. Por tanto, salvo que el número pase a otra persona de su entorno y lo conozcas o necesites, hay que borrarlo. ¿Para qué llamar a un número donde al otro lado ya no está quien llamas? La experiencia sobrecogedora de un teléfono sonando junto a su propietario difunto, mientras la vida sigue, expresa que hay cosas que no volverán a ser como antes. Recuperemos la mirada sobrenatural. Sacerdotes incluidos. Porque compartimos mismo destino. Ocurrirá que algún momento alguien intentará conectar con nosotros a través de nuestro móvil y no podremos responderle; ¿qué contestará nuestra vida por nosotros?
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