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¿Y si tus seres queridos fallecidos siguieran publicando en redes sociales como si estuviesen vivos?

¿Y si tus seres queridos fallecidos siguieran publicando en redes sociales como si estuviesen vivos?
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La última patente de Meta desta la polémica al plantear un modelo de Inteligencia Artificial que suplanta a los usuarios que 'ya no están'
¿Y si tus seres queridos fallecidos siguieran publicando en redes sociales como si estuviesen vivos?

La última patente de Meta desta la polémica al plantear un modelo de Inteligencia Artificial que suplanta a los usuarios que 'ya no están'

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José Carlos Castillo

13/06/2026 Actualizado a las 19:11h.

Se ha escrito mucho sobre el papel que juegan las redes sociales en los procesos de duelo: cuando un ser querido fallece, sus perfiles digitales ... permanecen, lo que puede traer consigo tanto dolor como alivio a sus allegados. En este contexto, hemos sabido que Meta, compañía responsable de Facebook, WhatsApp e Instagram, redactó una patente sobre un modelo de Inteligencia Artificial destinado a replicar las interacciones de aquellos usuarios que ya no están o «llevan tiempo sin publicar en sus cuentas». 

La polémica suscitada ha hecho que responsables de Meta se apresuren a asegurar que su idea «no será puesta en práctica», al menos por el momento. Y que responde únicamente a un intento por mitigar «el impacto severo y permanente» que tiene la desaparición de un usuario sobre sus seguidores en redes sociales. Algo similar a lo que persiguen los llamados 'perfiles conmemorativos', gestionados por terceros y previamente autorizados: permiten seguir consultando los estados, fotografías y vídeos del homenajeado tras el deceso. 

El riesgo de un duelo 'perpetuo'

Ahora bien, ¿hasta qué punto podría impactarnos ver que nuestros seres queridos fallecidos continúan activos en redes sociales? Para Valeria Moriconi, integrante del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, los efectos resultarían especialmente significativos en las fases iniciales del proceso de elaboración de duelo: «Una de las defensas psicológicas más habituales en el afrontamiento del duelo es la negación parcial o transitoria. Muchas personas, de manera más o menos consciente, pueden fantasear con que el fallecido 'va a volver'. Que éste continúe 'publicando' en redes sociales mediante Inteligencia Artificial interfiere así con la primera tarea del duelo descrita por William Worden: aceptar la realidad de la pérdida. Si el entorno digital reproduce mensajes, imágenes o interacciones como si la persona siguiera activa, se puede reforzar la ilusión de continuidad y alimentar fantasías de presencia. Esto no solo dificulta aceptar la realidad de la muerte, sino que puede consolidar mecanismos de evitación».

«Como consecuencia directa de esta congelación del proceso de duelo -prosigue la psicóloga-, las tareas posteriores como trabajar las emociones asociadas al dolor o adaptarse a un mundo sin esa persona también se ven comprometidas. En lugar de elaborar la ausencia, la persona doliente puede quedar anclada en una relación virtual que simula permanencia, lo que impide la reorganización interna necesaria para avanzar».

El papel de los recuerdos digitales

Moriconi también recalca la diferencia entre consultar las fotos y vídeos digitales que atesoramos como recuerdos y la posibilidad, bosquejada por Meta, de que nos topemos a diario con publicaciones falseadas e inéditas del difunto: «Las fotos, vídeos, audios o publicaciones que la persona dejó en vida forman parte de su biografía real. Son testimonios auténticos de quién fue y de cómo se relacionaba. Estos materiales pueden facilitar un proceso saludable de integración del vínculo, porque permiten recordar, resignificar y dar continuidad simbólica a la relación. Ahora bien, la situación cambia cuando una Inteligencia Artificial comienza a generar mensajes nuevos como si la persona siguiera interactuando. Aquí ya no hablamos de memoria, sino de simulación de presencia. Se introduce una dinámica relacional aparentemente actual; una lógica interactiva que ya no corresponde a la realidad de la pérdida».

Para la profesional de AbiertaMente Psicología, estas consecuencias resultarían más probables (y perjudiciales) en ciertos contextos: «Aquellos duelos que acontecen dejando asuntos pendientes (conversaciones inacabadas, conflictos no resueltos, palabras de afecto que no llegaron a decirse o gestos que no se produjeron a tiempo) resultan más difíciles de superar. Si el hipotético modelo de IA decidiese simular alguna de esas conversaciones pendientes podría producirse una escena aparentemente reparadora pero emocionalmente fría e inexacta, lo que arrojaría una sensación de extrañeza que aumentaría el malestar. Y es que las IA pueden imitar palabras o estilos, pero no contener las vivencias, el amor y la complicidad que constituyeron nuestro vínculo con la otra persona».

Las pérdidas repentinas y las relaciones de extrema dependencia también son el caldo de cultivo para una afectación psicológica potenciada por propuestas como la de Meta, sentencia la experta: «Muchas personas dolientes se sienten solas e incomprendidas. Si en ese contexto empezasen a refugiarse casi exclusivamente en la interacción digital con el fallecido, podría generarse una especie de burbuja relacional que no exige adaptación ni confrontación con la realidad, pero que tampoco aporta crecimiento ni apoyo genuino». Es en estos casos de aislamiento autoimpuesto cuando se recomienda la búsqueda de atención terapéutica: «No para 'dejar de sentir', sino para poder atravesar lo que se siente sin quedar atrapado».

La importancia de un testamento digital

Pocos reparan en la existencia del llamado 'testamento digital', un documento donde especificamos qué tratamiento debe darse a nuestra huella digital (los datos que dejamos en Internet con el paso de los años) en caso de fallecimiento. Según el Portal del Consumidor de la Comunidad de Madrid, los principales contenidos digitales que debemos tener en cuanto al redactarlo ante notario (facilitándole las contraseñas de acceso a nuestros dispositivos si fuese necesario) son: cuentas de correo electrónico, perfiles en redes sociales, unidades físicas de almacenamiento, perfiles de usuario (incluido el de banca electrónica), información en la nube y  monederos virtuales. Si así lo estipulamos, todo ello quedará al cargo de un albacea o institución para su gestión o supresión efectiva.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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