Los intentos de fraude son cada vez más difíciles de distinguir de una comunicación legítima. iStock
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Empresas Ya es oficial: así puedes defenderte de las más de 1.200 estafas diarias en llamadas y mensajes fraudulentosEn un contexto donde las técnicas de phishing son cada vez más sofisticadas, los mecanismos de verificación se han convertido en la herramienta más eficaz para distinguir una comunicación legítima de un intento de fraude.
Cristina Yusta Publicada 9 julio 2026 10:00h Las clavesLas claves Generado con IA
Puede ser un correo electrónico que alerta de un problema en el pago de la factura. Un SMS que advierte de un supuesto cambio en las condiciones del contrato de la luz. O un comercial que promete una mejora de la tarifa. Casi nos hemos habituado a recibir este tipo de mensajes, y es que las diferentes técnicas de phishing (cuando los ciberdelincuentes suplantan la identidad de una empresa) se han convertido en parte de la vida cotidiana.
En 2025 se registraron 430.493 infracciones penales por estafas online (unas 1.200 estafas al día), según los datos publicados por Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en el Balance de Criminalidad en España y suponen el 17% de todos los delitos cometidos en España.
Los intentos de fraude son cada vez más difíciles de distinguir de una comunicación legítima. Además, los estafadores conocen bien los puntos vulnerables de los consumidores y los engaños siguen siempre un patrón similar. Se apoyan en un contexto reconocible (una factura de tu compañía eléctrica, una oferta limitada) y un mensaje que apela a la urgencia.
El objetivo es siempre el mismo: conseguir que la persona actúe antes de detenerse a comprobar lo que está ocurriendo. En el ámbito energético, los estafadores juegan además con la complejidad de ciertos trámites y conceptos regulatorios, generando una sensación de apuro que puede llevar al consumidor a tomar decisiones equivocadas.
A todo ello se suma la digitalización. Si bien ha simplificado numerosos trámites -desde contratar servicios hasta consultar consumos o resolver incidencias- también ha multiplicado los canales a través de los que pueden llegar los intentos de fraude.
Algunas claves para protegerse frente al fraude
- Desconfía de la urgencia. Si te exigen actuar de inmediato, tómate unos minutos para verificar la información.
- No compartas datos sensibles. Nunca compartas contraseñas, códigos de verificación o datos bancarios sin confirmar la identidad del interlocutor.
- Evita pinchar en enlaces de comunicaciones inesperadas. Siempre que sea posible, accede a la web oficial o a la aplicación de la compañía por tus propios medios.
- Comprueba el canal. Ante la duda, cuelga la llamada y contacta tú mismo con la empresa a través de los canales que aparecen en su web o documentación oficial.
- Revisa el lenguaje. Los mensajes confusos, las amenazas o las ofertas demasiado buenas deberían ser señales de alerta.
- Consulta antes de decidir. Pide ayuda a un punto de atención o servicio oficial antes de aceptar o facilitar información.
De la sospecha a la comprobación
Durante años, el principal consejo frente al fraude ha sido desconfiar. Sin embargo, en un entorno donde las técnicas de suplantación son cada vez más sofisticadas, esto puede resultar insuficiente.
En este contexto, la confianza en las empresas adquiere una nueva dimensión. Ya no basta con ofrecer un servicio fiable. También es necesario ayudar a los usuarios a identificar con claridad cuándo una comunicación es auténtica y cuándo no lo es.
Muchas decisiones precipitadas ocurren cuando el consumidor siente que está solo frente a una situación confusa. Por el contrario, disponer de canales accesibles donde resolver dudas o confirmar información reduce considerablemente el riesgo de caer en un engaño.
La transparencia entre empresa y cliente se convierte así en una herramienta de protección. Los canales de comunicación deben ser fácilmente reconocibles y accesibles y los mensajes, claros. Cuanto más sabe el cliente sobre cómo se comunica una compañía con él, más difícil resulta que un tercero consiga hacerse pasar por ella.
Así, la prevención del fraude deja de ser una cuestión exclusivamente tecnológica para convertirse también en una cuestión de experiencia de cliente. Y la respuesta pasa por facilitar mecanismos de verificación. Cada vez más compañías ofrecen a sus clientes herramientas que les permitan comprobar la legitimidad de una llamada o una comunicación.
Endesa ha puesto en marcha una herramienta que permite verificar rápidamente si un número está autorizado por la compañía.
La importancia de tener a quién preguntar
El año pasado, Endesa puso en marcha la herramienta “Comprueba quién te ha llamado”, que permite verificar rápidamente si un número de teléfono está autorizado por la compañía.
Los datos reflejan hasta qué punto el problema de las llamadas fraudulentas forma ya parte de la vida cotidiana: más del 90% de los números consultados a través de esta herramienta en 2025 no pertenecían a teléfonos autorizados por la compañía. Es decir, que la inmensa mayoría de los usuarios que acudieron a verificar una llamada tenían motivos fundados para sospechar.
Lograr ese cambio de comportamiento en el usuario es fundamental. Cuando una persona puede comprobar la identidad de quien le contacta, el fraude pierde una de sus principales armas: la incertidumbre y la capacidad de generar presión.
Sin embargo, la tecnología por sí sola no resuelve el problema. Hay un factor a menudo infravalorado: la atención humana. La atención al cliente, los puntos de atención presencial y los canales oficiales de consulta desempeñan un papel que va mucho más allá de la gestión de incidencias pues también actúan como espacios de verificación y acompañamiento.
Las estafas seguirán evolucionando. Probablemente serán más sofisticadas, más personalizadas y más difíciles de detectar a simple vista. Por eso, la protección de los consumidores dependerá cada vez menos de la intuición y más de la capacidad para verificar.
En un momento en el que muchas comunicaciones sobre la factura de la luz puede parecer completamente legítima, la diferencia ya no estará en sospechar de todo, sino en disponer de las herramientas para verificarlo. La pregunta ha dejado de ser “¿y si me están engañando?” para convertirse en “¿cómo lo compruebo?”.