El Niño ya está aquí y los datos oficiales apuntan a un evento potencialmente muy fuerte. La NOAA que hace un mes no veía motivos para preocuparse, ya da un 63% de probabilidad a lo que los meteorólogos llaman SuperNiño.
Mientras tanto, la NASA ya ha detectado que el nivel del mar de Perú está 15 cm por encima de la media. Es solo el principio: se esperan más de 25 grados en los próximos meses.
¿Y qué significa todo esto? Nadie lo sabe muy bien. Por un lado, la misma NOAA explica que "incluso los eventos muy fuertes de El Niño no producen el impacto esperado en todas partes; los eventos más fuertes solo inclinan más las probabilidades". Como dice Severine Fournier, subdirectora científica de Sentinel-6, "cada El Niño es diferente, pero casi siempre traen un año cálido y grandes cambios de lluvia en partes del planeta".
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Hay un tercio de posibilidades de que El Niño sea "históricamente fuerte". 2024 apunta a un calor extremo inédito
Y es lógico: "El Niño" solo significa que la ausencia de unos vientos alíseos fuertes que refresquen la superficie del Pacífico ecuatorial hace que la temperatura de esa zona del océano se dispare. Y es esto, a través de diferentes teleconexiones atmosféricas, lo que trastoca todos los sistemas meteorológicos del mundo. Pero, para que eso los efectos del calor del Pacífico ecuatorial tienen que interactuar con un montón de sistemas y el resultado es impredecible.
Por el otro, al menos sobre el papel, estamos a las puertas del que puede ser el evento más grande jamás registrado. Nadie sabe si a partir de cierto momento se rompen las reglas que conocíamos.
Entonces... ¿Podemos decir que vamos hacia un SuperNiño? Como es evidente, la situación climática que está provocando el cambio climático eleva el grado de incertidumbre de todo. No obstante, los datos son clarísimos: en los últimos 76 años solo hemos visto ocho casos como el actual (que, partiendo de un invierno en fase fría -- La Niña -- hayan llegado a verano en fase cálida).
Ninguna de esos casos terminó con un El Niño descafeinado. En todos y cada uno de ellos, al calentamiento rápido le siguieron 'curvas' climáticas. El suelo fue el evento de 1951 que se quedó en 'moderado' (aunque hay discusión de si fue más fuerte, pero no logramos medirlo bien por cuestiones técnicas).
Es verdad que ocho casos no es demasiado. Pero, por ahora, sabemos que la probabilidad de que sea un SuperNiño es muy alta y que la de que se quede en débil es casi despreciable.
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En Xataka | Una de las peores noticias del año viene de este recuadro rojo: las proyecciones acaban de poner sobre la mesa el peor El Niño en 140 años
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La noticia
Ya estamos comprobando el primer efecto de El Niño más destructivo que se recuerda: sube el nivel del mar
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
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Ya estamos comprobando el primer efecto de El Niño más destructivo que se recuerda: sube el nivel del mar
En cuatro semanas el mundo ha cambiado de forma radical. Tanto que El Niño ya está aquí
El Niño ya está aquí y los datos oficiales apuntan a un evento potencialmente muy fuerte. La NOAA que hace un mes no veía motivos para preocuparse, ya da un 63% de probabilidad a lo que los meteorólogos llaman SuperNiño.
Mientras tanto, la NASA ya ha detectado que el nivel del mar de Perú está 15 cm por encima de la media. Es solo el principio: se esperan más de 25 grados en los próximos meses.
¿Y qué significa todo esto? Nadie lo sabe muy bien. Por un lado, la misma NOAA explica que "incluso los eventos muy fuertes de El Niño no producen el impacto esperado en todas partes; los eventos más fuertes solo inclinan más las probabilidades". Como dice Severine Fournier, subdirectora científica de Sentinel-6, "cada El Niño es diferente, pero casi siempre traen un año cálido y grandes cambios de lluvia en partes del planeta".
Y es lógico: "El Niño" solo significa que la ausencia de unos vientos alíseos fuertes que refresquen la superficie del Pacífico ecuatorial hace que la temperatura de esa zona del océano se dispare. Y es esto, a través de diferentes teleconexiones atmosféricas, lo que trastoca todos los sistemas meteorológicos del mundo. Pero, para que eso los efectos del calor del Pacífico ecuatorial tienen que interactuar con un montón de sistemas y el resultado es impredecible.
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Por el otro, al menos sobre el papel, estamos a las puertas del que puede ser el evento más grande jamás registrado. Nadie sabe si a partir de cierto momento se rompen las reglas que conocíamos.
Entonces... ¿Podemos decir que vamos hacia un SuperNiño? Como es evidente, la situación climática que está provocando el cambio climático eleva el grado de incertidumbre de todo. No obstante, los datos son clarísimos: en los últimos 76 años solo hemos visto ocho casos como el actual (que, partiendo de un invierno en fase fría -- La Niña -- hayan llegado a verano en fase cálida).
Ninguna de esos casos terminó con un El Niño descafeinado. En todos y cada uno de ellos, al calentamiento rápido le siguieron 'curvas' climáticas. El suelo fue el evento de 1951 que se quedó en 'moderado' (aunque hay discusión de si fue más fuerte, pero no logramos medirlo bien por cuestiones técnicas).
Es verdad que ocho casos no es demasiado. Pero, por ahora, sabemos que la probabilidad de que sea un SuperNiño es muy alta y que la de que se quede en débil es casi despreciable.