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Fotograma del largometraje 'Meditar', presentado en el Festival de Málaga. SUR «Ya no hay miedo»: Sara G. Cortijo presenta 'Meditar' en el Festival de MálagaLa directora y periodista malagueña estrena el 8 de marzo su primer largometraje, un retrato de Amigos del Desierto y de la meditación cristiana que la sostuvo durante la enfermedad y pérdida de su madre
Carmen Barranca
Jueves, 5 de marzo 2026, 20:44
... breve inaugura 25 minutos de mantra y quietud. Así empiezan los días de Sara G. Cortijo desde hace tres años. Meditar, dice, le ha enseñado a «no tener miedo y a ganar confianza» en el momento más frágil de su vida, cuando tuvo que acompañar, a la par, la enfermedad y pérdida de su madre. En ese mismo periodo rodó su primer largometraje, 'Meditar', seleccionado por el Festival de Málaga 2026.El documental, de 83 minutos rodados principalmente en Madrid, con entrevistas y un seminario grabados también en Málaga, observa la práctica afín a la realidad. Meditación individual diaria, encuentros semanales en grupo y retiros mensuales. No hay impostación. «El propio largometraje invita a contemplar y reflexionar. Es un camino largo y lento», apunta Cortijo. Sin recurrir a la música, «la cámara se detiene en los rostros, en las respiraciones, en el silencio compartido». Y después, en la palabra.
Un proceso paralelo
«Ha sido un proceso paralelo al empezar en el camino de la meditación con el de la película», explica. Comenzó a meditar en noviembre de 2022. Poco después, su entorno familiar atravesó una etapa de enfermedad que alteró por completo su vida cotidiana. «Enfermaron los tres pilares de mi vida. Mi madre, mi padre y mi pareja atravesaron procesos oncológicos», resume. Durante dos años y medio escribió, rodó y montó mientras acompañaba ese proceso. «No sé cómo habría sobrellevado todo lo que vino después sin la meditación. Quedarse sin suelo bajo los pies fue la condición que me hizo poder volar«».
Insiste en que la práctica no anestesia la realidad. «La meditación no te quita los problemas. Te cambia la forma de mirarlos». En esa transformación se sitúa también el sentido profundo del documental. «Hay veces que miro atrás y digo: ¿cómo pude? Y no lo sé. Siento que he tenido una fuerza y una claridad para ver qué era lo importante en cada momento. Al igual que a mí, puede ayudar a mucha gente». «Aceptar lo que hay y disfrutar el tiempo que tengamos», resume como aprendizaje esencial. Pero 'Meditar' no es un ejercicio confesional. Es, ante todo, un retrato coral.
En pantalla aparecen meditadores de diversos perfiles. Creyentes practicantes, personas alejadas de la Iglesia, profesionales de distintos ámbitos. También Lluís Homar, cuya presencia aporta una mirada pública a una experiencia «radicalmente íntima». Todos comparten una disciplina sencilla y exigente: 25 minutos diarios de silencio y repetición de un mantra.
Tradición sin complejos
Uno de los ejes que atraviesa el largometraje es el origen cristiano de la práctica. Amigos del Desierto se enmarca en esa tradición contemplativa que hunde sus raíces en el hesicasmo, corriente mística cristiana oriental iniciada por los Padres del Desierto y consolidada en el Monte Athos entre los siglos XIII y XIV. Su núcleo es la hesiquia (silencio interior, quietud) y su práctica central, la Oración del Corazón o Oración de Jesús. En la genealogía contemporánea de esta vía se sitúa también Franz Jalics, maestro de Pablo d'Ors.
Al inicio del proyecto, Cortijo evitaba enfatizar. «Antes tenía miedo de decir que era una meditación que provenía de la religión cristiana», reconoce. «Temía que en este mundo tan polarizado el proyecto generase prejuicios». Con el tiempo, esa reticencia desapareció. «Es otro fruto de la meditación: ya no hay miedo. Hay confianza». La película no pretende convencer, sino mostrar la práctica en su contexto real, sin diluir su raíz. «Si alguien termina la película y siente curiosidad por investigar qué es la meditación, yo estaría satisfecha. Es una inspiración para meditar».
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Sara G. Cortijo, directora del largometraje 'Meditar'. SURSara G. Cortijo es malagueña. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Málaga y formada en Interpretación Textual en la ESAD. No es la primera vez que la directora pasa por el festival, ya obtuvo la Biznaga de Plata al mejor cortometraje documental en 2022 con 'Romeo'. Regresa ahora al certamen con su primer largo. «Es jugar en casa. En mi tierra, y sobre todo, en la de mi madre», afirma.
El 8 de cada mes nunca es una fecha cualquiera. Fue el día que falleció su madre, crítica de cine. La directora, reflexiva por la coincidencia, se presenta al Festival de Málaga también un día 8. A la misma hora de la pérdida. Lo siente como una «compañía indirecta». Además, la sala estará llena. Las entradas se agotaron el mismo día de su salida online, por teléfono y en taquilla. Habrá amigos, compañeros, miembros de Amigos del Desierto y profesionales sanitarios que le acompañaron durante el proceso.
Silencio al amanecer, una manta extendida y un gong que marca el inicio. La escena íntima con la que empieza cada día se plasma en una sala llena y ante su ciudad, Sara G. Cortijo presenta el resultado de tres años de trabajo y de una práctica que atravesó su vida personal sin convertirse en confesión. El 8, a las 21.30 horas, la pantalla se encenderá. Y, como sostiene su directora, «ya no habrá miedo».
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