Martes, 22 de septiembre de 2026 Mar 22/09/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

«Ya se me pasará»: el fenómeno de los 'antihipocondriacos'

«Ya se me pasará»: el fenómeno de los 'antihipocondriacos'
Artículo Completo 924 palabras
Frente a los que piden cita al primer estornudo, hay un batallón silencioso que presume de no ir al médico nunca. No siempre es síntoma de una salud de hierro
«Ya se me pasará»: el fenómeno de los 'antihipocondriacos'

Frente a los que piden cita al primer estornudo, hay un batallón silencioso que presume de no ir al médico nunca. No siempre es síntoma de una salud de hierro

Escucha el artículo. 5 min

Escucha el artículo. 5 min

Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock)

Julio Arrieta

22/09/2026 Actualizado a las 00:35h.

Yo a mi médico ni lo conozco. No he ido en mi vida». Esta frase, que algunos recitan a menudo con fanfarronería, tiene mucho de ... trampa. Dan ganas de preguntarles si nunca han tenido una triste gripe que les haya tumbado en la cama. Responderán que no, por supuesto; pero la realidad es bien distinta. En la mayoría de los casos, tenerla la han tenido, pero han buscado explicaciones, algunas inverosímiles, para no pedir cita. ¿Un dolor persistente? «Será cansancio». ¿Tos que no se va? «Contaminación». ¿Adelgazar? «Es que como menos». ¿Una recomendación para hacerse una prueba? «Ya iré más adelante, que estoy liadísimo». Así todo el rato.

«Son las dos caras de la misma moneda», responde Juan G. Castilla Rilo, psicólogo general sanitario y divulgador del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. «Los diversos estudios científicos nos muestran que la evitación a los médicos es multicausal: temor al diagnóstico y sus consecuencias, experiencias negativas previas, patrón de ansiedad anticipatoria, barreras prácticas y desconfianza en los médicos y la medicina». A esta hay que añadir otra más reciente: la «desconfianza en la industria farmacéutica que está detrás del diagnóstico y los tratamientos». Todo lo contrario de esas personas que acuden con frecuencia a los centros sanitarios «porque la consulta les reduce la incertidumbre y les da sensación de control».

Afrontamiento

Entre no preocuparse por la salud propia y evitar al médico a toda costa por miedo hay una diferencia importante. La clave «es el estilo de afrontamiento. No preocuparse demasiado por la salud es un estilo de afrontamiento tranquilo y generador de bienestar psicológico. Mientras que evitar al médico por miedo es un mecanismo defensivo». Pueden parecer similares porque el resultado final es la frase «yo nunca voy al médico», que todos hemos escuchado –cuando no somos nosotros mismos quienes la soltamos– «pero el impacto y el mecanismo psicosomático es muy diferente: tranquilidad versus miedo», precisa el especialista. El no preocuparse nace de una baja activación emocional, mientras que evitar por miedo «nace de una alta activación emocional que la persona intenta reducir».

Frases como «prefiero no saberlo» o «ya se me pasará» son afirmaciones «de autoprotección emocional que no expresan indiferencia, sino un intento de evitar una emoción, el miedo, que se siente demasiado grande». Ese tipo de aseveraciones «funcionan como un 'si no lo nombro, no existe', aprendido de cuando éramos niños y escuchábamos de noche ruidos o 'fantasmas' y escondíamos la cabeza debajo de las sábanas o nos dormíamos rápido», añade.

La conducta en sí misma «no es peligrosa», aclara el experto. «Lo que importa es el impacto que produce, el tiempo que se ha dejado pasar o la gravedad interna que se tiene». Si somos 'evitadores' ¿cuándo llega el momento de cambiar el chip y pedir cita? «Hay que saber escuchar al cuerpo. Si hay dolor, cambios bruscos de tu día a día como podría ser de peso, de humor, del sueño, en hábitos de ocio, o de atención… hay que buscar los motivos que los desencadenan».

De preocuparse a...

Cuando la evitación impide consultar ante síntomas persistentes o señales de alarma que «afectan a tu vida cotidiana, a tu día a día», estamos ante un problema, por no decir un peligro. Si hay síntomas o situaciones que «empiezan a interferir con la salud, y trastocan tu bienestar físico y altera tu bienestar emocional», retrasar la atención puede conducir a diagnósticos más tardíos, limitar las opciones de tratamiento y aumentar el sufrimiento evitable.

No se trata de meter más miedo, sino de ser conscientes de los riesgos. «Muchos problemas sanitarios son más fáciles de tratar al inicio y se complican si se dejan avanzar, por lo que esa evitación 'salvadora' puede pasar de ser algo manejable a algo grave o más serio», destaca el psicólogo. «Aquel síntoma o malestar que se podría haberse solucionado con una intervención sencilla puede requerir ahora algo más complejo por dejar pasar demasiado tiempo».

También se pueden perder oportunidades de prevención: controlar la presión arterial, revisar una medicación, actualizar vacunas, detectar una alteración metabólica o participar en los cribados recomendados para determinadas edades y riesgos. No acudir nunca no protege de la enfermedad; únicamente reduce la posibilidad de conocer a tiempo lo que está ocurriendo. Eso no significa que haya que someterse a pruebas sin indicación o consultar por cada sensación pasajera. La cuestión es encontrar un equilibrio.

«No huyas de las cosas que temes porque te perseguirán eternamente y, a veces, corren más que nosotros», resume Castilla Rilo. «Sé honesto contigo, si realmente no te preocupa sigue tranquilo con la vida. Pero si sabes que sí te preocupa, entonces no te 'pre-ocupes', ocúpate».

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir