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Yayoi Kusama, icono universal: “Mi yo más joven estaría encantado de saber que con el tiempo adquirí un auténtico entusiasmo por la vida”

Yayoi Kusama, icono universal: “Mi yo más joven estaría encantado de saber que con el tiempo adquirí un auténtico entusiasmo por la vida”
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El nuevo bookazine de Magas homenajea a Yayoi Kusama, la artista viva más cotizada e influyente de nuestra era.
Iconos Magas Yayoi Kusama, icono universal: “Mi yo más joven estaría encantada de saber que con el tiempo adquirí un auténtico entusiasmo por la vida”

El nuevo bookazine de Magas homenajea a Yayoi Kusama, la artista viva más cotizada e influyente de nuestra era.

Créditos Texto Rubén Fernández-Costa Portada Yayoi and the Yellow Tree de © YAYOI KUSAMA Fecha de publicación:

28 de noviembre de 2025, 18:06

Japón existe dos veces, y cualquiera que lo haya visitado lo sabe. Está el Japón breve, elogiado y sutil. Y está el Japón del color, de los excesos, descarado y febril. Yayoi une esos dos extremos en su arte y ambas energías están en todas partes.

Yayoi Kusama (Matsumoto, Japón, 1929) es la artista viva más cotizada e influyente del mundo. Más que eso, parece ser dueña de todos los secretos del éxito, la inspiración, la resiliencia y la longevidad.

A sus 97 años recién cumplidos, el bookazine de Magas homenajea a la genial Yayoi Kusama, coincidiendo con una serie de grandes retrospectivas suyas en los templos del arte en Europa, como la Museo Ludwig de Colonia (Alemania) hasta el 2 de agosto.

Yayoi, que vive internada por voluntad propia desde los setenta en una institución de salud mental en su país, alcanzó otro nivel de fama en el nuestro tras su exposición en el Guggenheim de Bilbao en 2023.

Yayoi Kusama trabajando en My Eternal Soul (2009-21), 2017 © YAYOI KUSAMA Courtesy of Ota Fine Arts, David Zwirner.

Una década antes, coincidiendo con su primera colaboración con Louis Vuitton, deslumbró a los visitantes de la ciudad de Venecia, donde su obra estaba por todas partes, en los escaparates y espacios de arte de la Bienal.

Su obsesión por las calabazas y sus instalaciones gigantes con lunares simbolizan el encuentro de lo extraordinario en lo ordinario, y cómo las mujeres no necesitan ser perfectas para ser únicas.

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Pero, ¿por qué es tan importante globalmente el trabajo de Yayoi? ¿Cómo es posible que, en la era de las pantallas, no sólo haya mantenido su importancia sino que la ha amplificado globalmente? ¿Qué aprendizajes comparte ella ahora con el mundo?

Yayoi Kusama inició su carrera con performances tan conocidas como Walking Piece (ca. 1966): en esta fotografía de Eiko Hosoe, lleva un kimono rosa y una sombrilla decorada con flores mientras recorre Nueva York, en una serie de 24 imágenes en color de la colección de la artista. FOTOGRAFÍA DE © YAYOI KUSAMA.

En el pasado

Semanas antes de escribir este reportaje, en la biblioteca del Museo Reina Sofía, vivo una escena curiosa: como las monografías están ordenadas alfabéticamente por apellido, casi se puede adivinar la importancia de cada artista en la historia del arte por el número de baldas que ocupa. En la letra K, una muchedumbre de publicaciones forma una sucesión de coloridas franjas verticales que parece una de sus obras: Kusama, Yayoi.

En una mano tengo ya su autobiografía, un libro gris por fuera y luminoso por dentro. En otra sostengo mi iPhone, que me notifica que Studio Kusama nos hace llegar sus declaraciones. Las palabras de Yayoi están llenas de una energía casi juvenil.

“Habiendo cultivado una postura propia ante la vida y consciente de que el tiempo que me queda es cada vez más corto, sigo buscando constantemente algo nuevo, buscando con urgencia alcanzar nuevas cotas en el ámbito del arte”, declara.

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A la pregunta de un recuerdo particular o un momento importante de su extensa vida en el que piense a menudo o que haya influido en su carrera y que le gustaría compartir, responde con su primera infancia.

A los cinco años dibujaba, y a los diez albergaba un fuerte deseo de ser pintora. Incorporando todo lo que despertaba mi interés, exploré diversas formas de expresión, como la pintura, la escultura, el cine y la literatura. Estas transformaciones no se produjeron de forma intencional, sino orgánicamente”.

Su familia era adinerada en el Japón patriarcal de la posguerra, responsable de un vivero de semillas. De ahí proviene sin duda su interés temprano por las plantas y las influencias de la Naturaleza con sus ciclos.

También se encuentra en su biografía el trauma infantil que desata sus alucinaciones. Ella misma describe el impacto de un padre —ausente e infiel— y una madre —autoritaria y llena de frustración—.

Aquello dará como consecuencia una primera parte de obra en su carrera que “vibra con una inmediatez clínica”, como afirma Arthur Lubow [Yayoi Kusama, Rizzoli, 2012].

En uno de los episodios clave de su infancia ella misma describe cómo las flores del mantel pasaron de repente a cubrirlo todo a su alrededor. Y cómo aquello se transformó en un principio de una substancia propia, única.

Self-Obliteration #2, 1967. Obra realizada en gouache, pluma, pastel y fotocollage sobre papel (40.4 × 50.4 cm). COLECCIÓN DE LA ARTISTA © YAYOI KUSAMA.

Leontine Coelewij, Stephan Diederich y Mouna Mekouar coescriben el texto del catálogo de la muestra que ahora se inaugura en el museo Ludwig —donde especialistas en botánica y astronomía alaban sus obras— y lo describen con exactitud.

“Las tensiones familiares podrían haber desencadenado (o al menos intensificado) cambios perceptivos en Yayoi, quien aún no había cumplido los diez años, que se manifestaron como alucinaciones auditivas y visuales que posteriormente se diagnosticaron como trastorno obsesivo-compulsivo”.

Añaden más. “A veces escuchaba a animales y plantas que le hablaban, a veces veía auras alrededor de los objetos o experimentaba patrones florales o de puntos repetitivos que se extendían sobre muebles, su propio cuerpo, por toda la habitación y más allá. Al plasmar incansablemente las imágenes de su percepción alterada —cuya realidad quizá quería confirmar— en dibujos, sentó, según su propia evaluación, las bases de su singular lenguaje artístico”.

Y, sin embargo, no hay oscuridad que no genere una luz distinta. Esas experiencias extra sensoriales la guiaron hacía lo artístico, donde encontró un camino. Luego, cuando tuvo edad suficiente, empezó a planear su huida. Es curioso el orden que ella misma elige para contar su vida. El libro de sus memorias comienza con su llegada a Nueva York en el año 1957, como si su vida empezara ahí, casi a los treinta años.

Yayoi Kusama en medio de su instalación Narcissus Garden en la 33a Edición de la Bienal de Venecia en 1966.

Nueva York infinito

Kusama huyó a Nueva York, lejos de su casa. Curiosamente la primera frase de sus memorias es “aterricé en América el 18 de noviembre de 1957”, y entonces pasa a describir que lo hizo llevando “sesenta kimonos de seda” y una buena cantidad de “dibujos y pinturas”. Su plan era sobrevivir vendiéndolos. Pero, ¿y su infancia?

Del mismo modo, ella responde a la pregunta del inicio de su carrera con esa época de performances, fotografías frente a sus obras y propuestas vanguardistas. “Pasé los primeros años de mi carrera intentando consolidar mi posición”, leo en su email. “Creo que mi yo más joven estaría encantada de saber que, con el tiempo, adquirí un auténtico entusiasmo por la vida tras descubrir su verdadera belleza”.

La artista, posando en Untitled (Dress) con sus esculturas fálicas en su estudio de Nueva York, en 1971. FOTOGRAFÍA: TOM HAAR. © YAYOI KUSAMA.

Así fue como llegó, huyendo, a Nueva York. Pero también, por qué negarlo, buscando el éxito. Como afirma Arthur Lubow, [Yayoi Kusama, Rizzoli], “El anhelo de autodestrucción y el deseo de fama mundial son los motores gemelos que impulsan a Yayoi Kusama. Para entender mejor su arte, es útil dejar atrás las preguntas sobre las causas familiares —el maltrato de su madre, sus traumas sexuales— y explorar en cambio cómo las hebras opuestas de autoaniquilación y autoengrandecimiento han formado la trama y urdimbre de una carrera”.

Y vaya si lo consiguió. Pionera del minimalismo y el arte pop, en su larga vida, Kusama tuvo relación con artistas como Georgia O’Keeffe, Andy Warhol o Donald Judd [los cita a todos en la parte 4 de su autobiografía se titula Gente que he conocido, Gente que he amado], la única diferencia con estos grandes nombres es que ella sigue viva y su fama sigue siendo global, en términos de influencia y originalidad.

“Más que cualquier otra cosa, ese profundo sentido de la fuerza vital en la expresión artística es lo que me ha servido de apoyo y me ha dado la fuerza para superar sentimientos de depresión, desesperanza y tristeza”

- Yayoi Kusama

Pumpkin (1981), una de las primeras representaciones de sus famosas calabazas de lunares, realizada en acrílico y tela sobre lienzo (130.3 × 97 cm). COLECCIÓN DE DAISUKE MIYATSU, CHIBA, JAPÓN. © YAYOI KUSAMA.

Elisa Hernando, que organiza el programa de coleccionistas de la feria ARCO y es fundadora de la consultora de inversión Arte Global me cuenta por WhatsApp que Kusama sigue siendo la artista mujer viva más cotizada a nivel mundial.

“Según publica artprice está en el ranking de los artistas más vendidos en subastas”, me responde. Y explica cómo una potencial inversión realizada en el año 2000 en la obra de Kusama se hubiera multiplicado por 2,5 a día de hoy. Además, “durante el año 2025, se vendieron obras de ella por encima de 46 millones de euros. Sus piezas que alcanzan mayores precios son las esculturas de Pumpkins [Calabazas]”.

CORTESÍA DE OTA FINE ARTS, VICTORIA MIRÓ. DAVID ZWIENER / FOUNDATION BEYELER © YAYOI KUSAMA

Tras su estancia en Nueva York, regresó a Japón en el año 1973, donde comenzó a trabajar temas intensos, textos de mucha potencia emocional. Después, su obra tendería hacia las pinturas envolventes y de colores intensos y llegaría la decisión de auto internarse en un centro.

“En mis más de setenta años como artista, siempre me ha maravillado la vida”, responde la artista. “Más que cualquier otra cosa, este profundo sentido de la fuerza vital en la expresión artística es lo que me ha servido de apoyo y me ha dado la fuerza para superar sentimientos de depresión, desesperanza y tristeza”.

La importancia que tiene en la historia del arte queda clara en la nueva exposición que inaugura estos días en el museo Ludwig de Colonia (Alemania). El recorrido llenará todos sus espacios, incluyendo sus dos terrazas, comenzando el homenaje en el año 1934, hasta llegar a una instalación recientemente encargada.

Con trescientas obras de diferentes formatos: pinturas, dibujos, esculturas, instalaciones —incluyendo su primera instalación de 1963, titulada Aggregation: One Thousand Boats Show—, moda, performances y literatura.

Kusama rodeada por un grupo de modelos con vestidos diseñados por la propia artista (Nueva York, 1968). IMAGEN DE ARCHIVO DE YAYOI KUSAMA: © YAYOI KUSAMA.

En el presente (y el futuro)

No vivimos una época fácil, seguramente. Sin embargo Kusama sigue conectada con la actualidad y reclama la relación entre la vida y el arte. “Es necesario forjar una filosofía impulsada por la creatividad, altamente humanista en relación con el amor y la paz, manteniendo la reverencia por toda la vida, enfrentando las crisis globales con firmeza y compartiendo mensajes maravillosos con el mundo para ayudar a otros a superar los prejuicios y la confusión”, responde.

Nueve décadas ejerciendo una actividad vocacional es algo difícil de encontrar. Coincidiendo con su 97 cumpleaños, su forma de celebrar el —casi— siglo completo de creación es en realidad con tres exposiciones en tres templos del arte mundial. En la Fundación Beyeler, el museo más importante de Suiza, en el Museo Ludwig de Alemania —estos meses, del 14 de marzo al 2 de agosto—, y posteriormente en el contemporáneo Stedelijk holandés —desde el 12 de septiembre—.

No. N2, 1961. Óleo sobre lienzo (125 × 178 cm). Sobre estas líneas, la imagen de archivo de Kusama rodeada por el grupo de modelos. DEPÓSITO COLECCIÓN PRIVADA. YAYOI KUSAMA MUSEUM © YAYOI KUSAMA.

Es consciente de su importancia para la historia del arte. ¿Cuál es la visión de su legado y su papel como inspiración para otras artistas y en concreto mujeres de todo el mundo? “Me relaciono con todas las personas a través de mi arte, persiguiendo mis ideales de amor y paz. Durante décadas, el "kusamaismo", mi propio movimiento artístico, ha sido adorado por personas de todo el mundo, despertando su interés y su aprobación de corazón”, leo en el email.

“No pienso en términos de hombre versus mujer”, responde, “pero luché con ahínco en los años sesenta, pintando día y noche con todas mis fuerzas. Ahora, habiendo cultivado una postura propia ante la vida y consciente de que el tiempo que me queda es cada vez más corto, sigo buscando constantemente algo nuevo, buscando con urgencia alcanzar nuevas cotas en el ámbito del arte”. Ella misma afirma poéticamente que “con voz potente he cantado a la vida humana y su eterno esplendor”.

“Ahora, en mi búsqueda de la verdad, en medio del gozoso festival llamado vida, en la infinita extensión del espacio y el tiempo, con el corazón lleno de esperanza y un ferviente deseo de paz mundial, rezo para que mi apasionado himno a la humanidad anime e inspire a todas las personas”, concluye.

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