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El equipo de 'Yo no moriré de amor' con la directora, María Matute, en el centro de la imagen. Marilú Báez. 'Yo no moriré de amor': cuando la enfermedad de tu madre llega a los 18 añosMarta Matute debuta con una película sobre los cuidados y el impacto de la demencia en una familia
Miércoles, 11 de marzo 2026, 18:42
... convierte esa experiencia en cine en su ópera prima, 'Yo no moriré de amor'. Este filme narra cómo una adolescente de 18 años tiene que enfrentarse a esta situación. «La intención es acompañar a las personas que están pasando por algo parecido», asegura la directora sobre esta película que compite en la sección oficial del Festival de Málaga.La protagonista bebe de manera directa de las vivencias de la propia directora, que asegura haber querido ser «muy fiel» a su experiencia. «Apenas tengo recuerdos de los 18 a los 27 años, lo que duró la enfermedad de mi madre, pero tengo una biblioteca emocional muy fuerte», relata la cineasta, a quien le hubiera gustado ver en pantalla un personaje que sintiera lo mismo que ella. Por eso tenía claro lo que quería contar y el tono de la historia. «Mis hermanas vieron la película y me dijeron que Sonia –Almarcha– era mamá», señala en referencia a la actriz que interpreta a su progenitora.
Para lograr que el personaje de la madre, interpretado por Sonia Almarcha, resultara fiel a la realidad de las personas con demencia y, en concreto, a la madre de la directora, el equipo trabajó con varias asociaciones desde cuatro meses antes de comenzar el rodaje. «Cada momento en el que estoy en la peli, estoy con imágenes concretas y reales», cuenta la actriz. Además, añade que muchos enfermos «estaban encantados» con su presencia allí.
La preparación del personaje no solo pasó por el contacto con estas asociaciones, sino también por bucear en los archivos personales de la directora. «Fue básico ver vídeos y fotos de su madre, me dio todo el material», recuerda Almarcha. La actriz también fue a casa de Matute para conocer a su padre, que ahora está atravesando esa demencia. «Soy bastante obsesiva, en el buen sentido de la palabra, trabajando y en este caso, más».
El origen del título se remonta a cuando la madre de la directora aún estaba viva, en los últimos años de su enfermedad, cuando ya se encontraba en una residencia. «Me acuerdo de salir y pensar que yo no iba a morir de amor», reflexiona Matute. La cineasta asegura que esta experiencia le sirvió para comprender que podría enamorarse o romper una relación, pero que no moriría de amor. «Es esa sensación de seguir adelante, de no estancarse en ese sentimiento para no irte al hoyo emocional».
La película se centra en emociones y en personas que no saben qué hacer cuando dejan de cuidar, como le ocurre al padre que, al contrario que sus hijas, no tenía dónde aferrarse cuando la persona desaparece. «Mi familia es muy poco comunicativa y afectuosa. Me parecía muy bello que, a pesar de la distancia, cuando empezábamos a empatizar entre nosotros aparecieran momentos como miradas y pequeños gestos», asegura Matute, orgullosa de haber conseguido una cinta de tono contenido, pero atravesada por pequeños destellos emocionales.
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