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Política

Zapatero: algo más que un ex presidente

Zapatero: algo más que un ex presidente
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"No es cierto que todas las labores de lobby desemboquen en una operación tan sospechosa como el rescate de Plus Ultra" Leer

De todos los argumentos que se han empleado en las últimas semanas para defender a José Luis Rodríguez Zapatero, quizá el más engañoso es el que sugiere que sus actividades eran las propias de cualquier ex presidente. Es engañoso porque intenta equiparar el trabajo de consultoría y de lobby que, efectivamente, realizan muchos líderes políticos tras dejar el poder, con los delitos de tráfico de influencias, falsedad documental, blanqueo de capitales o cualquiera de los otros por los que está imputado el ex dirigente del PSOE. Parece claro que el trabajo de consultor y lobista a escala global tiene zonas grises y dinámicas que deprimirían o indignarían al común de los mortales. Pero una cosa son las zonas grises y otra el Código Penal. Una imputación no es una condena, y la Justicia dirá si las actuaciones de Zapatero fueron ilegales o no; pero no es cierto que todas las labores de consultoría contengan las irregularidades que se aprecian en la relación entre Zapatero y Análisis Relevante, como no es cierto que todas las labores de lobby desemboquen en una operación tan sospechosa como el rescate de Plus Ultra. La voluntad manipuladora del argumento termina de perfilarse cuando se añaden especulaciones tendenciosas sobre José María Aznar o Felipe González: hemos pasado del «y tú más» al «y tú seguro que más». Todo por parte de personas que luego proclaman la necesidad de luchar contra la máquina del fango, las insidias, los bulos, etcétera.

La idea de que Zapatero sería como cualquier otro ex presidente también choca con lo que se ha venido conociendo sobre su agenda de los últimos años: esa que custodiaba una Gertrudis Alcázar que ayer optó por no responder a las preguntas de los senadores. El caso es que este diario ha contado hasta diez reuniones de Zapatero con Pedro Sánchez entre 2024 y 2025, y también abundantes citas con sus ministros, incluyendo diez con Félix Bolaños y seis con José Manuel Albares. No hay nada ilegítimo en ello, ni siquiera cuando ahora sabemos hasta qué punto Zapatero actuaba en diversos contextos en representación de los intereses de sus clientes. Siempre es posible que no lo hiciera en aquellas reuniones concretas, y que sus interlocutores ministeriales solo quisieran conocer la opinión del presunto faro moral del PSOE -«¿estamos siendo lo suficientemente morales, José Luis?», «sí, pero aún podéis serlo más»-. Pero lo que realmente cuesta sostener es que otros ex presidentes hayan gozado de esa cercanía a un Gobierno posterior al suyo. Que Aznar desempeñara esa función casi orgánica en los gobiernos de Rajoy, o que lo hiciera González en los gobiernos de Zapatero. La agenda constata lo que ya se deducía por cuestiones puntuales: no se recuerda, por ejemplo, a otro ex presidente que ejerciera de enlace activo entre el Ejecutivo y algunos de sus socios parlamentarios. Y, en realidad, la mejor prueba de lo atípico que resulta es que el propio Zapatero no tuvo siempre el papel que ha tenido durante estos años. Resulta evidente que su relevancia política era muy escasa en el primer sanchismo, y que ha ido creciendo desde entonces.

Las defensas de Zapatero parecen, en fin, conmovedoramente desfasadas. Es posible que, hasta finales de los 2010, su perfil fuera el de cualquier otro ex presidente. Lo que está quedando claro es que, a partir de entonces, se convirtió en otra cosa.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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