José Luis Rodríguez Zapatero no cree en la teoría -hipótesis, más bien- de que hay una confabulación político-mediático-judicial que opera en las sombras del sistema para derribar al Gobierno -y, de paso, a él- con argucias poco o nada democráticas. Esta idea del complot la invocan los ministros Óscar López y Óscar Puente, pero Zapatero no.
El ex presidente no cree que su caso sea lawfare y no tiene previsto presentarse como la víctima de una cacería por motivos ideológicos. Más bien piensa que la Policía se ha hecho una composición de lugar muy clara sobre su papel en la trama que operó en el rescate de la aerolínea Plus Ultra, y que va a ser prácticamente imposible hacerles cambiar de opinión. Pero aun así está convencido de que impondrá su verdad.
Eso es lo que le ha transmitido a su entorno directo, desde su encierro en su casa. Allí prepara -sin salir para nada- su declaración como imputado ante el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama, los días 17 y 18 de junio, por los delitos de tráfico de influencias y blanqueo de capitales.
El Mundo ha contactado con cuatro de las personas más cercanas al ex presidente, que coinciden en que está «determinado» a defender su inocencia y en que cree que va a desmontar la acusación de tráfico de influencias. Y no sólo eso: está buscando resquicios para la nulidad de la causa junto a su abogado, Víctor Moreno Catena, catedrático de Derecho Procesal y una eminencia en la materia. «Él está en que no ha hecho absolutamente nada. No hizo ninguna gestión directa ni colateral [para el rescate]. Está preparando muy bien su comparecencia y va a insistir en el procedimiento», aseguran las fuentes.
Es decir, está buscando ángulos jurídicos para justificar esa nulidad. Explora, sobre todo, tres vías. La primera, que la colaboración de EEUU en este caso no ha cumplido todos los conductos y requerimientos formales. Fue el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos el que, al desencriptar el móvil del venezolano Rodolfo Reyes, accionista principal de Plus Ultra, posibilitó la imputación del ex presidente español. Pesquisas, por cierto, que comenzaron en la era de Joe Biden, y no con Donald Trump. Aunque Zapatero sostiene que su caída empieza por el choque de Pedro Sánchez con el actual presidente estadounidense.
La segunda vía de nulidad es formal: Zapatero cree que la manera en la que se reabrió el caso del rescate a Plus Ultra, que ya estaba cerrado en los juzgados de Plaza de Castilla, fue irregular. Y argüirá que el rescate ya es cosa juzgada.
En tercer lugar, duda seriamente de los seguimientos a los que fue sometido y cree que se produjeron sin orden judicial. Se centra en las fotografías junto a Julio Martínez, en El Pardo, y a las que le tomaron justo antes de embarcar en el avión de Riad a Madrid, que publicó El Debate. Zapatero está investigando de dónde proceden esas fotos, y si logra acreditar que son de la Policía o de algún servicio secreto, actuará en consecuencia y explorará esa vía.
Fuentes del entorno del ex presidente insisten a este diario en que su principal preocupación es la de desmontar la acusación de haber incurrido en tráfico de influencias. «En el auto se ve que Julito tenía una relación directísima con directivos de la Sepi, pero no hay nada [explícito] de Zapatero porque él no hizo la gestión», explican. «Él repite que tiene seguridad al 100% en que él no tuvo gestión directa con administraciones. Lo va a rebatir con mucha seguridad», explica otro de los consultados.
De hecho, las mismas fuentes aseguran que Zapatero tiene pensado preguntarle al juez Calama «el nombre concreto» del funcionario al que él habría presionado para lograr el rescate. En el banquillo, Zapatero prevé contestar a las preguntas del juez, de la Fiscalía y de su abogado, pero no a las de las acusaciones populares, capitaneadas por el PP.
Y si no consigue la nulidad, la clave, para Zapatero, es que el perímetro de la causa se ciña a Análisis Relevante y al cobro de las asesorías por valor de 490.000 euros a través de Julito Martínez. Eso en su entorno reconocen que tiene «mala apariencia», pero la clave es que el nombre de Zapatero no se vea definitivamente salpicado por las compraventas de oro y petróleo, por las sociedades off shore y por otras operaciones de su amigo y presunto testaferro.
Por eso su mayor miedo es que Julio Martínez se inspire en Víctor de Aldama y lo culpe a él de todo para mejorar su futuro penal.
Pedro Sánchez, junto José Luis Rodríguez Zapatero.EFESánchez lo llamó para darle ánimos
Pedro Sánchez no sólo ha defendido a José Luis Rodríguez Zapatero en público. También en privado. Cuando el juez José Luis Calama lo imputó, el actual presidente le escribió un mensaje personal de ánimo, y él se lo agradeció mucho. Después, hablaron por teléfono. El ex jefe del Ejecutivo es más que el faro moral de Sánchez. Es también uno de los pilares de carga de su proyecto político.
El gran miedo y el gran dilema del ex presidente
Si Julio Martínez trata de cortarle la cabeza a Zapatero para salvar la suya, como teme el ex presidente, entonces se enfrentará a «un dilema». ¿Cuál? «Priorizar a sus hijas o a Sánchez», según uno de sus allegados. Aunque otros niegan que eso se vaya a producir. Si Zapatero tuviera que llegar a elegir entre una estrategia de defensa que mejorase la posición penal de sus hijas o el daño político al PSOE, elegiría la primera opción, añade otro socialista cercano a él. Laura y Alba Rodríguez pueden ser imputadas por su participación en el 'caso Plus Ultra'. Y a él eso «le preocupa, y mucho».
De decir que los jueces "resisten" a demonizarlos
«Este país, señorías, tiene que mucho reconocer la inmensa labor de quienes levantan el último dique de contención al servicio de la democracia, la fortaleza y la limpieza de las instituciones». Como, por ejemplo, «el juez que resiste contra las maniobras» del poder político. Estas palabras las pronunció Pedro Sánchez el 31 de mayo de 2018 en el Congreso, durante la moción de censura a Mariano Rajoy. Ocho años después, es el actual presidente el que está cercado por los escándalos y son los suyos los que cargan contra los jueces como antes los populares. Las vueltas que da la vida.