En la mesa también estuvo la cuestión territorial y la reivindicación rusa sobre el Donbás. El mandatario de Kiev cree que «un asunto tan complejo sólo se resuelve a nivel de líderes». Pero por ahora no parece cercana una reunión cara a cara con Putin. Antes hay que desbrozar el camino. Esa era la misión de los enviados de Trump.
«Nadie ganará. Los países acabarán con sus infraestructuras destruidas», augura un asesor de Zelenski
La ronda de negociaciones que Witkoff y Kushner han mantenido el fin de semana en Moscú con Putin y en Kiev con Zelenski ha acabado como terminaban antes los capítulos de las series televisivas: 'Continuará'. El proceso de paz se estancó en febrero, justo cuando comenzó la guerra en Irán, y ahora Estados Unidos ha dado el primer paso para desbloquearlo aunque sin lograr avances significativos, al menos según las declaraciones de los enviados del inquilino de la Casa Blanca.
«Tuvimos una discusión muy significativa, sustanciosa, importante, y estamos muy animados y deseamos continuar con ellas el tiempo que haga falta», resumió Witkoff tras la reunión con el presidente ucraniano. Kushner dijo que espera que «este viaje haya permitido despejar nuevas pistas para avanzar». «Creo –añadió– que hemos aprendido mucho». Además de hablar con Zelenski, la delegación norteamericana se reunió con responsables de seguridad de Francia, el Reino Unido y Alemania.
Tuvieron que ir a Kiev en tren
Tanto en su estancia en Moscú el sábado como este domingo en Kiev, los hombres de confianza de Trump disfrutaron de unas jornadas sin bombas gracias al alto el fuego anunciado por Putin y Zelenski. Sólo afectaba a las capitales de los dos países. El resto de los territorios siguió sufriendo la lluvia de drones y misiles. Rusia lanzó 108 drones y 6 misiles, y Ucrania, 258 aneronaves no tripuladas. Tres personas murieron en la región rusa de Bélgorod y, en el otro lado del frente, un hombre falleció en Zaporiyía. Witkoff y Kushner no escucharon el zumbido de los proyectiles, pero sí notaron el efecto de guerra a la hora de trasladarse de Moscú a Kiev. No pudieron hacerlo en avión porque, según Zelenski, «los rusos no lo permitieron». Llegaron a la capital ucraniana en tren.
Horas antes, en Moscú y con Putin al otro lado de la mesa, habían «discutido planes sustanciales para dar próximos pasos» de cara a poner fin a un conflicto que ya dura más de cuatro años y medio. Ese optimismo quedó matizado de inmediato por una de las voces de más peso del Kremlin, Yuri Ushakov, que describió las conversaciones como «sumamente francas, constructivas y útiles», que es el mensaje habitual de las autoridades rusas cuando un proceso sigue bloqueado.
De hecho, en Moscú Witkoff y Kushner trataron cuestiones económicas y se centraron en proyectos beneficiosos para Estados Unidos y Rusia. Putin dejó claras sus exigencias territoriales, que incluyen todo el Donbás. Tras esa visita, tocaba viaje en tren a Kiev. Allí, Zelenski pidió de nuevo a Washington sistemas antimisiles Patriot para resistir un invierno más. La paz, si nada cambia, tendrá que esperar al menos hasta la primavera. Un asesor del presidente ucraniano, Serhii Breskrestnov, dice que «nadie ganará» ante el estancamiento en los frentes de guerra. «Es un conflicto de ciudades, de infraestructuras. Cuando esta estupidez acabe, los dos países tendrán sus economías destruidas», augura. «Le pedimos a Rusia que parara, pero no quiere hacerlo».
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