A la sombra de la Historia
2 de noviembre de 1925: un día pródigo en accidentesCuriosa crónica de la Málaga de nuestros abuelos
Regala esta noticia Añádenos en Google En el número 21 de la calle Mariblanca, en la esquina con Montaño. (F. Alonso) 31/07/2026 a las 00:19h.Patrocinado por:
La prensa histórica local, conservada fundamentalmente en el Archivo Municipal de Málaga y en el Díaz de Escovar, es un instrumento precioso para calibrar cómo ... era la vida cotidiana de los malagueños. Por ejemplo, nos ha llamado la atención la gran cantidad de accidentes curiosos que acaecieron en nuestra ciudad el lunes 2 de noviembre de 1925, que les pasamos a enumerar sin más dilación:
En esa misma casa de socorro, por la tarde, llegaron los obreros Juan Martín Rueda y Antonio Benítez Solano, que estaban trabajando en unas obras en el número 2 de la calle Madre de Dios. Los trabajadores a punto estuvieron de perecer asfixiados por un escape de gas. Cuenta el periodista que «aspiraron el fluido que escapaba de una tubería». Como presentaban un pronóstico grave, tuvieron que ser internados en el Hospital Civil.
En un bareto del camino de Casabermeja se pelearon Alfonso Pérez y Antonio Martín. El primero le arrojó al otro un vaso a la cara, por lo que fue detenido por la guardia municipal.
Muy cerca de allí, en el lugar conocido como Casillas de Morales, circulaba con su carro el joven de veintiún años Alfonso Sánchez Ramírez. Desgraciadamente, el reportero no nos cuenta cómo ocurrió todo, pero sí que el chico fue atropellado por su propio carro y conducido a la casa de socorro por personas que presenciaron el accidente. Por suerte, las heridas no presentaban gravedad. La policía tuvo que arrestar en el Muelle a un tal Manuel Callejón porque se hallaba «blasfemando escandalosamente».
En este mismo lugar, los agentes de seguridad ciudadana tuvieron más trabajo, pues también se llevaron al calabozo a dos individuos sexagenarios que fueron sorprendidos robando habas.
Además, la policía tuvo que denunciar a doña Carmen Sánchez Prieto, propietaria de una casa de lenocinio en la calle Hernán Ruiz, junto a la iglesia de San Julián. Al parecer, en su reputado establecimiento se había originado «un escándalo formidable», sin que el periodista se explayara en más jugosos detalles. Eso sí, titulaba el suelto de esta llamativa manera: «Carmencita, hay que reprimirse».
Y esto solo en la capital. En la provincia acaecieron aquella jornada otros aciagos y peregrinos sucesos. En Coín, José Martín Muñoz, de cuarenta y nueve años, salió de su casa, situada en las afueras de la localidad, en completo estado de embriaguez. Cómo estaría de borracho que, al intentar subirse a su caballo, se cayó por un pronunciado precipicio. El pobre hombre fue localizado, desmayado y ensangrentado, por una batida de la Guardia Civil al fondo del barranco. Presentaba una fractura de la columna vertebral, con compresión de la médula, y magullamiento general.
En Ronda, Patrocinio Gallego Lobato, de tan solo veintitrés años, dio a luz una criatura en la finca Melero, cerca de Montejaque. El caso es que el neonato no había sido visto por ninguno de sus vecinos. Pronto comenzó a extenderse el rumor de que los padres habían hecho desaparecer a la criatura que, al parecer, era fruto de unos amores ilícitos de la rondeña, con el objeto de que la deshonra familiar no fuese conocida. La Guardia Civil trataba de averiguar si se trataba de un caso de infanticidio o de inhumación ilegal. Los padres, que habían sido detenidos junto a su hija Patrocinio, se encerraron en un mutismo absoluto.
Un último suceso que les relatamos a continuación sucedió en Gaucín el 28 de octubre, pero no fue conocido en la capital hasta el día 2 del mes siguiente. Así llegaban las noticias en aquellos tiempos. Cinco gitanos, parientes todos ellos, asaltaron el café de la localidad, regentado por Pedro Blanco. Le exigieron que les entregara toda la comida y el dinero, a lo que este se opuso. Entonces lo insultaron y lo agredieron. Un hermano de aquel corrió al cuartel de la Guardia Civil para dar la alarma.
Inmediatamente, se personaron en el lugar de los hechos el comandante del puesto y dos guardias. Para sorpresa de todos, los asaltantes les plantaron cara a los miembros de la benemérita, propinándoles mordiscos y empujones. Afortunadamente, apareció por el bar del pueblo el sereno José Florín, quien con su sable consiguió que los facinerosos soltasen a sus presas. Dos fueron reducidos y otros tres escaparon, protegiéndose en la oscuridad. Estos se entregaron al día siguiente. Los cinco detenidos pertenecían a la familia Núñez.
Calle Granada con un solitario automóvil. (Archivo del autor)Más tragedias para el día siguiente
Al día siguiente, 3 de noviembre de 1925, tampoco escasearon las desgracias. Un chavea jugaba en la calle Casapalma con unos amigos cuando, harto de sus burlas y chanzas, cogió una piedra y se la arrojó a Antoñito García Jiménez. (Observen el detalle: entonces había piedras en la calle Casapalma). El chico fue conducido a la casa de socorro de la calle Mariblanca, donde no debían de aburrirse aquellas jornadas.
Por la mañana, el automóvil matrícula MA-4607, conducido por Juan Corrales Montaño, atropelló en la calle Granada a Manuel Gámez, de treinta y ocho años. (Nueva anécdota: un coche circulando por la calle Granada). El atropellado fue conducido a la casa de socorro que el lector puede adivinar.
Y dejamos para el final el incendio del obrador de la confitería La Imperial, la más famosa de Málaga. Ocurrió la madrugada del 2 de noviembre. El dueño, Antonio Pérez Cárdenas, que vivía encima, fue avisado por un sereno. Enseguida acudió a apagar el fuego, pero el extintor no funcionaba. Cuando llegaron los bomberos, el propietario, ya más tranquilo, pudo rescatar a su mujer e hijos, así como el dinero y otros documentos de valor que guardaba en su despacho.
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