Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Información del artículo- Autor, Melissa Hogenboom*
- Título del autor, BBC Future
- Fecha de publicación 5 horas
Lograr que los niños coman suficientes verduras puede ser una lucha constante. Los foros de crianza y los chats de padres están llenos de preguntas como: "¿Es normal que mi hijo solo coma alimentos de color beige?".
Una de las razones es que su preferencia por los alimentos dulces comienza desde muy temprano. Incluso la leche materna contiene azúcares naturales que pueden darle un sabor bastante dulce. Una vez que empiezan a comer alimentos sólidos, conseguir que coman un trozo de brócoli o una cucharada de espinacas puede resultar complicado.
Pero los niños necesitan una dieta variada con muchas frutas y verduras. Una alimentación deficiente afecta la cognición, la concentración, el comportamiento e incluso el rendimiento académico. La obesidad infantil está aumentando, y esta se asocia con problemas de salud a largo plazo, además de peores resultados educativos.
Afortunadamente para los padres, los investigadores han estado buscando nuevas formas de mejorar los hábitos alimenticios de los niños y han encontrado algunas soluciones innovadoras. Estas son seis cosas sencillas que, según la ciencia, puedes probar en casa.
1. Exposición frecuente
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,Darles a los más pequeños la mayor variedad posible de verduras durante la primera infancia —y hacerlo con frecuencia— puede marcar una gran diferencia, afirma Marion Hetherington, profesora de biopsicología de la Universidad de Leeds, en Reino Unido. El periodo más eficaz para aumentar el gusto de un niño por las verduras es durante los años preescolares.
"Si no empiezas a aumentar la exposición de los niños a las verduras antes de los cinco años, ya es demasiado tarde", señala Hetherington. Los estudios han demostrado que los niños suelen necesitar estar expuestos en varias ocasiones a un alimento antes de aceptarlo.
Sin embargo, la evidencia es variada en cuanto al número exacto de veces que puede ser necesario ofrecerles un alimento para que lo acepten. Las estimaciones oscilan entre cinco y quince exposiciones. (Esto probablemente refleja el hecho de que cada niño es diferente).
No obstante, los menores de un año pueden necesitar menos exposiciones que los niños en edad preescolar (de 3 a 4 años), quienes suelen mostrar niveles más altos de neofobia alimentaria, es decir, aversión a probar alimentos nuevos.
Saltar Más leídas y continuar leyendoMás leídas- Los adolescentes que ensayaban su baile de fin de curso cuando ocurrieron los terremotos de Venezuela y a los que sus padres aún buscan entre los escombros casi "sin ayuda"
- "Una mujer despreciable e indigna": Mbappé condena los mensajes racistas de una senadora paraguaya que ahora lo amenaza con acciones legales
- "Mi abuela me ayudó a traducir mi primer cover al quechua y ahora canto en ese idioma por el mundo"
- Cómo influyó la polémica de Trump por la sanción a la estrella Folarin Balogun en la aplastante derrota de EE.UU. contra Bélgica
Final de Más leídas
Y este proceso puede comenzar incluso antes de que nazca el niño. Existen evidencias de que lo que come la madre se transmite al feto a través del líquido amniótico y puede influir en las preferencias alimenticias del bebé.
2. Los vegetales primero
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Saltar Podcast y continuar leyendoImprobableEl nuevo podcast de BBC Mundo sobre un amor que triunfó contra todo pronóstico
Episodios
Fin de Podcast
Decir a los niños que un alimento es bueno para ellos puede resultar contraproducente. Es más probable que elijan alimentos que se describen como "sabrosos" antes que aquellos que se presentan como "saludables".
En lugar insistir con eso, conviene pensar en qué momento de la comida se les ofrece las verduras.
Servirlas al comienzo de la comida, cuando los niños tienen más hambre, aumenta la probabilidad de que las consuman. "Los niños suelen comer primero lo que más les gusta", explica Hetherington. "Y cuando llegan a las arvejas, ya no las quieren". Por eso, puede ser útil eliminar la competencia con otros alimentos más calóricos.
Fomentar el consumo de verduras antes que otros alimentos también ayuda a evitar que los niños coman en exceso, afirma Barbara Rolls, profesora de ciencias de la nutrición en la Universidad Estatal de Pensilvania, en Estados Unidos.
Y aunque las verduras no suelen formar parte del desayuno en las dietas occidentales, no hay ninguna razón por la que no puedan consumirse a primera hora de la mañana.
Se puede intentar añadir champiñones y espinacas a una tortilla, o calabacín a unos muffins para el desayuno. En un ensayo realizado en 2023 en ocho centros de atención infantil de Reino Unido, los investigadores descubrieron que los niños comían verduras en el desayuno en más del 60 % de las ocasiones en que se les ofrecían.
3. Las porciones
Si introducir verduras en el desayuno o antes de las comidas parece poco realista, otra estrategia puede ser simplemente ajustar las proporciones de los alimentos: reducir la cantidad de los alimentos más calóricos y aumentar las verduras.
Esto puede lograrse aumentando la cantidad de vegetales como acompañamiento o incorporando verduras ralladas, como zanahorias y calabacines, en salsas y otras preparaciones.
Esta estrategia puede ser eficaz porque los estudios han demostrado que las personas consumen un volumen similar de comida pero aumentan su ingesta de verduras cuando se modifican las proporciones entre la carne y los vegetales.
También se ha observado que incrementar en un 50% la cantidad de frutas y verduras en el plato de un niño aumenta la cantidad que consume de estos alimentos.
Otras investigaciones han demostrado que los niños en edad preescolar comen más verduras y menos alimentos poco saludables cuando, durante las comidas, se les ofrece la posibilidad de elegir entre distintos tipos de vegetales.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,4. La apariencia importa
Cambiar la forma en que un niño percibe los alimentos que come también puede ser beneficioso.
Hay que tener en cuenta que lo que queremos comer comienza en buena medida por los ojos. Cuando se enfrentan a varias opciones, los niños suelen inclinarse por los alimentos que les resultan más familiares y atractivos a la vista.
Esto significa que modificar la presentación de los alimentos podría ayudar a que los niños coman más verduras.
Un equipo de investigadores descubrió que los niños eran más propensos a probar alimentos nuevos cuando estos se presentaban de forma artística en el plato. Otras investigaciones han mostrado que los niños consumen más frutas y verduras cuando se cortan en formas llamativas, como mariposas, flores u ositos de peluche, lo que demuestra que hacer que los alimentos saludables parezcan divertidos aumenta su atractivo.
También se ha demostrado que hacer que los alimentos saludables sean más visibles y fáciles de alcanzar promueve su consumo.
Se observó que los niños de entre 10 y 13 años comían y elegían más verduras cuando estas se presentaban juntas en un único recipiente y ya porcionadas, que cuando se servían en varios platos distintos.
Asimismo, se encontró que los niños en edad preescolar consumían un 36% más de verduras cuando estas hacían parte de un plato con diferentes alimentos servidos en diferentes compartimentos.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,5. Comer juntos
Lo que comen los padres tiene un papel fundamental en lo que los niños consideran normal en su alimentación. Si los padres consumen tentempiés poco saludables, es más probable que sus hijos hagan lo mismo. Si los padres comen con frecuencia comida rápida o se saltan el desayuno, tienen más probabilidades de tener hijos que adopten esos mismos hábitos.
Un estudio realizado con niños de edad escolar en Nueva Zelanda encontró que los hijos de padres con dietas más saludables consumían menos pasteles, chocolates y snacks salados. De la misma manera, se ha demostrado que los niños cuyos padres les sirven regularmente de ejemplo de hábitos alimenticios saludables disfrutan más de las frutas y verduras.
Comer juntos al menos tres veces por semana se ha asociado con un peso corporal más saludable, mejores patrones de alimentación y una mayor probabilidad de adoptar hábitos alimenticios saludables si así lo hacen los padres.
Un estudio longitudinal también halló que quienes comían en familia presentaban mejores niveles de condición física y consumían menos bebidas gaseosas.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,6. Hacerlo divertido
Gran parte de lo que comemos está determinado por nuestra relación con la comida.
Los investigadores advierten que presionar a los niños para que coman determinados alimentos puede hacer que disfruten menos de la comida y adopten una dieta menos saludable.
Del mismo modo, recompensarlos con golosinas o alimentos poco saludables puede aumentar su preferencia por ese tipo de productos.
Pero, según un estudio, simplemente permitir que los niños jueguen con los alimentos puede ayudar a reducir la neofobia alimentaria, es decir, el miedo o rechazo a probar comidas nuevas.
Los investigadores animaron a los niños a tocar, oler y observar de cerca ingredientes como remolacha, garbanzos y bok choy (col china), sin esperar que los probaran. Como resultado, los niños se mostraron más abiertos a ingredientes desconocidos y más dispuestos a probarlos posteriormente.
Animar a los niños a participar en la preparación de los alimentos también aumentó su deseo de comer comidas que no les resultaban familiares.
El chef experimental Jozef Youssef, quien colaboró en el estudio, afirma que la clave está en replantear la forma en que los niños experimentan la comida.
"Hay algo en convertir la alimentación en un juego y en involucrar actividades sensoriales que funciona muy bien con los niños", explica. "Cuando se encuentran en un entorno relajado, distendido y sin presión, los niños están mucho más dispuestos a jugar un poco con la comida, probarla y experimentar con diferentes cosas".
Con algo de suerte, todo esto podría ayudar a que tu hijo termine comiendo algo más que alimentos de color beige.
*Melissa Hogenboom es corresponsal sénior de salud de la BBC y autora de los libros Breadwinners y The Motherhood Complex. En Instagram aparece como @melissa_hogenboom
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro canal de WhatsApp.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.