El vídeo tiene una duración de 23 segundos y es crucial para la investigación puesto que son las últimas imágenes que se han logrado rastrear de Juan Ángel Pérez Sanz de Galdeano, de 68 años, misteriosamente desaparecido el último día de 2025 en Olite (Navarra). «Es como si se lo hubiera tragado la tierra», resume en un titular el desconcertante suceso Andrés Pérez, uno de sus tres hermanos.
La grabación en cuestión se realizó entre las 18.00 y las 19.00 horas del pasado 31 de diciembre mientras que en la localidad, de unos 4.000 habitantes y ubicada 40 kilómetros al sur de Pamplona, se celebraba la San Silvestre. Una cámara de la zona captó cómo los participantes en la popular carrera bajaban la calle Mayor y entraban en la Plaza Carlos III el Noble, punto de inicio y fin de la prueba.
En la esquina de la izquierda se ve a Juan Ángel. El hombre -vestido de oscuro, abrigado, con zapatillas- da unos pasos y se detiene en espera de que pase un grupo de corredores. Comprueba luego que no vienen más inmediatamente tras ellos y aprovecha el impasse para cruzar al otro lado de la calle.
Lo hace exhibiendo una ligera cojera en la pierna izquierda. «Lo operaron hace años de la rodilla y no se la dejaron bien, se le inflama y le cuesta caminar», explica su hermano telefónicamente, desde Pamplona, el porqué de la asimetría de sus pasos.
Juan Ángel desaparece del plano cuando se encuentra a poco más de 200 metros de la residencia de ancianos La Milagrosa, donde está internado desde hace unos tres años. Padece, explica Andrés, un ligero «deterioro cognitivo». «No sé el diagnóstico preciso, pero hay momentos en los que como que no mantiene una conversación nítida», detalla.
Ello no le ha impedido sin embargo disfrutar de bastante autonomía. Así, todos los días salía de la residencia sin compañía y se movía con libertad por el pueblo. «Se levantaba por las mañanas y se iba a dar un paseo. Después volvía para la hora de la comida y se quedaba en la residencia hasta media tarde, cuando se iba a dar otra vuelta hasta la hora de la cena», cuenta Andrés cómo era la rutina diaria de su hermano.
Juan Ángel, cruzando la calle tras pasar el grupo de corredores.POLICÍA LOCAL DE OLITEEl día de la desaparición hizo el mismo recorrido con la salvedad de que no regresó a la residencia tras su paseo vespertino. Al llegar la hora de la última cena del año y no encontrar a Juan Ángel, en La Milagrosa saltaron las alarmas. Hacía solo unas horas, antes de salir a caminar, que lo habían visto en el centro por última vez, preparando junto con otros residentes los paquetes de uvas para las campanadas de Nochevieja.
«Él no llevaba nada encima. El teléfono móvil no lo usaba hace tiempo y estaba en su habitación. También la cartilla del banco, que se la llevó la Policía Judicial», cuenta Andrés como el desaparecido salió con lo puesto, lo que alejaría la posibilidad de que su ausencia sea premeditada.
«No tenemos la más remota idea ni atisbo de lo que le ha podido suceder. ¿Irse él por sí mismo? No sé hasta qué punto tiene capacidad de tomar esa decisión, si es que la tomó él y o si alguien intervino, si tuvo un apoyo de un tercero, qué medio logístico ha usado, si ha podido haber un comentario ese día que le haya hecho pensar o tomar una determinación... Son conjeturas que no ayudan y no aportan», verbaliza Andrés las elucubraciones que ha hecho la familia sin llegar a lograr elaborar una teoría plausible.
Los otros dos hermanos de Juan Ángel, explica, lo visitaron en la residencia La Milagrosa un par de días antes de la desaparición y uno de sus hijos también había acudido a verlo por las fiestas navideñas, sin que ni unos ni otro notaran nada raro en su comportamiento.
Juan Ángel y su familia son originarios de Larraga, una pequeña localidad a sólo siete kilómetros de Olite. De joven, el ahora desaparecido se trasladó a Pamplona, donde trabajó en la hostelería y en la construcción. Se casó y tuvo tres hijos, aunque posteriormente se separó y enviudó.
Juan Ángel se encontraba en La Milagrosa porque en Larraga no había residencias de ancianos y la de Olite era la más cercana a su localidad natal. «No tenía arraigo en Olite, pero tanto la Policía Local como el vecindario lo conocían, lo tenían visto. Perderse en el pueblo no se ha perdido», opina Andrés.
Fotografía de Juan Ángel facilitada por la familia.Para volver a la residencia desde el punto en el que se encontraba cuando lo captó la cámara Juan Ángel sólo tenía que recorrer unos 200 metros por la calle Mayor, en línea recta. El problema era que la vía no se podía transitar ya que por ella discurría la San Silvestre. La lógica dice que Juan Ángel cruza la calle para intentar regresar a La Milagrosa tomando un itinerario paralelo, dando un rodeo. ¿Qué pudo suceder para que no llegara?
La misma noche de fin de año se denunció su desaparición y enseguida se inició su búsqueda por aire, agua y tierra. La Policía Foral de Navarra, sobre quien recae la investigación, Guardia Civil, Policía Local, Bomberos, Guardas Forestales, Protección Civil, perros de salvamento y grupos de rescate lo han buscado con helicópteros y drones, en el río Cidacos y a pie. «Han batido todo en círculos hasta un radio de cinco kilómetros alrededor de Olite y nada», dice Andrés, quien, junto con otros miembros de la familia, ha estado acompañando las labores de búsqueda hasta que el pasado 7 de enero se suspendió el rastreo activo.
«Que ante el menor atisbo o pista, por remoto que pueda parecer, que se comunique al 112, a la Guardia Civil o al a Policía Foral de Navarra. Igual hay gente que no conoce la noticia de la desaparición y ha visto algo y lo ha dejada pasar», reclama Andrés la ayuda ciudadana.