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¿Aceite de girasol en lugar de diésel?: el «truco» de internet para destrozar tu motor

¿Aceite de girasol en lugar de diésel?: el «truco» de internet para destrozar tu motor
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Las altísimas temperaturas y presiones de un diésel moderno no son para aceites de ensalada
¿Aceite de girasol en lugar de diésel?: el «truco» de internet para destrozar tu motor

Las altísimas temperaturas y presiones de un diésel moderno no son para aceites de ensalada

Regala esta noticia Añádenos en Google Expertos advierten de un aumento en el consumo de alrededor de un 10% y de averías graves de unos 2.000 euros. (F. P.)

Patxi Fernández

22/05/2026 Actualizado a las 11:10h.

La realidad económica internacional marcada por conflictos bélicos y el cierre del paso de Ormuz a raíz de la guerra de Irán ha llegado a ... impulsar el precio medio del diésel en España hasta el entorno de los 2 euros por litro (antes de la reciente rebaja del IVA al 10%).

Peo lejos de ser una solución, los expertos de Euromaster han lanzado una seria advertencia sobre los peligros reales de esta práctica. No es un mito, es una realidad mecánica: usar aceite de cocina en un diésel moderno es la vía más rápida para terminar en el taller.

Es cierto que los motores diésel de hace décadas (aquellos viejos bloques atmosféricos de inyección indirecta) eran capaces de quemar casi cualquier cosa. De ahí nace el mito. Pero la realidad de la automoción actual es radicalmente distinta.

Las tres razones por las que romperás el coche

Hacer caso a los vídeos de internet para ahorrar unos euros puede acabar en una factura de reparación de entre 1.000 y 2.000 euros. Estas son las consecuencias directas de usar aceite de girasol:

Mayor consumo (adiós al ahorro): el aceite de girasol tiene una viscosidad mucho más elevada que el gasóleo. Esto provoca una combustión mucho menos eficiente, lo que se traduce directamente en un aumento del consumo de combustible de alrededor de un 10%.

Residuos y obstrucciones: Una mala combustión genera depósitos de carbono, hollín y residuos gomosos que taponan de inmediato los inyectores y la bomba de combustible.

Peligro para la tecnología moderna: Los motores diésel actuales cuentan con sistemas de inyección directa common rail, filtros de partículas (DPF) y sistemas AdBlue. Estos componentes trabajan con tolerancias milimétricas y presiones altísimas. Son extremadamente sensibles; el aceite crudo los satura, provocando fallos catastróficos en la inyección.

Que un coche actual arranque y circule puntualmente con aceite vegetal no significa que sea una alternativa válida ni segura. Los combustibles modernos contienen, por ley, entre un 7% y un 10% de biodiésel, pero este componente nunca se incorpora crudo.

Así es un motor diésel

A finales del siglo XIX, un ingeniero alemán llamado Rudolf Diesel se propuso un reto mayúsculo mientras trabajaba para MAN: crear un motor térmico de combustión interna con un rendimiento muy superior a todo lo conocido. Tras años de esfuerzo, en 1897 vio la luz el primer prototipo funcional.

Sin embargo, el verdadero «boom» llegó en 1927. En ese año, Bosch desarrolló la primera bomba de inyección para motores diésel. Ese fue el punto de inflexión. A partir de ahí, el diésel se consolidó como la alternativa real al bloque de gasolina, ofreciendo un consumo mucho más bajo con un combustible más barato.

Aunque comparte casi toda su arquitectura mecánica con un motor de gasolina (pistones, bielas, cigüeñal), el diésel juega con unas reglas de juego totalmente diferentes. Aquí no hay bujías de chispa.

La clave del diésel es el autoencendido por compresión. Estos motores trabajan con una relación de compresión altísima (entre 16:1 y 24:1). Esto significa que comprimen el aire tanto que este alcanza temperaturas de entre 700 °C y 900 °C. Al inyectar el gasóleo pulverizado en ese «horno», el combustible se enciende instantáneamente al entrar en contacto con el aire.

Al no necesitar chispa y aprovechar mejor la energía del combustible, es un motor muchísimo más eficiente que el de gasolina. Eso sí, para soportar semejantes presiones y temperaturas, las paredes del bloque motor tienen que ser más gruesas, pesadas y resistentes.

En estos motores las bujías de precalentamiento no generan chispa, sino que se vuelven incandescentes para caldear la cámara de combustión antes de arrancar y asegurar que el motor ruede fino desde el primer segundo.

Pasa por un complejo proceso de tratamiento químico previo para adaptar sus propiedades a las exigencias de un motor de automoción. El aceite de girasol de garrafa, sencillamente, no cumple ningún estándar técnico para el automóvil.

¿Qué son el biodiésel y los biocombustibles?

Los ecocombustibles o biocombustibles avanzados (HVO, biodiésel, bioetanol), se producen a partir de biomasa (materias primas orgánicas). La generación avanzada utiliza residuos (aceites de cocina usados, grasas animales, residuos agrícolas mediante procesos de refinado o fermentación de la biomasa).

Aunque liberan CO2 al quemarse (emisión por el tubo de escape), su producción absorbe CO2 de la atmósfera, resultando en una reducción neta de gases de efecto invernadero (a menudo superior al 70% en el ciclo de vida).

Principales biocombustibles:

Biodiésel: Se obtiene a partir de aceites vegetales (como colza, soja, palma), grasas animales o aceites de cocina usados mediante un proceso llamado transesterificación. Se puede usar solo o mezclado con diésel convencional en motores diésel.

Bioetanol: Es un alcohol producido por la fermentación de azúcares y almidones presentes en cultivos como la caña de azúcar, el maíz, la remolacha o cereales. Se utiliza principalmente mezclado con gasolina para vehículos de gasolina.

Biogás: Se genera a partir de la descomposición anaeróbica (sin oxígeno) de materia orgánica como residuos agrícolas, estiércol, lodos de depuradora o residuos alimentarios. Su componente principal es el metano y se puede usar para generar electricidad o como combustible vehicular (biometano).

Otros biocombustibles: Existen otros como el biobutanol, el biohidrógeno y biocombustibles avanzados o de segunda y tercera generación que se producen a partir de fuentes no alimentarias como residuos lignocelulósicos (paja, tallos), algas o residuos forestales.

En los vehículos actuales, el riesgo supera con creces cualquier posible beneficio. El supuesto ahorro por litro se disuelve en el mismo momento en que el coche empieza a consumir más y, tarde o temprano, la bomba de inyección o los inyectores digan «basta».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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