Mediante un láser de alta energía, los científicos dispararon pulsos de apenas unas milmillonésimas de segundo en puntos específicos dentro del vidrio, con una cantidad precisa de energía, para generar lo que describen como una “nanoexplosión inducida por plasma”. Este proceso produce microdeformaciones que modifican la manera en que la luz atraviesa el material y permiten codificar datos digitales.
¿Cómo el vidrio puede resolver el problema de almacenamiento en la era digital?
Para comprenderlo, conviene recordar que toda la información digital, sin importar su formato, puede representarse mediante combinaciones de un lenguaje binario basado en unos y ceros. Cuando estos datos se almacenan en un disco duro, por ejemplo, se utilizan cambios magnéticos para representar físicamente esos bits. En la propuesta de Microsoft, en cambio, el contenido se codifica como diminutas alteraciones internas en el vidrio. Las variaciones en la forma en que la luz atraviesa el material hacen posible guardar y, posteriormente, recuperar la información. Cada marca representa valores digitales específicos según su posición, orientación o intensidad.
En términos de capacidad, los resultados iniciales indican que una placa cuadrada de vidrio de 12 centímetros de lado y 2 milímetros de grosor puede almacenar hasta 4.8 terabytes de datos, equivalentes a unos 2 millones de libros impresos. Aunque los procesos de escritura y lectura resultan más complejos y costosos que acceder a un archivo en un disco duro convencional, la principal ventaja radica en su estabilidad: una vez grabados, los datos son esencialmente inmutables y no requieren mantenimiento ni condiciones ambientales estrictas para su conservación.
Pruebas de envejecimiento acelerado sugieren que la información podría resistir 10,000 años a 290 °C y multiplicar esa durabilidad a temperatura ambiente. “Lo bueno del cristal es que, una vez escrito, es inmutable”, explica Richard Black, informático en Microsoft Research y líder del proyecto. “Ya acabaste”.
Recibe en tu correo lo más relevante sobre innovación e inteligencia artificial con el newsletter de WIRED en español.ArrowLa lectura del contenido, no obstante, exige recursos especializados. Se requiere un microscopio capaz de detectar cómo cambia la luz al atravesar cada una de estas diminutas marcas. Además, el equipo desarrolló algoritmos de aprendizaje automático para identificar correctamente los datos incluso cuando están distribuidos en hasta 300 capas superpuestas dentro de una misma pieza de vidrio, lo que reduce el “ruido” óptico entre capas adyacentes. A estas limitaciones se suma la imposibilidad de reescritura en el sistema.
Por ello, la tecnología no está concebida para consultas frecuentes. Su aplicación ideal, según los autores, sería la preservación de archivos a largo plazo, como datos científicos, registros históricos, patrimonio cultural o copias de seguridad ante desastres.