Es un sistema en un chip (SoC). La arquitectura supone que los componentes necesarios para que funcione, como CPU, controladores, aceleradores y periféricos, están incluidos en la lámina. Los SoC han demostrado ser eficientes en teléfonos, tablets y computadoras. Ahora es tiempo de que salgan al espacio, a cientos de miles de kilómetros de la Tierra.
Microchip Technology también adelantó que estará disponible para gobiernos y sectores comerciales. Su uso no se limita a dirigir naves; técnicamente puede guiar sondas, vehículos de aterrizaje, rovers, hábitats e incluso telescopios espaciales como el James Webb.
Las pruebas
El principal enemigo de un microprocesador en el espacio es la radiación, partículas energéticas que atraviesan el silicio, alteran bits o provocan fallos críticos como eventos de sobrecorriente capaces de destruir el chip. Mientras las misiones se mantienen cerca de la Tierra, la magnetosfera actúa como escudo protector; pero a medida que se alejan, el riesgo aumenta.
Desde febrero, la NASA ejecuta pruebas que simulan estos entornos extremos sobre su nuevo procesador. No solo debe “sobrevivir” a la radiación o a los cambios bruscos de temperatura, también necesita operar al rendimiento esperado. Por ahora, los expertos de la agencia se muestran optimistas. En pruebas tempranas, el HPSC ha llegado a rendir hasta 500 veces más que los procesadores espaciales actuales, según la propia NASA. Incluso lograron enviar un mensaje de prueba desde el hardware: un simbólico “Hello, Universe”.
Todavía quedan algunos meses de ensayos, pero todo indica que la llegada de los chips espaciales de nueva generación es inminente. Si el HPSC cumple lo que promete, marcará un punto y aparte en las misiones espaciales. Las naves dejarán de depender de procesadores equivalentes a laptops de hace dos décadas y podrán tomar decisiones complejas sin esperar instrucciones desde la Tierra.