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Albert Boadella mezcla su mirada lúcida y crítica con la de Cervantes en la adaptación de 'El retablo de las maravillas'. De San Bernardo Albert Boadella, sobre su primera actuación en Málaga: «Me caí del escenario»El fundador de Els Joglars abre este viernes el Festival de Teatro con el estreno en España de la nueva versión de 'El retablo de las maravillas', un montaje que también celebra los 65 años de la incombustible compañía
Málaga
Jueves, 8 de enero 2026, 00:07
... ya no tiene la vitalidad para ensayar tanto como antes, pero Albert Boadella sigue teniendo cosas que decir, así que lo de jubilación no pasa por su cabeza. Ni por la de su compañía, Els Joglars, que celebra sus 65 años subiéndose a las tablas con la intención de seguir criticando nuestra sociedad desde el humor. Con esa intención actualiza el clásico de Miguel Cervantes 'El retablo de las maravillas', que alerta desde la sátira de los «embustes de cada día». Convertida también en un clásico imprescindible, la compañía catalana abre este viernes el Festival de Teatro en el Cervantes, donde el propio Boadella y el actor Ramón Fontseré también recibirán el premio de esta edición del certamen. Irónico, ágil y burlón en la entrevista, el director teatral recuerda aquella vez en Málaga en la que se hizo un 'sabinazo' desde el escenario.-Ahora le entregan el premio del Festival de Teatro, eso compensa aquel traspiés…
-La verdad es que Andalucía es seguramente la zona de España en la que Els Joglars ha actuado más y creo que hay una razón. Para nosotros la sátira es fundamental y, claro, a los andaluces nadie les puede enseñar sentido del humor. Así que tras tantos años, feliz por el premio.
-¿Después de 65 años cómo se afronta un estreno?
-Siempre hay cierta inquietud. Los espectadores ya no son los mismos que cuando empecé y lo difícil para un artista es conectar con el público de este momento. Tengo 82 años y me tengo que comunicar con un público que, en general, pertenece a generaciones más jóvenes que la mía. Y el reto es captar lo que interesa, impresiona, divierte o enfada a estas nuevas generaciones.
«En nuestro tiempo, la venta de embustes se ha convertido en el pan nuestro de cada día»
-¿Y por qué les va a interesar 'El retablo de las maravillas'?
-Porque es un clásico que, como algunas obras escritas hace más de 2.000 y pico de años en Grecia, aborda mitos que siguen siendo válidos en la actualidad. El de esta función lo llamaríamos la difusión de la nada, es decir, la promoción de los embustes. Debido a la gran expansión de los medios escritos, visuales y sonoros de nuestro tiempo, la venta de embustes se ha convertido en el pan nuestro de cada día. Por tanto, Cervantes y su 'retablo' está más de actualidad que nunca.
-¿Los políticos son los que más mienten?
-Els Joglars ha observado siempre su entorno social, humano y político. Y, obviamente, nuestros montajes siempre han causado polémica porque a una parte de la sociedad no le ha gustado. No hay que olvidar que en el año 77 nos sometieron a un consejo de guerra y fuimos a la cárcel por una obra. No hay que olvidar que en el año 85 y 86 tuvimos procesos y atentados a la compañía. Obviamente, siempre ha habido gente poderosa a la que no le gustaba lo que hacíamos. Y esto sigue siendo igual. Lo que pasa es que ahora estamos en una sociedad con una piel muy gruesa. Toleramos cosas que seguramente hace 50 años hubiéramos pasado con más cabreo. Ahora vemos actitudes del poder que me parecen escandalosas que pasan con cierta indiferencia para el conjunto de la sociedad, ya que la gente se cabrea en su casa, pero no se atreve a decir nada.
«No me fío de los púlpitos indiscutibles. Por tanto, mi consejo es la desconfianza»
-¿Tenemos ahora la peor clase política o eso es algo que siempre piensa cada generación?
-Eso forma parte de la naturaleza humana. El engaño siempre está presente en la sociedad. Lo que sucede es que, en este momento, los medios para engañar son muy sofisticados. Y hay gente que, con mucha facilidad, no pasa por un filtro crítico estas cosas y se lo traga tranquilamente. Seguramente eso no sucedía hace 500 años, cuando engañar era un poco más complicado. Engañaban con un palo detrás y, si no te lo creías, te pegaban con el palo. Ahora no es necesario ni el palo, ahora la gente cree cosas sin ninguna coacción, cosas que son realmente increíbles. Y estamos llenos de tabús. Yo siempre digo que en la época de Franco habían unos tabús que eran intocables y que te costaba caro si los tocabas, como la religión, el régimen o cuestiones de sexo. Había cuatro tabús, pero ahora hay muchos más. Haces una sátira sobre una cuestión femenina y te salta encima el mundo femenista. Defiendes los toros y tienes a todos los animalistas llamándote asesino. Hay cantidad de tabús que el mundo progre ha ido construyendo y esto es lo que aprovecho en el 'Retablo' para reflexionar sobre el arte, la política y la religión.
Ampliar Albert Boadella y Ramón Fontseré, en la presentación de la obra hace unas semanas en el Teatro Cervantes. Pedro J. Quero-¿Las redes sociales son campo abonado para mentiras y tabús?
-Las redes tienen aspectos positivos como la facilidad de la comunicación, pero su contrapartida es la facilidad de engañar. Y es un instrumento muy peligroso por un hecho esencial ya que el que dice una cosa no tiene que identificarse. Y el anonimato de las redes sociales fomenta las insidias, las mentiras y los aspectos más bajos del ser humano. Si todo el mundo se identificara, nuestras redes sociales seguramente tendrían un lado mucho más positivo.
-¿Y el antídoto es la frase central de este montaje de Cervantes: «Ver despacio lo que pasa apriesa?
-Sí, el antidoto es pensar, no simplemente mirar. No basta con observar. Cuando te dicen una cosa, es bueno cierta desconfianza. Siempre que leo algo importante, lo compruebo por otros canales. No me fío de los púlpitos indiscutibles. Por tanto, mi consejo es la desconfianza. Yo soy un gran desconfiado, a veces en exceso, como dice mi mujer.
-Uno de los aspectos que trata en 'El retablo de las maravillas' es el de la religiosidad. Tras una época de pérdida de influencia del cristianismo, ahora hay un revival que se está viendo en películas como 'Los Domingos' o la puesta en escena de Rosalía.
-Mi generación y la siguiente vivió bajó una moral de tradición cristiana. Eso ha desaparecido en parte y ya la gente no tiene unos límites morales demasiado precisos. Lo que ha sucedido es que la gente sigue teniendo el instinto religioso, porque ese impulso pertenece al propio ser humano, y se enganchan a las religiones laicas. Es decir, se vuelven fanáticos del cambio climático o de otras cosas, que las toman como auténticas religiones. Y pienso que, para eso, más vale la conocida. La que teníamos. Por lo menos era poética. Ahí, está la Trinidad, el Espíritu Santo o el ángel de la guarda. Tiene cierta poesía frente a las de ahora que son puramente materiales y eso es algo que nosotros, en cierta medida, satirizamos en la obra.
-¿Cuál es el secreto para estar 65 años en las tablas?
-Bueno, lo complicado de una compañía es aguantar los diez primeros años. Después hay una cosa que es la tradición. Es decir, se crea toda una escuela de actuación dentro de la misma compañía que se va pasando de unos a otros. Evidentemente, Els Joglars no es la misma compañía que hace 65 años, pero los que van llegando encuentran una pasión por el trabajo bien hecho. Y como hacen los futbolistas, nuestro sistema es el de una concentración ya que tenemos una sede cerca de los Pirineos, en la parte norte de Cataluña y preparamos una obra pasando muchas horas juntos. Es un trabajo muy artesanal y comunicativo. No estamos en una gran ciudad, sino que es una especie de convento sin votos de castidad. Hombre, voto de obediencia a la dirección sí que lo hay. Y el de pobreza yo diría que es obligado porque el teatro siempre anda muy pobre. Pero en fin, bromas aparte, es una forma de trabajo que ha dado muchísimos resultados y los que participan siempre dicen que han sido muy felices con esta manera de ensayar.
«Mientras tenga alguna cosa que decir, pues aquí estoy yo. Y también es bueno escuchar, como en la antigüedad, la voz de los ancianos, que en este momento no tiene ningún prestigio»
-Vamos, que 65 años no es sinónimo de jubilación para la compañía.
-Un artista tiene que jubilarse cuando no tiene nada que decir. El teatro tiene un problema para un actor, pues tiene unos límites físicos, eso es evidente. En mi caso soy el director y, ciertamente, me canso más que hace 20 años y no puedo ensayar la cantidad de horas que antes lo hacía. Esto es así y, posiblemente, cada vez irá a peor, pero mientras tenga alguna cosa que decir, pues aquí estoy yo. Y yo creo que también es bueno escuchar, como en la antigüedad, la voz de los ancianos, que en este momento no tiene ningún prestigio.
-En la anterior obra sobre Juan Carlos I se les achacó una mirada demasiado comprensiva con el personaje. ¿Cómo llevan las críticas?
-La crítica nos ha dicho de todo, tanto bueno como malo. Nos han elogiado y nos han maldecido. Sobre Juan Carlos pensamos que lo que va a quedar por encima de todo es que fue el hombre que pasó de ser un rey absoluto a un rey limitado por una Constitución. Por lo tanto, llevó la democracia a España y esto es lo que pasará a la historia. Todas sus veleidades, sus obsesiones femeninas y económicas, quedarán en la letra pequeña, porque lo importante fue lo otro. Los que hemos vivido bajo la dictadura sabemos qué significa este paso. Entiendo que hay generaciones que no lo han vivido y pueden decir que dejamos muy bien a este señor. Al fin y al cabo, que le gusten las mujeres, pues eso es esencial en un rey porque básicamente está hecho para la procreación, porque si no, se acaba la monarquía. Por lo tanto, que le guste mucho follar por esos mundos, pues parece que hay que perdonárselo a un rey. Que se apropie del dinero público, eso ya tiene menos gracia. Que se haya querido cobrar el esfuerzo no me parece correcto y eso en la obra estaba perfectamente reflejado. O sea, que no le perdonamos ciertas cosas, pero sí que entendemos al personaje con una mirada amplia sobre la historia.
Juicio a Jordi Puyol por corrupción«'Ubú president' sería un caso de premonición total, aunque también nos quedamos cortos»
-Hace poco vimos declarar a Jordi Puyol por videoconferencia sobre la presunta corrupción de su gran familia. ¿'Ubú president' fue premonitoria?
-Absolutamente. En la obra había maletines que iban para arriba y para abajo, que se abrían y estaban llenos de billetes. El primer 'Ubú' se hizo en el año 81, imagínate si ya si era premonitoria la situación. La verdad es que conocía al personaje, pero me arriesgué a decirlo en aquel momento. Sería un caso de premonición total, aunque también nos quedamos cortos, como siempre.
-¿Qué político se merecería hoy día un 'Ubú'?.
-Muchísimos. La política ha dejado de lado la dignidad o el servicio público para convertirse en un juego de intereses personales con unas formas absolutamente intolerables, completamente burdas. Una política de ataque constante y maleducado, que es repugnante. Eso, lamentablemente, va a más y uno no sabe cómo vamos a acabar. No digo que sea el cien por cien, porque conozco gente que trabaja magníficamente en la política y en los ayuntamientos que se sacrifican de una forma extraordinaria, pero los políticos más importantes dan un espectáculo lamentable.
-Entre Sánchez y Trump, ¿cuál retrataría?
-Hombre, a Trump lo veo en una obra tipo 'far west', sobre la América profunda y sin cortapisas. El problema de Sánchez es otro: la amoralidad, tanto que no existe ni la ideología. Es un político que te puede salir por cualquier parte. Está en el PSOE, pero podría estar en el PP o en VOX. Es un político que solamente se mira a sí mismo y este es el lado que, en una obra, sería lo más interesante. La endogamia de una persona que todo lo pasa por su propio filtro, hasta su propia mujer. Es un caso muy insólito, porque pertenece a esa gente que hoy te puede decir una cosa y mañana te dice la contraria. Por eso hay mucha gente que le vota, porque en el fondo se sienten identificados con esta concepción de la vida de no me caso con nada. Es un personaje interesante y me extraña que ningún dramaturgo haya hecho una obra sobre él y la amoralidad.
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