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Almería recibe la marcha de la Desbandá con claveles rojos y aplausos

Almería recibe la marcha de la Desbandá con claveles rojos y aplausos
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Madrileños, gallegos, murcianos... acompañan a hijos y nietos de las víctimas y anudan el pasado con el presente en un paisaje en el que convivían banderas republicanas con las de Palestina

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Llegada de la marcha de la Desbandá al puerto de Almería, este sábado, 14 de febrero. SUR Almería recibe la marcha de la Desbandá con claveles rojos y aplausos

Madrileños, gallegos, murcianos... acompañan a hijos y nietos de las víctimas y anudan el pasado con el presente en un paisaje en el que convivían banderas republicanas con las de Palestina

Cristina Vallejo

Almería

Sábado, 14 de febrero 2026, 16:36

... sábado no han podido sumarse a la última de las diez etapas de la marcha en memoria de la Desbandá que este año cumple su décima edición, aguardan sentados al sol. «Están ya a punto de llegar», se escucha decir. Entre esas personas que esperan está Concha González, de Málaga, pero de vacaciones en Almería. No podía faltar a esta cita que se desarrolla a un paso del monumento a las víctimas del campo de concentración de Mauthausen porque su familia estuvo entre las que emprendieron esa 'huía' («en Málaga siempre se le llamó así, no Desbandá», aclara González, arquéologa de profesión). «Por esa carretera fueron mi bisabuela con sus hijas solteras y la casada que llevaba a mi madre en brazos. Salieron de su casa de la calle Tomás Heredia, que era donde vivían. Mi bisabuela se quedó viuda y pusieron un taller de costura con el que se mantenían. Cosían para las señoritas de El Limonar. A mí la historia me llega a cuentagotas, a retazos», recuerda Concha González, que añade: «Los genocidios que vemos ahora... pues esto es igual». Concha González y su amiga, las dos, portan banderas republicanas y kufiyas palestinas. Será la tónica dominante del día: la comunión del pasado con el presente, la Desbandá y Gaza, la 'huía' y la nueva amenaza ultra contemporánea.

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Tres autobuses de 'Yayoflautas' de Murcia tampoco han querido perderse la última etapa de la marcha y por eso están este sábado en Almería. La mayoría están caminando. Los que no están para andar tantos kilómetros -son veinte por etapa- aguardan al sol: «Es una injusticia que la gente se olvide de este episodio y que haya muchas personas que no sepan lo que sucedió aquí», reflexionan.

Pasada la una de la tarde, la música en vivo sustituye a la enlatada. El 'Caminante no hay camino', el poema de Antonio Machado versionado por Joan Manuel Serrat en la voz de una mujer que canta y que también toca la guitarra, sustituye al 'Ay, Carmela' enlatado que antes sonaba por los altavoces. Es el anuncio de que la marcha en memoria de la Desbandá llega. Van a buen paso. Quienes los esperaban los reciben con aplausos y los claveles rojos que después se depositarían ante el monumento a las víctimas del campo nazi de Mauthausen.

Una joven de 25 años: «Me emociona haber conocido la historia de primera mano de gente que iba en brazos en la Desbandá»

La marcha está formada por alrededor de 500 personas. No todas la han recorrido entera: partió hace diez días de la Alcazabilla malagueña y ha habido etapas que han sido en autobús por las inclemencias del tiempo. Irene Martínez Gálvez, almeriense de 25 años, ha participado apenas en la última etapa. Seguramente sea de las más jóvenes. Porque es algo que por las fechas parece más apto para los mayores, sobre todo jubilados. Aunque ella también lamenta que entre la juventud el de la 'huía' o 'Desbandá' no sea un acontecimiento histórico muy conocido. Irene se siente privilegiada por haber podido hablar con «camaradas» de otros lugares de España y, sobre todo, le emociona haber tenido acceso a la historia en primera persona, haber podido hablar con hijos y nietos de las víctimas, de la población civil que mientras huía era bombardeada desde el mar.

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Así que nos presenta a Emilio Riado, nieto de Josefa Alarcón Montero, cuyo nombre está escrito en la pancarta que encabeza la marcha en homenaje a las mujeres víctimas de la Desbandá. Reproduce las mismas historias que tantos: un bisabuelo de 89 años que murió por el camino, el relato transmitido de un bebé amarrado al pecho de su madre muerta, el silencio a continuación durante años entre las víctimas y los testigos. O el trauma que toda la vida sufrió la abuela de Inmaculada González: «Nosotros ahora queremos recordar, pero ellos querían olvidar. Mi abuela vivió siempre con miedo en el cuerpo y revivía lo que sufrió en la carretera de Almería en las pesadillas que sufría».

«La Desbandá aspira a medalla entre las peores historias que he escuchado; no de la Guerra Civil, no de España, de todas»

Un amigo de Inmaculada González, Antonio Juárez, ha venido desde Madrid para participar en la marcha, que ha realizado íntegramente, de principio a fin, para lo que ha pedido vacaciones en su trabajo y contribuir así a que «no se olvide la historia». También ha participado en la «marcha integral» (así se llama completar las diez etapas entre Málaga y Almería) Moncho Leal, que viene desde la otra punta de la península, desde O Rosal (Pontevedra): «En Galicia no hubo guerra, pero hubo represión y resistencia durante décadas», relata, para luego sentenciar: «La Desbandá aspira a medalla entre las peores historias que he escuchado; no de la Guerra Civil, no de España, de todas. Y yo soy antifascista por la misma razón por la que respiro, para sobrevivir». Moncho Leal destaca que llevaba mucho tiempo queriendo hacer el camino entre Málaga y Almería y que por fin ha podido ahora que está jubilado. Le encanta el ambiente que se crea: «Somos mucha gente y surgen unas conversaciones extraordinarias. Todos tienen una historia de lucha impresionante. La historia con mayúscula la escriben los vencedores. El pueblo tenemos que preservar nuestra intrahistoria». Parece que el encuentro alimenta esa historia oral cada vez más tenida en cuenta por la Historia con mayúsculas. A Moncho Leal lo acompaña Manuel Calvo, madrileño y residente en La Viñuela: «Siempre he sido una persona muy politizada, pero supe de la Desbandá cuando tenía 55 años por un amigo uruguayo. Son cosas que se han ocultado muchos años», reflexiona.

En el paisaje las banderas republicanas se confundían con las palestinas y las camisetas de la Desbandá combinaban con las kufiyas, y además en los testimonios y en los lemas que coreaban los asistentes («fascismo, nunca más») se entrelazaban el pasado con el presente y el futuro. También en el escenario, donde realizó su intervención Amparo Sánchez Monroy, que cruzó los Pirineos en los brazos de su madre en 1939 para dar con sus huesos en un campo de concentración, o Marta Martín, del Partido de la Izquierda Europea, que afirmó: «La Desbandá nos recuerda qué ocurre cuando el fascismo y la deshumanización se normalizan. Nos recuerda qué sucede cuando la comunidad internacional mira hacia otro lado. Nos recuerda el coste humano del odio convertido en política de Estado. Hoy, ante discursos que banalizan el franquismo, afirmamos con serenidad y firmeza: sin antifascismo no hay democracia y sin memoria no hay futuro».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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